



A veces parece que es mucho mejor aunar el trabajo de dos o tres podencos andaluces, otras que será mucho mejor el trabajo de un equipo de manetos e, incluso, hay quien, para intentar compensar, los mezcla en la recova.
Y por ello lo primero es dejar bien claro que ninguno es mejor que otro. Todo depende del entorno y de las circunstancias, de los conejos y del propio cazador. Eso sí, encontramos algunas diferencias operativas que merece la pena destacar y diferenciar.
Así, y casi por sistema, el podenco andaluz (hablaremos de forma generalizada de tallas media y chica continuamente) es más rápido que el maneto, controla mejor ciertos escenarios como el monte medio con claros, y suele rendir mejor en cotos donde hay que moverse mucho para llegar a herrizas distantes, cañadas alejadas, etc.
Si debemos cubrir mucho terreno en relativamente poco tiempo, el podenco andaluz bate con más rendimiento, aunque a veces no con mayores resultados. Ojo, que estamos comparando a dos razas de sobresaliente. El podenco andaluz es muy polivalente, mientras que el maneto está muy especializado. Pero en el caso de cazar de forma intensa el conejo ahora en verano y luego, en la general, salir al salto a por de todo un poco y por diferentes terrenos, seguramente el podenco nos dará más alegrías.
Por su parte, el maneto no encierra habitualmente a los conejos, y ésta es una ventaja que hay que considerar por su importancia, ya que el maneto suele ajustarse mejor al ritmo del cazador que repasa bien el cazadero y registra en profundidad los apretados y los espesos rodales. Que no nos equivoque el largo de sus cortas patas, ya que se mueve divinamente y pone el cazadero patas arriba...
Los manetos suelen cantar bien los rastros (los podencos también, pero me refiero a ir anunciando el conejo con bastante margen, el podenco aprieta más el ritmo). Esto último nos viene divino en verano, pues el conejo va atento a los perros, que lo siguen sin empujarlo de forma extrema, por lo que salen a los claros o nos entran sin resabios, y esta es una notable ventaja para hacer percha donde otros cazadores ni ven los conejos.
Por fortuna, cada temporada tenemos a nuestro alcance mejores manetos; raza bastante confidencial hasta hace muy pocos años. Esto puede parecer una tontería, pues estamos acostumbrados a todo lo contrario: a que las razas vayan a peor por diferentes motivos. Pero en el momento actual, contamos con líneas maneteras estables y bien diferenciadas, según sus características singulares, lo que favorece que cada cazador pueda contar con dos o tres manetos que van a alegrarle la vista y la percha en cada salida al campo.
Perro de cazadores que gustan del trabajo cercano de sus perros, saber dónde están, poder tirar sin que los perros aprieten al conejo, cazar arroyos y manchones principalmente, alternando luego en la general con monte apretado donde el conejo se encierra rápido. Sin duda alguna, y aunque hay casos a considerar dentro de estas generalidades, el maneto es la mejor elección.
Debemos diferenciar la caza de otoño de la caza que ahora vamos a realizar en pleno verano, bajo el prisma de los encames y disposición de los conejos. De todos es sabido que en cotos muy cazados en verano, la temporada general se complica, a no ser que exista una densidad altísima de rabicortos, ya que los conejos se resabian enseguida. Después de estar perreados durante varias semanas, en octubre es llegar al campo, cerrar el portón del coche, y ya se encierran...
Quienes cazan con sus podencos y manetos en terreno de monte han de saber que siempre lo mejor es acudir a la dificultad aparente para sacar buen partido del trabajo de sus perros, y esto implica cazar con calor, justo cuando ya nadie va de acá para allá para intentar tirar a unos cuantos conejos. Y es que los cazadores de escopeta y perro sabemos que cuánto más temprano salgamos a cazar con nuestros perros, más conejos encerraremos sin poder tirar.
Entrar en un manchón o ladera nada más despuntar el día es apostar por ver algún conejo gazapeando lejos, por asistir a alguna carrera de los perros tras un conejo, y por pocos lances. El ruido y el empuje de los perros (ya sean levantadores o de muestra) encerrará a los conejos, que de no ser molestados tan temprano, aguantarán hasta que el calor agobie, y después se encamarán en las metas mejor dispuestas respecto al airecillo, que les permitirá aguantar allí todo el día.
