Podencos andaluces: sus 3 tallas

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Echo de menos contemplar aquellos majestuosos podencos ‘quitaores’ que cernían el llano buscando el venteo de la liebre echada por delante del galguero esperando que su podenco le pusiera la liebre en carrera para soltar a los galgos.
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Podencos andaluces.

Cuando el ‘quitaor’ le metía el hocico a la liebre y se producía la suelta de los lebreles, el podenco seguía a los galgos todo lo cerca que podía y se encajaba en la muerte de la liebre antes de que los lebreles pudieran romperla. Le bastaba un ronco gruñido para que los galgos soltaran la rabona, que el podenco portaba majestuoso hasta su dueño, esperando las acostumbradas caricias.

Me contó un viejo cazador de Cuevas de San Marcos (Málaga) que, allá por el final de la década de los cincuenta y principio de los sesenta del pasado siglo, andaba por el pueblo un excelente ‘quitaor’, de nombre “Canalejas”, acostumbrado a cazar con el primer galguero que se lo llevara al campo. El perro portaba las liebres a su ‘dueño’ de aquel día, el que se lo llevaba amarrado hasta el cazadero. Era excelente buscándolas y si, por la largura de la carrera, llegaba tarde a la muerte de la liebre y se la comían los galgos, iba oliendo uno por uno a los lebreles y a todo el que tenía sangre en la boca le daba una soberana paliza, de manera que los escarmentaba para la próxima. Tan bien se aplicaba el podenco en esta faena que, hasta después de su muerte de viejo, los galgos que habían cazado con él aún lo tenían en la memoria y cuando el galguero veía que la liebre había sido atrapada, gritaba con todas sus fuerzas: “¡Canalejas, Canalejas!”, soltando los lebreles de inmediato la liebre muerta.

La talla grande

Tengo para mí que el podenco andaluz de talla grande fue aplicado antes en la labor de ‘quitaor’ que como perro de rehala, siendo estas dos sus utilidades principales. Cuando en el ‘Tratado de Montería’ (S. XV) se habla, como germen de lo que sería la actual rehala, de juntar perros ventores, fundamentalmente procedentes de las recovas conejeras, creo que se refería más a los ‘quitaores’ lebreros que a los puramente conejeros, de mucha menor talla que los que aparecen en los grabados de las más antiguas rehalas.

El podenco ‘quitaor’ no sólo debía ser un buen levantador, sino que también, cuando la liebre se refugiaba en un perdedero de monte y la perdían los galgos, el podenco debía aplicarse en su rastro para sacarla otra vez a lo limpio, donde la retomaran los galgos.

De las primeras rehalas andaluzas de las que se tiene constancia escrita y gráfica, de finales del siglo XIX y principios del XX, también cuentan sus dueños y perreros que se acercaban a los pueblos de la campiña a comprar los mejores ‘quitaores’ a los galgueros, para encuadrarlos como perros buscas en sus rehalas.

De la utilidad del podenco de talla grande, o atravesados de éste con mastín, en las más prestigiosas rehalas ya hemos escrito en un artículo anterior. Poco que decir en su favor, siendo actualmente, por ejemplo, de los siete mil quinientos canes censados en Córdoba, el setenta y cinco por ciento podencos puros y el resto, la mayor parte, atravesados de podenco y mastín.

Sin embargo, y debido a la tendencia actual de los galgueros a realizar una caza más social y menos solitaria, donde la amplia mano de trailleros y caballistas basta para levantar la liebre por delante y la carrera del caballo para llegar a la muerte de la misma, casi simultánea con los galgos, el podenco ‘quitaor’, con su majestuoso rabeo cola en alto, está desapareciendo de nuestras llanuras. Una verdadera lástima.

No es muy recomendable el podenco de talla grande en las recovas conejeras, cazando con perros de menor talla, pues el carácter algo agresivo con que ha sido seleccionado para las labores antes descritas, junto a su mayor tamaño, puede hacer que tengamos algún disgusto con los demás perros de la recova.

