



Con seguridad conoces una serie de libros de aprendizaje que tienen como objetivo presentar guías sencillas para lectores nuevos en diversos temas y que se conocen como “libros para dummies”. En España se llaman “libros para torpes”, no en sentido peyorativo, sino, como dice la academia, para personas faltas de destreza o habilidad en algún tema, que en nuestro caso es el empleo de los perros de muestra para cazar. Si eres torpe y quieres conducir un coche, no vas a aprobar los exámenes, cosa que agradeceremos los demás conductores, pero si eres torpe y quieres comprar un perro para cazar nadie te pondrá objeciones. Posiblemente en el cazadero, corriendo detrás de tu perro y dándole voces para que te haga caso, acabes con la paciencia de otros cazadores, pero es tu perro y punto, nadie va a decirte nada.
Los perros llevan miles de años intentando adaptarse a nosotros, los humanos; en ese periodo de tiempo se han acostumbrado a todas nuestras raras costumbres, cazan para nosotros las piezas que antes devoraban y nos las entregan intactas, cuidan de rebaños de ovejas que seguramente supondrían un banquete para sus antepasados, aguantan nuestras regañinas cuando les bastaría un mordisco para herirnos gravemente, en definitiva, que no puede negarse que este ser irracional ha hecho más por conocernos de lo que muchos hacemos por conocer al perro. Miles de años de cazar juntos dan para mucho y sin embargo cientos de cazadores se enfrentan al perro como a un padecimiento de muelas, no saben hacerse entender por el animal y no consiguen que el perro entienda lo que esperan de él. Posiblemente en algunos casos la culpa pueda ser del perro, ahí están esas razas modernas hiperseleccionadas, hiperactivas, hipernerviosas… parece un ataque de hipo pero es solo la constatación de que no todos los perros sirven para todos los cazadores.
Y yo también, pero no es fácil de conseguir. Definir un perro como “inteligente” es extremadamente arriesgado, ya que primero deberíamos aclarar qué es inteligencia y qué queremos que haga el animal con esa inteligencia. La capacidad de adiestramiento ha sido el criterio más general adoptado para determinar la inteligencia en los animales útiles, los perros más adiestrables eran por tanto los más inteligentes. Un perro de muestra será más útil cuanto más fácil resulte educarlo, si es capaz de un cierto razonamiento independiente del propietario y puede aprender órdenes nuevas con media docena de veces que se las repitamos. Educar un perro no es obligar al animal a que haga lo que nosotros queremos que haga, sino enseñarle a que sepa por qué debe hacer aquello que le pedimos. En definitiva, educar a un perro es motivar a un perro, conseguir que de modo voluntario y buen grado quiera hacer lo que nosotros queremos que haga.
En el perro se da una inteligencia instintiva y otra que cristaliza a través de la educación y se manifiesta en variantes como la inteligencia funcional o de obediencia, la inteligencia de comunicación, inteligencia espacial o inteligencia kinestésica. Nuestra relación con el perro será más sencilla y satisfactoria si encontramos un animal que aúne los dos tipos de inteligencia (instintiva y educacional) La primera comporta la existencia de una herencia genética, por lo que nos inclinaremos por aquellas razas que la posean de un modo manifiesto. La segunda dependerá mucho de nuestro esfuerzo por enriquecer los primeros meses de vida del perro mediante la educación, podemos influir sobre su capacidad de aprender y almacenar conocimientos adquiridos, en definitiva, los procesos mentales que se producen en el cerebro del perro. Todos los perros son animales ávidos por aprender, el perro pasa toda su vida en estado receptivo, en un continuo aprendizaje.
La impaciencia es el error más común entre los cazadores sin experiencia en perros. Muchos queman las etapas educativas impacientemente, deseando que en un par de semanas su perro obedezca a un simple gesto. Toda educación es progresiva y la del perro no es una excepción. El nerviosismo y la brutalidad deben estar retirados de la educación, tus mejores herramientas son la paciencia, la perseverancia y la repetición de los ejercicios hasta que el animal los haya asimilado. Verás cómo con su empleo obtienes los mejores resultados.
Mucha gente ignora que Darwin en ‘Origen de las especies’ ya habla de perros y razas caninas, sencillamente porque los capítulos más populares de esta obra tratan de la evolución de las especies exóticas que conoció durante su vuelta al mundo en el navío ‘Beagle’. En ese libro sostiene la importancia de conservar los instintos naturales que justificaron la existencia del perro, uno de los principales es el cinegético, y cómo la selección mejora este carácter, por ejemplo, dice de la selección: “El hombre que intenta tener pointer procura, naturalmente, obtener perros tan buenos como pueda, y después hace criar a sus mejores perros, sin desear alterar a la raza. No obstante, podemos deducir que con este proceso, continuado durante siglos, acabará por mejorar cualquier raza. Sin embargo, individuos no modificados de la misma raza existen en regiones menos civilizadas”. Y añade más adelante: “El pointer inglés ha cambiado mucho durante el último siglo, y el cambio ha tenido lugar inconsciente y gradualmente, pero de manera tan efectiva que, aunque el antiguo pointer español vino ciertamente de España, Mr. Borrow no ha visto ningún perro nativo en España que se parezca a nuestro pointer”. Es claro que los pointer de la época de Darwin, hace 150 años, no tienen nada en común con los sofisticados perros actuales, también que los perdigueros españoles que dieron origen al pointer ya no se parecían en aquella época al perro de muestra que empezaban a seleccionar los ingleses. No obstante, algo sí tenían en común, el instinto cinegético, ese instinto hizo que los ingleses se interesasen por llevar la raza a su país y ese instinto seleccionado y mantenido permitió hacer del pointer, el perro de muestra más universal.
