RAZAS COBRADORAS O RETRIEVERS

El perro de cobro y su adiestramiento

en
Versión para impresiónVersión para impresiónEnviar a un amigoEnviar a un amigo
Los perros de cobro están alcanzando gran popularidad en nuestro país. Ello es debido al descubrimiento reciente de los cazadores del alto grado de cualidades que estas razas atesoran, tanto instintivas y venatorias, como temperamentales y psíquicas.
retriever26811
El labrador retriever es un gran perro cobrador.

Y si hablamos de cobro apostaría sin reserva alguna a que la gran mayoría de aficionados españoles valoran esta capacidad por encima de cualquier otra. El cazador ibérico, exceptuando algunos románticos y especialistas, sigue siendo un cazador pragmático y odia dejar una perdiz muerta en el campo más de lo que goza con un golpe de búsqueda de impresión o una muestra escultural.

Durante un seminario de adiestramiento que impartió la RFEC, conjuntamente con la Federación provincial de Ávila, tuvimos la oportunidad de admirar innumerables trabajos y muestras de los perros sobre la caza, pero al finalizar la última jornada las alabanzas más entusiastas y numerosas fueron dirigidas a los perros de mi amigo Baptista por la genialidad y eficacia que mostraron en el cobro de varios patos alicortos en aguas abiertas y en las junquera. Y es que en el lance que no se cierre con la pieza bien terciada entre los belfos del can deja un poso indeleble de frustración al venador.

Cualidades

Pero de entre las razas cobradoras o retrievers destaca una por derecho propio debido a su eficiencia en este apartado. Me refiero al labrador, cuyas capacidades innatas, anatomía, carácter y adiestrabilidad le hacen ser el mejor especialista. Probablemente el hecho de que otras razas afines, como el golden o el flat, posean un manto de pelo tan atractivo haya perjudicado en la sección para el trabajo.

Sea como sea el labrador, dentro del grupo de los retrievers, es, en general, el animal más robusto, tanto física como temperamentalmente hablando. Posee un mayor instinto de caza, llegado a ser incluso un digno levantador y un apasionado por el cobro casi de manera obsesiva. Asimismo, es el más tenaz, templado y tesonero (las tres tes del cobrador ideal). Su grado de inteligencia le sitúa en los puestos más altos de la tabla de Coren, lo que le hace sumamente resolutivo y rápido en aprender. Por eso mismo muestra un gran nivel de confianza en sí mismo, por lo que hace gala de iniciativa sobrada cuando la caza herida lo exige. Si a todo ello le sumamos su elevada nobleza y gusto por complacer y servir al amo nos encontramos con un perro que traerá a la mano con prestancia y con un mínimo adiestramiento desde cachorrillo.

Por otra parte, no debemos olvidar que la raza del labrador, según la leyenda, procede de un cruce espontáneo y natural de un perro extraviado y una nutria solitaria, allá por las islas de Terranova. Anécdotas aparte, hemos de aceptar que ningún cánido se acerca tanto a la anatomía del mustélido acuático como el labrador: pelo apretado y oleaginoso, borra o subpelo de anátida, manos abiertas, cuerpo cilíndrico y con tendencia a acumular grasa y, como no, su típica cola “de nutria”, corta y ancha.

Su eficiencia en el líquido elemento y el placer que siente al zambullirse no tienen parangón. Pronto aprenden a seguir con seguridad el rastro de partículas olfativas que deja un ánade en suspensión sobre la superficie del agua, como si de un rastro de sangre en tierra se tratara. ¡Hay que verlo para creerlo!

La misma erudición demuestran cuando, desde el puesto, memorizan uno tras otro los puntos donde las aves abatidas dan el pelotazo. Su facilidad para el cálculo de distancias en el terreno y para la retentiva espacial hace pensar que nazcan con un GPS implantado en el cerebro.

Por último, su baja sensibilidad corporal y su arrojo le capacitan para, a pesar de su corpulencia, penetrar en zarzales, espinos o carrasqueras con la misma facilidad que un teckel. ¿Cómo es posible esto? Pues porque si no encuentran hueco lo hacen a bocados. Yo he sido testigo en muchas ocasiones como el animal, una vez confirmada la localización de la perdiz pinchada en la profundidad de un zarzón, se fue abriendo sitio, cual “tuneladora implacable”, a dentelladas, hasta hacer entonar la gallinácea el último chachachá.

Adiestramiento específico

Hemos de reconocer que pocas razas de caza demandan menos adiestramiento que el labrador por todas las cualidades antes enumeradas. Quizás la tarea fundamental del dueño no sea otra que la de mimar y potenciar dichas capacidades genéticas. Pero qué duda cabe, un adiestramiento natural basado en un enfoque positivo (reforzamiento positivo, motivación, juego y minimizando castigo y presión) pueden llevar a elevar el trabajo del can al grado del virtuosismo.

Para empezar, debemos prestar especial atención a la obediencia básica con el objeto de alcanzar el control del perro a cada situación y fortalecer el respeto y el liderazgo que el dueño debe transmitir en todo momento, social y de trabajo. Del mismo modo, una obediencia básica bien consolidada aumenta la capacidad y disposición de respuesta del perro a nuevas órdenes (direccionales, de control, de porte…).

Siendo el labrador un perro poco dado a alejarse en exceso del guía y con una tendencia a establecer un fuerte lazo emocional con él, la respuesta a la llamada suele ser fácil de obtener con unas cuantas sesiones de silbato condicionado con comida (unas bolitas de pienso en la recepción) compartidas con estos glotones incorregibles.

Pero si este aspecto de la obediencia básica es fundamental en ellos es el ejercicio combinado de “echado-quieto”. Una vez comprendido este ejercicio y la secuencia del ojeo o el paso, donde debe asumir la más absoluta inmovilidad hasta la finalización de la tirada, el labrador acepta su papel con mayor sumisión y tranquilidad que cualquier otra raza.

He visto a grandes cobradores de acción, como springers o drahthaars, rebullir y gemir incontrolables en el puesto mientras un labrador experimentado se dormía, bajo la tormenta de tiros, echando una cabezadita en espera de su turno. Otra faceta del cobro que debemos trabajar, de forma lúdica, desde temprana edad, es la de mantener el objeto (pelota-rodillo-apport) o pieza muerta den la boca, de modo que no la suelte hasta que le sea requerido. La aplicación de cualquier método de cobro forzado es contraproducente e innecesaria con esta raza. Si nos vemos obligados a realizarlo es porque algo hemos hecho mal previamente. Los comandos direccionales son muy trabajados por los guías de competición y son, por supuesto, de gran ayuda a la hora de realizar “cobros ciegos”, pero para el aficionado de a pie bastará la propia experiencia de campo para que el perro comprenda los gestos y su significado con prontitud.   

(Texto: RICARDO VICENTE CORREDERA. Fotos: ARCHIVO)




Su voto: Ninguno Valoración: 3 (4 votos)
publicidad
publicidad

40,00 €

Portabotas RTC
(Botas Hart)
20,00 €

11,00 €

229,99 €

Soporte Linterna TK30
(Fenix Linternas)

16,20 €

25,50 €