Así sí podemos cazar -y bien- conejos con nuestros perros. Y en esta dinámica, en la que exceden igualmente los perros de muestra en las zonas de atochas y lindes de monte y labor, los podencos andaluces y los manetos van a dejar claro cómo se caza en condiciones adversas y cómo se logra hacer buena percha, sin resabiar a los conejos del coto, y favoreciendo que en las próximas jornadas sigamos teniendo conejos a tiro.
La dinámica es similar a la de postura que practicamos en la general, con la diferencia de que –insisto- estas fechas son más propicias para los perros de mateo o levante que para los punteros. Pensemos que un puntero, a menudo, arrastra en su empuje a otros perros que lo secundan, y en verano interesa perros de mucho trabajo cerca, poca lengua y total cohesión con la escopeta, dejando a los que más terreno batan y más insistencia muestren con los rastros para las cacerías del otoño, donde deberán poner en valor su trabajo con los conejos ya perreados.
Busquemos zonas con claros y desniveles y, sobre ellas, los rodales de mata en los que el vientecillo provoca algún frescor, situándonos nosotros de forma que los levantes sean propicios para el disparo. No insistamos en el claro, sino en la salida estimada de los conejos previsiblemente encamados en tal o cual mata. En estas fechas, el conejo aguanta mucho con calor y sale finalmente por donde menos lo esperamos. Ahora, o bien sale como un tapón buscando el encerradero cercano, o bien sale por la zona más apretada, por donde nunca esperamos tirarlo. Así que, atención extrema.
De la mitad peninsular hacia abajo, y sobre todo en Andalucía, cada temporada es más habitual dar algunas cacerías para entresacar conejos de los campos de cultivo donde están aquerenciados y donde provocan cuantiosos daños, en unos casos, o encuentran refugio para salir a comer en los aledaños, caso habitual en los campos de girasol.
Con una parcela más o menos extensa de girasoles cerca de unos terrenos de pasto, de un arroyo o de unos manchones, ya tenemos el festival conejero preparado. Parece mentira que este cultivo encierre tantos conejos, ya que pensemos que, desde que comienzan a crecer las cañas y hasta que las tortas están ya secándose, llegan a convivir hasta dos camadas diferentes de conejos con los ejemplares adultos.
Las batidas se organizan de forma que las escopetas se colocan en la salida de la parcela hacia los escapes habituales y esperados de los conejos (taludes, cortados, baldíos, grandes majanos, arroyos, manchones, etc.), y por la cara contraria entra un cazador con la recovilla de podencos, algo que en función de cómo se enfoque, provoca un tiroteo cadencioso y aprovechable para disminuir la población excesiva de conejos; o una algarabía y revuelo, tal que provoca una estampida conejera que vaciará el campo de pipas en pocos minutos.
Conociendo cómo cazan estos perros, para cazar una parcela de mediano tamaño, bastarán tres o cuatro perros para ir empujando conejos a ritmo aprovechable para la escopeta. Se requiere combinar el equipo tan sólo con perros de levante y dejar en casa a los punteros, ya que aquí no aportan gran cosa y sí desbaratan el ritmo cadencioso de levante necesario.
Quien se especializa en estas cacerías porque su coto es más de conejos en verano que en otoño debe decantarse por ejemplares de talla chica. Éstos son más escurridizos y dinámicos entre las cañas, muy trabajadores y no fuerzan al máximo a las piezas levantadas salvo ejemplares de rastro demasiado largo y que se encabezonen. Aquí los podencos levantadores puros, con cierta tendencia a seguir el levante sin apurarlo, son los mejores.
No se tiran los conejos que vienen con los podencos detrás. La percha se hace a base de estar atentos y de tirar a los ejemplares más escurridizos; los que se mueven muy por delante de la entrada de los perros. El cazador que lleva a sus perros (es una equivocación llevar perros de otras personas y que los gobierne un cazador al que no están acostumbrados) debe irlos dirigiendo y esperando en los levantes. Hay que hacer regresar a la recova para que continúen batiendo el campo, sin entrar en una sola línea. Los perros deben moverse en zigzag y despacio, y esto sólo lo puede lograr un buen capitán de recova.
En cazaderos agraciados, el cazador que mueve a sus perros, a menudo, acaba la batida con más conejos colgados en la percha o metidos en el morral que algunos compañeros de escopeta. Y es que sus perros atrapan bastantes a diente (esto pone a los podencos muy en forma para la general, sobre todo, inicia muy bien a los nuevos), y a la par, le ‘arriman’ los que van cobrando tras los disparos de los demás. Eso sí, el perrero no debe llevar escopeta en estas cacerías.
(Texto: Miguel F. Soler. Fotos: Archivo).









