



Hace pocos días, en uno de mis habituales paseos con mi perra para mantenernos en forma, tuve un cambio de impresiones con un paseante que, como yo, sacaba a su mascota a esparcirse por los caminos.
Lo peor no era que este señor tuviera el derecho a pasear por un camino público, sino que su animalito olisqueaba con descarada intención las orillas y cunetas donde había algo de vegetación, ésta algo crecida por las lluvias que, aunque tardías, esperaba deseosa la tierra para hacer explotar su espesura, que ya tocaba pintase de trazos multicolores cualquier paraje de España.
Me acerqué con mi can atada, que ya comprende por qué lo hago, máxime en estos tres meses tan importantes para el campo, y le aconsejé al vecino del lugar que también llevara atado a su perro, pues la situación actual de la naturaleza exige máxima cautela y cero molestias para los que crían en el suelo y están incubando o para los que se encuentran poco tiempo de nacer. El primer envite que éste me dio fue mostrarme su derecho a pasear libremente por el campo y decirme que su animal igualmente lo tenía a ir suelto y corretear por donde quisiera.
Tras unos minutos de charla, durante la cual insistía en su libertad y sus derechos, le dije que se olvidaba de algo, que es que si tan importante es su derecho, no lo es menos su obligación de respetar el terreno ajeno y su gestión. Para ello le puse un ejemplo, que entendió rápidamente, y cabizbajo acabó por asentir que no tenía razón en su exposición de que el campo es de todos y para todos.
El ejemplo que le puse a este vecino fue la siguiente reflexión. Imagínese por un momento que usted posee una parcela en el campo (por supuesto, no tiene por qué gastarse el dinero en vallar todas sus propiedades) y allí tiene unas gallinas que comen libremente alrededor de su gallinero. Entonces, un señor se acerca paseando por la puerta de su casa y a su “obediente perro” se le antoja corretear un rato tras esos pobres animales que, indefensos, buscan donde protegerse del ataque de tan desagradable amiguito. Seguramente, si las gallinas estaban poniendo huevos, la puesta se les corte debido a ese momento de estrés, y quizá, si hay posibilidades de que sus huevos sean fértiles para la posterior incubación, se acabe ahí su futuro como madre en este año. Ahora bien, ¿cómo le sentaría a usted, como propietario, tal escena y sus consecuencias? Pues lo mismo sentimos los que nos preocupamos, pagamos y cuidamos el campo para que la vida continúe año tras año.
Esta consideración, que parece más que sabida por aquéllos que tenemos perros, se suele olvidar cuando paseamos por el campo, de modo que vamos sin pensar en los daños que podemos provocar con nuestro poco responsable comportamiento de permitir que los perros vayan sueltos, aunque, según se suele decir, controlados por nosotros. Y es que, ¿cuántos perros son capaces de ignorar la carrera de un conejo que se les arranca a su vista y quedarse inmóviles ante tal situación?
A los que nos gusta mantener a nuestros perros en forma todo el año nos queda algún trecho de nuestro camino por recorrer en eso que se suele denominar educación ciudadana, y que de rebote podríamos igualmente llevar al ámbito canino. Tenemos que evitar los traumatismos varios de las primeras salidas cuando vamos con la escopeta, y más ahora que ciertos cazadores tenemos la fortuna de poder realizar a finales de mes
alguna escapada tras los conejos a algún que otro coto de la zona costera mediterránea.
El principal sentido que tenemos que demostrar los que tenemos perros es el del respeto, y dicho esto, habemos de saber lo que significa salir a pasear con nuestro animal. Debemos conocer lo que quiere decir el concepto de propiedad privada, y no podemos obviar que todo el terreno que pisamos tiene un dueño que paga y al que se merece que tengamos consideración. Así pues, tenemos que ser racionales en nuestros actos, no comportándonos de aquella forma que conocemos no es correcta, y conscientes del daño irreparable que podríamos provocar si, por ejemplo, una perdiz está en un nido y la levantamos de forma reiterada. Hoy nosotros, mañana el perro de otro paseante, y así hasta que logremos hacerle aborrecer el cubil.
