



No es lo mismo recechar un rebeco que un venado, ni hacerlo en montaña, donde los disparos suelen ser largos, o en bosque, donde se suele disparar a distancias más cortas porque la posibilidad de realizar tiros s a grandes distancias se reduce drásticamente.
En la elección del rifle hemos de tener en cuenta las muchas horas que podremos estar andando. Así, ligereza, manejabilidad y precisión serán las características que tendremos que buscar para hacernos con el arma ideal, de manera que no se convierta en obstáculo para la consecución de nuestra meta. Nunca debemos acudir a un rececho sin estar plenamente familiarizados con el funcionamiento de nuestro rifle, por lo que pedir armas prestadas no suele dar buen resultado. Lo ideal es disparar con el que estemos más habituados durante toda la temporada de caza.
Hoy en día, prácticamente todos los fabricantes tienen rifles con culatas sintéticas. Este tipo de culatas tiene dos ventajas sobre las tradicionales de madera, la primera es que son bastante más ligeras y la segunda es que son indeformables ante las inclemencias meteorológicas, por lo que por mucho frío o calor, agua o nieve, nunca llegarán a deformarse, lo cual es una ventaja, pues el punto de impacto tampoco tendrá variaciones. Pero no todo son ventajas, y como inconveniente diré lo poco atractivos que son estos rifles. La belleza que da a un rifle una buena madera veteada no tiene punto de comparación.
Son varios los tipos de rifles que hay en el mercado, pero mayoritariamente el más utilizado en los recechos es el de cerrojo, ya que por su gran precisión y funcionalidad es, con mucho, el arma más utilizada en este tipo de caza. Su amplia gama de modelos y calibres hacen que para cada animal que intentemos abatir exista un amplio abanico de posibilidades, permitiéndonos elegir aquél que mejor se acople a nuestras necesidades y posibilidades económicas, existiendo modelos para todos los gustos y bolsillos.
El rifle monotiro, muy utilizado en países con una gran tradición en los recechos, como son los centroeuropeos, ve cómo en los últimos tiempos va aumentando poco a poco el número de adeptos. Intrínsecamente, es el arma ideal para los recechos, dado su reducido peso y tamaño, por lo que su manejo es muy cómodo y se agradece en una larga caminata. Para muchos cazadores el hecho de que no se pueda secundar el tiro rápidamente, a no ser que sea un experto en introducir una nueva bala, es un defecto que hace que lo desechen. Pero la verdad es que en un rececho, en el noventa por ciento de las ocasiones tan sólo tenemos oportunidad de disparar una única vez y en el caso de que podamos repetir tiro, por lo general no se realiza inmediatamente, por lo que nos daría tiempo de recargar el monotiro.
El rifle se debe encarar perfectamente sin que tengamos que hacer esfuerzos para alcanzar el gatillo o ver a través del visor. El montaje de la óptica ha de ser perfecto, lo más bajo posible e intentando no superar los cuatro centímetros sobre el cañón. La distancia entre el visor y el ojo para una persona normal, de 1,75 metros, es de ocho centímetros, siendo esta distancia mayor o menor en función de la altura de cada uno.
El gatillo ha de tener una salida limpia y controlable, sea con pelo o sin él, no debiendo tener nunca un recorrido demasiado largo. El pelo, una vez acostumbrados a él y para tiros a larga distancia, es un elemento que para muchos cazadores es fundamental, sin embargo para otros, tal vez menos experimentados, puede resultar lioso y perjudicial.
El rifle en los recechos ha de tener siempre correa, pues con ella nos será mucho más cómodo llevarlo en las largas jornadas y caminatas que un rececho puede suponer. Tanto en las subidas como en las bajadas, llevar las manos libres nos permitirá mantener un mejor equilibrio, posibilitándonos en caso de necesidad apoyarnos o agarrarnos, salvando así muchas ocasiones comprometidas. Además, eso nos permitirá el manejo de otros accesorios fundamentales, como una vara o los prismáticos.
(Texto: Alberto Aníbal-Álvarez. Fotos: Archivo).