En el capítulo dedicado al estudio de los instintos, leemos: “En cuanto a las razas de perros, los jóvenes pointer muestran la caza e incluso hacen retroceder a otros perros la primera vez que se les saca. Cobrar la caza es en cierto grado un carácter que heredan los de caza, del mismo modo que los de pastor rodean el rebaño de forma instintiva en vez de dirigirse hacia él. Nadie hubiera pensado en adiestrar a un perro a mostrar la caza si algún perro no hubiera presentado esta tendencia de modo natural...yo mismo vi hacerlo en un terrier puro. El acto de mostrar la caza es probablemente sólo la pausa exagerada de un animal que se prepara a saltar sobre su presa”. Lo que nos está diciendo el sabio es que los instintos verdaderos pueden evolucionar sobre las características de una base genética ya existente, pero que las características aprendidas mediante el adiestramiento no se transmiten a la herencia. Son los dos estados de inteligencia de que hablaba antes, la instintiva y la educacional.
La muestra, una de las características más singulares y valiosas del moderno perro de caza, debía por tanto preexistir antes de que los cazadores apreciásemos el valor de la misma. Cuanto más rápida era el arma más valor alcanzaba el hecho de que el perro apuntase la pieza en lugar de levantarla al vuelo. Posiblemente el primer interés por la muestra coincide con el empleo de la ballesta en la caza, sustituyendo al arco, pero es con la llegada de las armas de fuego cuando los cazadores se interesan verdaderamente por esta cualidad que presentaban algunos perros.
La primera cualidad de un perro destinado a trabajar es la motivación. Si sabes encontrar lo que estimula de manera natural al perro, habrás realizado ya la mitad del ejercicio que quieres enseñar. La motivación es aquello que activa al sujeto y pone en funcionamiento la capacidad de atención. Para ser educado un perro debe poseer la capacidad de concentrarse en una tarea durante un largo rato. Aprender cada orden nueva supone un verdadero esfuerzo de atención en el perro. Primero tiene que entender el significado de esa orden, que no es fácil, y luego repetir el ejercicio un número suficiente de veces para que la asociación quede registrada en el cerebro del perro. El perro de muestra disfruta con el ejercicio, llevándolo a lugares donde tiene la oportunidad de explorar el entorno, la búsqueda de una pieza, crea motivaciones que despiertan su inteligencia. Y sólo entonces inicia su educación, con tranquilidad, sin gritos ni violencias. Verás que no es tan difícil.
Por ello, cuantas más cualidades cinegéticas posea de forma heredada o genética la raza que elijamos para que nos auxilie cazando más sencillo será que nos entendamos con el perro. Empezaremos por descartar aquellas razas con poca difusión en nuestro país, bien porque el número de ejemplares importado es escaso o bien porque se encuentre en un periodo de recuperación, como ocurre con algunas autóctonas. Elegir en una amplia base, donde la mayor parte de los ejemplares se dedican a labores cinegéticas, nos garantiza cierta seguridad en que los instintos cazadores del perro serán los adecuados.
Pero de nada vale un perro con gran solvencia cinegética si hay que hacer un esfuerzo titánico para amarrarlo cerca de la escopeta y menos si es un animal nervioso, cuyo temperamento nos va a exigir un conocimiento de las técnicas de adiestramiento del que carecemos. Por ello lo segundo a tener en cuenta en una disposición natural al adiestramiento alta, una inteligencia educacional de primer grado. Y si juntamos ambas características en un animal tendremos el perro perfecto para novatos en el mundo de los perros.
Todo sería así de sencillo si no apareciese un elemento distorsionador, el ser humano. En el negocio de la venta de perros existen unos pocos profesionales honrados, gente que cría y vende perros con garantía de satisfacer las expectativas que el cazador pone en esa adquisición, y también una caterva de… por educación sólo les llamaré sinvergüenzas, que poco les importan los problemas que crean a los compradores que confían en sus perros, lo único que quieren es vender cuanto antes el animalito. Por consiguiente el que no tiene experiencia debería huir como de la peste de estos embaucadores que ofrecen perros cazando, hijos de campeones de no se sabe dónde y otras mil lindezas, gente que se anuncia en las revistas a todo trapo, porque vende mucho y por tanto gana mucho dinero, su negocio permite pagar esa publicidad conscientes de que ella es la trampa que hace picar al inocente. La compra del perro debe hacerse a un criado pequeño, de los que trabajan una o dos razas como máximo, no a un criadero multirrazas, y siempre con recomendación, que un compañero de cuadrilla o algún otro cazador nos de buenas referencias de los perros que tan persona vende.
(Texto: Eduardo de Benito. Fotos: Archivo).










Don Eduardo magnifica exposición sobre perros ya era hora que distinguiesemos lo que son instintos y aprendizaje, instintos tenemos todos compartimos el cerebro reptiliano que nos ayuda a poner pies en polvorosa ante un peligro inminente. Pero muchos hablan de sacar los instintos del perro, el perro aprende no por instinto sino como Vd dice de su capacidad para aprender, porque el perro piensa y tiene capacidad de recordar los aprendido le gusta aprender y lo que hacemos los que educamos perro es enseñarles con paciencia y respeto, para que cacen mejor, en este caso en caza en otros sera , buscar droga, rescate etc etc.
un cordial saludo