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En el arranque de nueva media veda

El mejor perro de codorniz: así es y trabaja

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La mayoría de nosotros no cuenta con un perro prodigioso, pero con trabajo, adaptación y mucha disposición, si hacemos bien el trabajo codornicero, que nuestros campos van a exigir en apenas unos días, alguna codornicilla se logra colgar.
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Un veterano codornicero acompañado de un epagneul bretón.
El perro trabajador, tesonero, abnegado, que no se rinde...; ese perro se deja poquitas codornices atrás

Cada temporada la caza de la codorniz es más exigente, más restrictiva, y el campo y los escasos pájaros van descartando a los perros que, por exceso o por defecto, no logran adaptarse a las circunstancias y sacan provecho de su trabajo. Perros de caza con capacidad de adaptación, con capacidad de trabajo, con buena cabeza y nariz aprovechable; éste es el perfil, ciertamente humilde para muchos, de buenos perros codorniceros. Trabajar a conciencia el perímetro de una parcela de girasoles, evitando que las codornices apeonen hacia el interior, trabajar arriba y abajo la lindera cuajada de cardos, inspeccionar la primera franja de monte bajo allí donde el rastrojo se acaba, rebuscar cada hilera del rastrojo alto y con paja amontonada, ¿sólo lo hacen los perros de alto nivel? Os aseguro que no. La codorniz se escurre a peón sin apenas darnos cuenta, rodeará, se amagará, volverá contra su rastro, tejerá una y otra estela de peón cuando sienta que nos acercamos, y muchas veces, mientras el perro lleva un rato rabeando y sin poder concretar dónde está el pajarito, éste ya se encontrará treinta metros por delante, o por detrás, escapando, y nosotros plantados en guardia al lado del perro, creyendo que la codorniz va a saltar dos metros por delante...

El perro codornicero ya curtido

A veces de poco expresivo, incluso de poco estiloso, con respecto a perros de trabajo más elásticos y amoldados a otras exigencias, pero es que el trabajo que requiere esta pieza es así: nada debe darse de sobra, se trabaja al ritmo adecuado para soportar el campo recalentado, se muestra cerca para no dar opciones de escape a la pieza, se rodea para amagarla y se saca con sosiego, nada de entrar pisoteando los alrededores. Así que tal vez merece la pena dejar de dar tantas vueltas acerca de cuestiones que a veces nos llevan a apartar perros con gran potencial para la caza de la codorniz, que suponemos están faltos de cualidades, y centrarnos en lo que un buen perro codornicero debe tener, cómo debe trabajar. Así, seguramente, descubriremos que en realidad nuestro perro puede rendir con nota alta en la media veda.

El perro trabajador, tesonero, abnegado, que no se rinde, que logra para su dueño algún que otro lance; ese perro se deja poquitas atrás. ¡Ése es el buen perro de codorniz! Que un buen perro de codorniz aproveche las oportunidades desde que comienza a clarear el día depende mucho de su entrenamiento, aunque aquí la edad también tiene su importancia, pues el cachorro siempre es mucho más impulsivo. Un perro suficientemente campeado, en diez minutos se mete a la escopeta. En cuanto ha calentado es un perro que sabe que ya hay que ponerse en firme porque comienza su turno de trabajo. Los perros ya metidos en cinco o seis años arrancan igualmente mucho mejor, y nos pondrán las primeras cuando los compañeros están todavía a voces con sus perros. Ya decíamos antes que la veteranía marca diferencias, y aquí tenemos una de ellas.

Sus principales virtudes

Entre las principales virtudes de un perro para colgar codornices en terrenos variados podemos destacar las siguientes: entrenamiento, apego a su dueño, ausencia de ánimo de competir con otros perros, trabajar bien por alto y, por supuesto, por bajo, adecuar el ritmo de búsqueda a su sensibilidad olfativa, dosificar esfuerzos, saber tomar bien los peones, insistir cuando las codornices están complicadas en terrenos espesos, no abandonar rastros ni desdeñar cualquier emanación leve y entrar a lo espeso como quien corretea por lo limpio. Así, que sea tesonero, ordenado en la búsqueda, dependiente de su dueño, con afán continuo de dar con la caza, que le guste embocar la pieza abatida y disfrutar del lance, que no dude en entrar de nuevo a lo repasado para localizar mejor una emanación cortada o cruzada, que baje la cabeza y ponga nariz al suelo las veces necesarias, que rabee cuando el caliente va a desembocar en levante o muestra. Si además tiene una nariz medianamente válida y muestra o aguanta antes de levantar, ¿podemos pedir algo más para disfrutar de la caza de la codorniz?

(Texto: Miguel Soler / Fotos: Miguel Ángel Romero Ruiz)



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