Perros: aprendizaje ambiental

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Como en cualquier disciplina, en el aprendizaje ambiental es necesario manejar unos conceptos específicos, de uso frecuente, para comprender su importancia dentro del adiestramiento. De este asunto nos ocupamos hoy.
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Arriba dos pointers a la carrera tras un conejo, abajo un bretón cobrando una perdiz.

Aprendizaje latente

Es el aprendizaje que el perro experimenta en ausencia de toda incitación explícita por parte del educador, por ejemplo, sin refuerzo alguno, premio o castigo o de toda motivación extrínseca.

El aprendizaje latente obedece a una motivación intrínseca del cachorro y resulta en un comportamiento derivado de la interacción espontánea con el medio. Esto ocurre especialmente en las primeras etapas del desarrollo en combinación con conductas instintivas de supervivencia y en preeminencias de las actividades preceptúales y motrices. Es el fenómeno que Paulov describió como “condicionamiento sensorio-motor”. Así el cachorro desde los primeros días de vida establece los esquemas de acción básicos como son la asimilación, la coordinación, la discriminación, la acomodación, la locomoción, la imitación, la comunicación, la afectividad, etc. Todos estos campos de la conducta están en principio activados por el instinto pero necesitan del aprendizaje espontáneo para perfeccionarse.

El mayor enemigo de este aprendizaje natural es el aislamiento que tantos cachorros sufren en perreras ausentes de toda estimulación y carentes de socialización. Este tipo de aprendizaje es asimismo el motor inicial del desarrollo de las capacidades cognitivas innatas del perro, es decir, de su inteligencia, en especial al campo denominado “inteligencia de las situaciones” que permite al animal actuar acorde a cada contexto y situación. Muchos perros inadaptables son la consecuencia de un aprendizaje latente temprano inhibido.

Aprendizaje discriminativo

Es el aprendizaje que atestigua una discriminación que recibe el nombre de respuesta discriminatoria. Este aprendizaje fue postulado por Paulov en el marco del condicionamiento de modo que habló de un estímulo discriminativo (ED) que provoca respuestas condicionadas.

Sin entrar ahora en la teoría pauloviana si conviene al adiestrador tener en cuenta este tipo de aprendizaje en circunstancias ambientales y no de laboratorio, ya que es él el responsable de muchas conductas indeseadas del perro de caza. En ciertas situaciones sociales o de trabajo el perro actúa influenciado por “estímulos paralelos” (acontecimientos, objetos, acciones...) de forma negativa. Por ejemplo, un perro puede negarse a separarse del dueño en el campo en cuanto le es colocado el collar electrónico, otro puede refugiarse bajo el coche ante la sola visión de la escopeta; ambos objetos se han convertido involuntariamente en estímulos discriminativos, paralelos y negativos por una mala introducción y manejo de los mismos por parte del adiestrador.

Apendizaje incidental e intencional

El aprendizaje incidental es aquél que se produce sin que el alumno haya sido advertido de que se encuentra en situación de adiestramiento y sin que haya tomando consciencia de ello. Es un aprendizaje opuesto al aprendizaje intencional durante el cual el animal es claramente consciente de que está en situación de entrenamiento y activa la búsqueda “consignas” procedentes del adiestrador para adecuar sus respuestas.

Un ejemplo claro de ambos tipos de aprendizaje lo encontramos en el adiestramiento de “la obediencia básica”. Por un lado, contamos con el entrenamiento en pista, donde el adiestrador controla al máximo las variables ambientales y el perro adopta una actitud de aprendizaje intencionado. Por otro lado, el entrenador o dueño aplica los ejercicios básicos de obediencia durante la actividad cotidiana y en la caza. Estas últimas situaciones suponen una obediencia incidental donde reforzamos las respuestas sin que el perro sea consciente de ello.

El aprendizaje incidental es fundamental para consolidar el adiestramiento y es durante el cual el perro de caza puede dar valor a lo aprendido en situaciones prácticas artificiales. Otro ejemplo lo encontramos en el entrenamiento de la búsqueda, que iniciaremos con la “cuerda larga” o el “collar electrónico” (aprendizaje intencional) para darle continuación en campo, con el viento de cara, en un terreno óptimo y con caza por delante y con el perro en libertad (aprendizaje incidental). Este último está sujeto a los incidentes y variables del entorno, mientras en el primero las pautas están predeterminadas por el adiestrador.

