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Labrador retriever: ¡al agua!

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Las turberas y marismas, los lagos y pantanos, el margen de los ríos, son cazaderos que permiten practicar una caza de características muy acusadas, en las que se ponen en práctica técnicas originales que reflejan el patrimonio cultural de cada región.
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Dos Labrador retriever, arriba cazando patos.

En la caza de acuáticas, a las virtudes exigibles a cualquier perro de muestra se le han de sumar la ausencia de miedo al agua, una constitución atlética que haga del perro un buen nadador y una gran resistencia al frío, ya que pasará parte de la jornada inmerso en el agua. La caza en humedales exige gran esfuerzo y sacrificio para el perro, pues en términos generales se practica en un medio hostil, donde el cieno y el cañizo dificultan el trabajo del animal.

El dominio de las acuáticas, agua y aire, es el más ajeno al perro que podamos imaginar. El animal no se desplaza sobre terrenos encharcados o pantanosos con la soltura y seguridad que lo hace en tierra seca. Son las adversas condiciones físicas del cazadero el primer hándicap que un labrador debe superar, por ello los perros dedicados a este menester deben poseer una gran pasión cinegética. Es preferible evitar las razas de manto corto, en general muy frioleras. Para la caza de acuáticas son recomendables varios perros de muestra, como el epagneul bretón, también el francés y el picard, así como los setters, en especial el setter gordon, y los grifones de muestra, pero algunas razas han sido seleccionadas durante años para este cometido, es el caso del irish water spaniel y los cobradores que constituyen el grupo de los retrievers. Sobre estos últimos merece que nos detengamos. Retrievers es un vocablo inglés que se aplica para designar el trabajo de los perros adiestrados en el cobro. Posteriormente el término se amplió designando al conjunto de razas caninas especializadas exclusivamente en tal labor cinegética. Estas son las siguientes: Nova Scotia Duck Tolling Retriever (Canadá); Chesapeake Bay Retriever (EEUU.); Curly Coated Retriever (Gran Bretaña); Flat Cocted Retriever (Gran Bretaña); Golden Retriever (Gran Bretaña) y Labrador Retriever (Gran Bretaña). Estos perros han mostrado un rendimiento cazando acuáticas sin equiparación con otras razas y en especial para la caza del pato.

El labrador retriever está magníficamente dotado para este oficio, es un excelente nadador y buceador, tiene tendencia natural a la búsqueda y cobro de la caza abatida y no teme dar alcance nadando al ave que herida del ala trata de ponerse a salvo nadando. Incluso los días más nublados y fríos aceptará gustoso el reto del remojón, rompiendo, si es necesario, la capa de hielo del agua. El labrador es un perro de cobro por excelencia y por tanto será al cubrir esta necesidad, tan esencial en la caza de acuáticas, donde se podrá juzgar su capacidad y rendimiento como perro útil.

Un ejemplar bien entrenado permanecerá inmóvil junto a su amo, si caza en puesto, o se desplazará próximo a él, trabajando como las razas levantadoras de caza, si así se le ha adiestrado. Es en el momento en que recibe la orden de salir a cobrar cuando el perro realmente se transfigura, su entusiasmo y habilidad para cobrar no tienen igual. Es capaz de calcular con asombrosa exactitud el punto donde cayó la pieza, se diría que incluso antes de ser abatida. Pocas razas están tan bien dotadas para el cobro como el labrador y es que la psique de este perro se adapta perfectamente a tal cometido.

Características psíquicas de un cobrador

Los cobradores netos, como el labrador, poseen una serie de cualidades psíquicas que facilitan su labor. La primera es un alto índice de sociabilidad, son perro que les gusta y quieren interactuar con su manada, que en este caso somos nosotros. Este tipo de perro es un animal que respeta la jerarquía y por ello está dispuesto a entregar la pieza con docilidad y sin dañarla. La segunda es que tenga ánimo y pasión por perseguir un objeto (pelota=pieza), actitud con la que acredita poseer un fuerte impulso de presa. También una demostrada afición a portar objetos en la boca, lo que demuestra la existencia de un impulso de cobro. El impulso de presa debe estar bien marcado, ya que no se puede modificar mediante la educación, el perro lo posee o no lo posee. El impulso de cobro se puede perfeccionar mediante el adiestramiento y en ello consistirá la futura tarea como educador del propietario. Y, finalmente, que el perro tengo afición a cazar.

Cazar no es un instinto, a cazar se aprende. La caza, entendida como depredación, no es ni lucha ni agresión, no está ligada a la sexualidad ni a la defensa del territorio, por tanto no es instintiva. La depredación es un tipo de interacción biológica en la que un individuo de una especie animal (el depredador) caza a otro individuo (presa) para subsistir. Cazar es una conducta derivada de otros instintos, posiblemente la conjunción de supervivencia con el instinto de presa. La convivencia de cachorro con la madre y hermanos, la posibilidad siendo joven de cazar junto a perros veteranos es la escuela que enseña al perro a cazar. La conducta de caza es un aprendizaje primario que se produce en la edad temprana, del tipo llamado “imprinting” o impronta, descubierto y estudiado por el Premio Nobel Konrad Lorenz. Pero esto sería largo de explicar aquí y no es el motivo de este artículo. Baste saber que el perro cobrador debe tener ese afición a la caza exigible en todos los perros empleados en venatoria, no bastando que tenga afición a recuperar y portar en la boca objetos (pieza). Resumiendo, el labrador que queramos emplear para la caza ha de cumplir la ecuación: sociable + impulso de presa + impulso de cobro + depredación.

