



La leishmaniosis canina está causada por el parásito Leishmania infantum, que se propaga y contagia gracias a la acción de la hembra del mosquito flebotomo. Cuando este insecto es portador del parásito y pica a nuestro perro para extraer su sangre, inocula el parásito en su interior.
En ese momento la enfermedad pasa a desarrollarse en el perro, y al mismo tiempo los mosquitos que piquen al perro (hasta 100 en una hora) quedarán también infectados por el parásito, de manera que esos mosquitos se convierten en vectores (propagadores) de la enfermedad.
En España se estima que el 7% de los perros está infectado por este parásito, y en algunas regiones, como Málaga, puede rebasar el 34 por ciento, según datos manejados por Guadalupe Miró, del Departamento de Parasitología y Enfermedades parasitarias de la Universidad Complutense de Madrid.
En los últimos años la enfermedad ha pasado de ser una enfermedad “exótica”, habitual del norte de Europa y Latinoamérica, a tener más incidencia en áreas del arco mediterráneo.
Ello se debe a que el mosquito flebotomo ha ampliado su radio de acción al tiempo que el cambio climático se ha encargado de proporcionarle en España y en otras regiones mediterráneas las condiciones idóneas para vivir: una temperatura de al menos 15º C y una altitud comprendida entre el nivel del mar y los 1.500 metros de altitud.
Los efectos del “cambio climático y socioeconómico global están modificando la epidemiología de las enfermedades transmisibles y especialmente las transmitidas por vectores artrópodos”, dice la Dr. Guadalupe Miró. Esto se traduce en que zonas donde antes no se daban casos de perros infectados, ahora tengan un alto índice de casos. En nuestro país tenemos como ejemplo Navarra, donde la prevalencia de leishmaniosis es del 4,4 por ciento, o Málaga, que registra un 34,6 por ciento de casos, según datos manejados por la doctora Miró.
Un diagnóstico precoz de la Leishmaniosis puede salvar a nuestro perro de la muerte, y para ello conocer los síntomas externos es importante, ya que facilitará la detección temprana del mal y que el veterinario ponga a nuestro auxiliar un tratamiento adecuado para que pueda continuar viviendo con la enfermedad controlada.
Aunque la sintomatología es compleja y variada, los síntomas más frecuentes en el animal es la aparición de úlceras en la piel,-sobre todo en la zona de los ojos, la cabeza, la nariz, las patas, las almohadillas plantares, las nalgas-, alopecias incipientes que se van generalizando, o el crecimiento anormal de las uñas en forma de garra.
Asimismo, el perro afectado puede experimentar una pérdida del apetito y, como consecuencia, una disminución de su peso y debilidad general. Más difíciles de percibir son la alteración en los ganglios, inflamación del bazo y problemas renales.
Con todo, a la más mínima sospecha sobre la salud de nuestro perro lo recomendable es acudir al veterinario para despejar cualquier duda.
Como siempre se aconseja en la época estival, lo ideal es proteger a nuestro perro de caza con collares antiparasitarios, pastillas suministradas por vía oral y sprays de las posible picaduras de pulgas, garrapatas y mosquitos.
Esto es especialmente importante en media veda, cuando los canes desempeñan su trabajo en zonas de matorral y brozas, zonas llenas de parásitos a la espera de encontrar un cuerpo al que agarrarse.
La prevención es, hoy por hoy, la única medida efectiva contra la leishmaniosis, ya que, aunque se ha avanzado mucho en Europa en la investigación de una vacuna efectiva contra la enfermedad, por ahora no puede hablarse de una vacuna exitosa.
Así, los expertos veterinarios recomiendan a aquéllos que se desplacen a zonas de riesgo que tengan en cuenta estos pequeños consejos: evitar las horas de mayor exposición al mosquito (las primeras horas de la mañana y las últimas de la tarde); permitir que el perro duerma en el interior de la casa, dotar las ventanas con mosquiteras; y usar repelentes que eviten la picadura del mosquito causante de la leishmaniosis.
(Texto: José Carlos García. Fotos: Alberto Aníbal y Maite Moreno)










yo tengo un grifon que le a picado y lo estamos medicando para poderr salvarlo, a su hermano lo tuvimos que sacrificar ya que le ataco a los riñones y no pudimos hacer nada por el.
Es una pena que aun no hallan encontrado ningun tipo de medicamneto que les pueda prevenir la enfermedad.