Aprobación

Es la expresión de evaluación positiva de una acción, o del resultado de una acción dirigida a su autor el perro. La aprobación puede ser verbal o no verbal (mímica, postural, gestual).

Ocupa un lugar importante en las interacciones sociales con el animal y en la dinámica motivacional del aprendizaje ambiental. Aun así la aprobación es algo con demasiada frecuencia ignorada por el educador canino, en especial por personas que basan el adiestramiento en sistemas disciplinario y coercitivos. Los psicólogos hablan de la necesidad de aprobación en las personas, lo que obviamente es extensible a los perros como seres emocionales que evidentemente son, los métodos modernos de adiestramiento más positivos y constructivos han hecho de la aprobación, una herramienta básica para la manipulación sistemática de la conducta a título de refuerzo positivo.

La aprobación es necesaria para afianzar al perro en su conducta cuando ésta es la adecuada, pero también para mantener alta su motivación por aprender, por ensayas respuestas, por mostrar iniciativa y para desarrollar la confianza en sí mismo y con el adiestrador.

La aprobación no debe confundirse con el refuerzo material (comida) o físico (caricias), ya que suscribirse al ámbito del elogio verbal, el tono de voz o comandos llave positivos (¡bien! ¡Eso es! ¡Buen chico!...). También el perro percibe la aprobación por la adopción de posturas y gestos del guía (flexión corporal, arrodillarse, palmeo...) o la desaprobación (erguirse, levantar la palma de la mano, crispar puños...).
La aprobación puede usarse de dos formas y con dos objetivos: la primera, para reforzar una respuesta ya dada (el perro entrega la pieza en la mano, abriendo tras el comando ¡Dame!); y la segunda, para encauzar y mantener una conducta (el perro orienta su marcha hacia el dueño y recibe de forma continuada ¡Bien! ¡Bien! Del dueño hasta contactar con él. Si el animal rompe la orientación al guía recibe la desaprobación en forma de vocalización negativa, ¡Mal! ¡Mal!, o ¡No! ¡No!).

El adiestramiento es un proceso emocional, por lo que no debe limitarse a la aplicación fría de recursos técnicos, sino que la expresividad de tanta emoción debe ser una constante, aunque siempre bajo el control coherente del adiestrador.

Para ciertos adiestradores tradicionales o para ciertos educadores o dueños de temperamento más introvertido la falta de expresividad es una constante negativa. Hay incluso a quien le parecen una ñoñería tales alabanzas y fiestas al perro, pero sin esa espontaneidad perdemos gran parte de la esencia del aprendizaje guiado e intencional y por supuesto del desarrollo del vínculo afectivo con el cachorro.

Acción

Todo proceso por el que un organismo emite un comportamiento es una acción. Una sencilla definición para algo que es en esencia el componente del resultado de todo el adiestramiento y por tanto de compleja consecución.

La acción de caza no es otra cosa que una secuencia de comportamientos coordinados (alerta, búsqueda, localización, rastreo, venteo, muestra, cobro). La noción de acción cobra un significado preciso en el adiestramiento en sus tres componentes mayores: sujeto, comportamiento, efecto. En la acción pues reside la clave del adiestramiento, ya que cada comportamiento tiene un efecto o consecuencia. Ahí es donde el adiestrador debe actuar con certeza, presteza y constancia, es decir, el perro debe saber que sus actos tienen unas consecuencias y que éstas son en la medida de lo posible invariable y persistente. Es lo que los adiestradores denominamos “consistencia”: si un perro no debe subirse al sofá del salón es ¡No! Ahora y más tarde y mañana...

El concepto de acción en el adiestramiento también hace referencia a la naturaleza del comportamiento de caza (que debe ser “activo” por oposición a “inactivo”). Sin acción no hay aprendizaje posible en el perro de caza, ni ensayo y error, ni nada que enmendar. Por eso es imprescindible el desarrollo de la motivación siempre impulsora de la acción. Aquí de nuevo el adiestrador es clave, pero también el ambiente. Por eso hablamos de aprendizaje ambiental al que daremos continuidad en el próximo artículo.

(Texto: Ricardo Vicente Corredera. Fotos: Maite Moreno).


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