La talla media

Éste es el grupo más polivalente y numeroso de los podencos andaluces, empleándose en la caza menor en todo tipo de cazaderos y tras diferentes piezas. Muchos cazadores piensan que, por su mayor tamaño respecto al de talla chica, es menos eficaz en terrenos muy cerrados como los zarzales. En la práctica no es así y somos mayoría los que preferimos la talla media para zarzas, carrizos y tojales, donde se impone su mayor fuerza y resistencia, tanto para el trabajo como por las condiciones climáticas.

Tampoco influye el tipo de pelo para este menester. Que sean bravos para entrar en la maleza más punzante y en los más inclinados tajos es una cuestión de pasión más que de protección. El pelo duro se da, sin embargo, en las zonas más frías, de sierra, siendo mayoritario el de pelo corto en el resto de enclaves. El podenco andaluz de talla media y pelo largo está en proceso de desaparición. Su mayor inconveniente, sobre todo en la  caza de conejos en verano, es la menor resistencia al calor excesivo y lo que se le pegan los caíllos y otras hierbas adherentes.

Como hemos comentado en otros artículos, existen numerosas líneas de podencos andaluces, unas mejor adaptadas que otras a diferentes cazaderos y maneras de cazar, incluyendo excelentes ejemplares levantadores para la pluma y para el cobro en puesto fijo. El aficionado que se acerca por primera vez a esta raza debe asesorarse muy bien, observar las distintas líneas o castas y tener muy en cuenta su cazadero y pieza preferente antes de adquirir un podenco andaluz.

También se emplean en caza mayor, como perros de busca que se relaten al rastro de las reses. Suelen llegar los primeros al jabalí encamado y su función debe ser latirlo a parado hasta que llega el resto de la rehala, cosa que aprenden rápido en cuanto algún navajero les obsequia con alguna caricia. Si ésta no resulta mortal, ya tendremos un buen perro puntero, por su ligereza y excelente nariz, tanto al venteo como al rastro.

Talla chica y manetos

Están destinados principalmente a su uso en cazaderos muy cerrados y de extensión más reducida, como arroyos y pequeños barrancos, los cuales registran muy bien y a buena velocidad, siendo el podenco de talla chica más rápido que el maneto. Sin embargo este último, con el cuerpo de un podenco de talla media, aunque de patas cortas, es más fuerte y resistente ante condiciones climáticas adversas y a la hora, por ejemplo, de realizar un cobro largo y cuesta arriba, cosa frecuente en la caza en arroyos.

Su principal ventaja respecto al de talla media es su tamaño, que les permite, además de una mayor facilidad para buscar en zarzas aplastadas, pasando incluso por los túneles de los conejos, vivir y ser transportados en espacios más reducidos. El de talla chica presenta también un menor gasto alimenticio, ya de por sí inferior en los podencos que en otros perros de caza. Como inconvenientes, además de la dificultad para cobros complicados como el mencionado anteriormente, o en el caso de una liebre, el podenco de talla chica es algo más sensible al frío y a la humedad, mermándole algo las jornadas largas en esos ambientes. También, en cazaderos muy amplios, como grandes extensiones de monte, su recorrido es menor que el de los de talla media.

Como sabemos, en manetos sólo está admitido el pelo corto. En podencos de talla chica son muy escasos los ejemplares existentes de pelo duro y prácticamente extinta la variedad de pelo largo, al contrario que en los podencos portugueses. Sin duda influyen en esta circunstancia las preferencias de los cazadores hispanos que usan esta talla, ya que al ser fundamentalmente terreno seco su área de distribución y su empleo en arroyos y cauces con hierbas adherentes, han hecho disminuir estas variedades hasta niveles al borde de la extinción.

(Texto: Manuel Pedrosa. www.elpodenquero.com. Fotos: Archivo).

 


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