No hay mejor prueba de lo que afirmo que la propia historia del labrador retriever. Cuando este perro llegó a suelo británico en 1820, procedente de la península que le da su nombre en la costa atlántica de Canadá, no sabía cazar, nunca se le había empleado como cazador, posiblemente ni siquiera había visto una escopeta de caza, pues era un perro de pescadores, a los que acompañaba en los barcos. En Gran Bretaña algunos cazadores se interesaron por la capacidad de estos perros para recuperar objetos del agua e intuyeron los beneficios de su empleo en la caza de acuáticas. Uno de ellos fue el conde de Dorset, lord Malmesbury, que logró contagiar su entusiasmo a otros aristócratas apasionados al nuevo deporte con setters y pointers que ganaba adeptos en aquellos años, los fiel trial. Entre ellos destacaba el duque de Hamilton, que sostenía una de las más acreditadas perreras de pointers de la época. Para aquel hombre el labrador venía como caído del cielo a liberar a sus perros favoritos del ingrato y poco vistoso trabajo del cobro. De este modo el labrador se convirtió en un perro de escopeta o “gundogs”, nombre que dan los anglosajones a perros de muestra, spaniels y retrievers, un grupo canino cuyo desarrollo e importancia ha ido parejo al perfeccionamiento de la escopeta de caza.

Aprendiendo a cazar

No obstante, el labrador, emparentado con el terranova, era un perro demasiado voluminoso, por lo que se buscó aligerarlo de peso y mejorar sus cualidades genéticas mediante el cruce con pointer. Los perros resultantes fueron del agrado de los cazadores, pues un cronista deportivo de aquella época, el coronel Hawker, escribió en 1830: “Este perro es con mucho el mejor en su clase de los de caza. Es extremadamente rápido cuando corre, nada… y tiene extraordinario olfato. Para encontrar una pieza herida no existe otra raza canina que se le iguale”.

En la mejora de sus cualidades cinegéticas tuvo gran importancia el riguroso sistema de pruebas o concursos de caza que se crearon para los retrievers, que actuó como un filtro dejando pasar solo a los ejemplares verdaderamente brillantes. El sistema de juicios era complicado, ya que actuaban tres jueces acompañados de dos tiradores cada uno de ellos. Cada uno de los jueces examinaba a dos perros conjuntamente y se los pasaba al juez siguiente para que a su vez los examinase, de modo que no era llamado ningún perro nuevo a concursar hasta que cada juez no había puntuado el lote de seis perros. Tras una primera manga, los perros que no fueron eliminados eran juzgados nuevamente. Esta segunda selección da paso el juicio final en el que los tres jueces puntuaban a la vez al grupo de los perros finalistas. De este modo aquel perro de pescadores, que no sabía cazar, en unas décadas se había transformado en una de las razas de perros cazadores más importante del mundo.

Como resultado de 150 años de correcta selección genética en la cría el labrador es un gran perro, al que le han bastado los último 10 ó 15 años como mascota de moda para arruinar todo el trabajo anterior. Los labradores se encuentran entre los perros con más facultades para ser adiestrados, soportan perfectamente el estrés que genera la educación y se crecen ante los desafíos. Pero siendo realista, en algunas cepas o líneas de sangre han aparecido vicios inabilitantes para la caza, como el déficit de atención y la hiperactividad. Actualmente podemos toparnos con algunos labradores que parecen terriers por su incapacidad para concentrarse en el trabajo y permanecer quietos. Trastorno obsesivo compulsivo, estrés y fobias son algunas de las lindezas que la crianza inadecuada ha incorporado a este perro en los últimos años desde que la raza se puso de moda.

El mejor olfato

Esta raza es poseedora de uno de los sentidos olfativos más agudos del mundo canino. Pero no solo posee agudeza, también una impresionante capacidad de discriminación entre olores. Un ejemplo es el proyecto llevado a cabo por Todd Steury, de la Universidad de Auburn, en Alabama, para el recuento de determinados animales en vía de extinción, una tarea nada fácil, dado su escaso número y carácter huidizo. Así nació EcoDog, un programa que cuenta con seis perros de raza labrador retriever, cada uno entrenado para encontrar una clase específica de olores, por ejemplo, un perro es especialista en localizar excrementos de mofeta rayada, mientras que atiende a los de mofeta moteada, y así con la zarigüeya, el coyote, el puma y el oso negro. La recogida de pelos y excrementos permite conocer la presencia de animales en un área determinada. Los excrementos contienen el ADN específico de cada animal, recogiendo muestras de los mismos Todd Steury lleva a cabo un recuento de los ejemplares presentes en un hábitat determinado, lo que permite efectuar estimaciones para áreas mucho más grandes.

El cobro en una jornada de caza de acuáticas no es tan complicado como el conteo de especies, pero sin duda tiene dificultades intrínsecas que sólo un buen perro puede superar. Cobrar no es la simple tarea de llevar en la boca una pieza, sino buscar piezas que el animal no ha visto caer, recuperarlas y llevarlas hasta el cazador. Actividad en la que entran en juego muchas pulsiones, sentidos e instintos.

(Texto: Eduardo de Benito. Fotos: Shutterstock).


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