Hay muchas maneras de mantenernos en forma y disciplinar a nuestros perros. La primera, organizarnos para acudir a lugares donde no molestemos porque están previstos y provistos para entrenar a los perros con caza sembrada, o bien a recintos donde no hay aprovechamiento cinegético, pues así podremos tener ese espacio necesario para que no perdamos el contacto con el campo.
Los cazadores, por aquello de saber, de conocer lo que sucede en el campo, tendríamos que dar el mayor de los ejemplos y realizar una labor de información en todo nuestro entorno sobre lo que supone llevar un perro suelto por éste en estas fechas. Y se me ocurre que, con un poco de imaginación y trabajo, se pueden difundir carteles, ya sea por los bares, Ayuntamientos, clínicas veterinarias de la zona, etc., con consejos acerca de cómo debemos comportarnos cuando paseamos por los entornos al aire libre, de cómo interpretar lo que significa una tablilla de coto de caza y de qué debemos hacer en cada momento.
Muchos de los humanos creemos que tenemos perfectamente educado a nuestro perro y las palabras “animal controlado” las exponemos con demasiada alegría, y es ahí donde quisiera entrar con especial detalle.
Un perro que va suelto tiene la iniciativa de ir y venir según el poderío de sus patas, de su corazón y de su instinto, que le lleva a comportarse como es lo normal, buscando aquí y allá, pero no nos suele interesar entender lo que esto acarrea, de modo que lo justificamos diciendo cosas como “¡qué va hacer el animal!, el tiene sus necesidades, sus aficiones…”. Éstos, y un sinfín de argumentos más, demuestran un egoísmo que no desea entrar a valorar los daños a los demás, y esto es muy fácil de cuantificar.
Se suele justificar el control del animal con un concepto en el que se argumenta que nuestras órdenes van a ser obedecidas a la perfección ante una situación “x“, pero podríamos asegurar con tremenda contundencia que ni un diez por ciento de los perros son capaces de cumplir con aquello que permita dar tranquilidad a los animales salvajes, es decir, que la distancia a su dueño no sea superior a los cinco metros y que no vaya husmeando en las cunetas los rastros que van dejando los que en ellas se refugian en busca del único lugar que les queda para nidificar.
Si echamos un vistazo a los campos en los que hay agricultura, veremos que pocos son los lugares que quedan donde pueden hacerse nidadas de pájaros, ya que los caminos son arados hasta casi el carril en que nuestras ruedas se mueven, con lo que andar con los perros o deambular solamente por ellos implica el riesgo de que se pierdan todas las esperanzas de futuro del coto.
Tenemos mucho en lo que entretenernos con nuestro perro, pues llevándolo atado, o con las prácticas correas extensibles que liberan cinco metros de independencia, también conseguiremos que nuestro auxiliar se encuentre más pendiente de nosotros y no reniegue de la orden que le damos, como sí lo suele hacer en los momentos en que se encuentra libre.
Algunos perros acostumbrados a ir siempre sueltos tienen en este tiempo en que estamos un motivo para civilizarse y comprender que si saben caminar o estar atados, podrán acudir a otros tipos de caza en los que el inmovilismo (como, por ejemplo, de un puesto de palomas y tórtolas) también les llevará a disfrutar de unas jornadas cinegéticas que hasta ahora les estaban prohibidas, llenando y completando un calendario que antes, por no saber comportarse como debieran, le estaba vetado.
Muchos buenos ratos se nos ofrecen con el perro atado, al cual podemos sacarle un rendimiento futuro en un porvenir que está a la vuelta de la esquina, porque cuando queramos darnos cuenta estaremos ya en media veda, y entre codornices y rastrojos podríamos encontrar alivio a la canícula sentándonos en una sombra a la espera del paso de alguna torcaz que abulte nuestra percha, si somos capaces de derribarla y cobrarla, que para eso llevamos a nuestro perro.
(Texto: Cristóbal de Gregorio. Fotos: Archivo).









