Galgos de caza o de competición

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El galgo campero es un media sangre obtenido por reiterados cruces efectuados en las primeras décadas del pasado siglo entre el genuino galgo español, de reminiscencias árabes, y el galgo inglés o greyhound.
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Arriba, "Deseada", actual campeona de España, en el centro una collera de lebreles y abajo dos galgos en plena competición.

En un tiempo se le llamó angloespañol, denominación que ha caído en desuso, y hoy a este perro hispano, por cuyas venas corre entre un cincuenta y un setenta por ciento de sangre inglesa, se le llama galgo a secas. Es un animal de carácter dulce, cariñoso con el hombre, duro con otros perros, fuerte y musculoso, que en los campos llanos no tiene rival cazando liebres.

El galgo es pura perfección natural, increíble y perfecta obra de la naturaleza, que en este perro exagera las líneas, prolonga con hipérbole su línea para buscar esa elegancia peculiar que sólo tienen los lebreles, hecha de distancia, de altivez o, mejor, de jerarquía, de simplicidad también, de una esbeltez que se hace esquema, simplificación estilizada, porque todo en su anatomía se corresponde con la función de correr y cazar.

Titán en la caza

Eran necesarias unas condiciones medioambientales, orográficas y paisajistas como las que imperan en una parte importante de nuestro país (amplias llanuras y dilatadas estepas) para que correr liebres alcanzase la emoción de los grandes acontecimientos. La liebre que desarrolla toda su energía en veloz carrera, tras ella los musculosos galgos en desenfrenada persecución. Unos intensos minutos que sintetizan la vida salvaje en toda su crudeza: la lucha por sobrevivir, el depredador y su víctima, pero digo mal, porque la liebre nunca es víctima, palabra que nuestro diccionario define como animal destinado al sacrificio. La liebre es parangón de galgo, comparación o semejanza de él, en cuanto que tantas veces le burla y sale airosa del encuentro. Combate de igual a igual, de tú a tú en el que nada sobra, o quizás sí, sobramos los hombres. Los cazadores a caballo aparecen en esta estampa dilatada a lo largo de los siglos como una pieza extraña, artificial al juego de la naturaleza prístina y salvaje.

Mecánica del juego

Marchan los galgos por parejas, como aquellos antiguos guardias civiles de capa y tricornio que veíamos en el campo; marchan sujetos por el perrero mediante una ligera correa que pasa por una amplia anilla sujeta a los collares; salta la liebre, abre la mano el perrero y la pareja de galgos, liberada, se lanza en pos de la fugitiva pieza. Terminada la carrera, son sustituidos por otra pareja de galgos, renovando y combinando así los animales hasta que queda campeón uno de los perros. O una perra, porque aquí, como en tantos otros aspectos de la vida, las hembras son más pícaras, resistentes y veloces que los machos, siendo frecuente que ellas impongan su clase.

El buen galgo lebrero, corredor e valiente
avía quando era joven, pies ligeros, corriente,
avía buenos colmillos, buena boca e diente,
quantas liebres veía, prendíalas ligeramente.

Es la sabiduría del ‘Libro del Buen Amor’, escrito por Juan Ruiz, el arcipreste de Hita, en el lejano año de 1330. Ese galgo joven de piel ligeros se apodera de la liebre en los primeros cien metros de carrera, pero si la liebre es valiente, una de esas lepóridas que de poder a poder no ceden ante el perro, lo que en algunas comarcas llaman “matacanes”, una liebre macho que parece pequeña y de patas largas, el galgo es el burlado.

Los perros

Los aficionados, definitivamente, se han inclinado por ese galgo mestizo, con altas cotas de sangre inglesa, que representa un conjunto de valores de alta estima: la resistencia del galgo puro español y la endiablada velocidad del galgo inglés de canódromo. La institucionalización de las competiciones tuvo como resultado una evolución de la caza con galgos, hasta convertirse en un verdadero deporte en el que la muerte de la liebre pasa a tener un valor secundario frente a la emoción que suscita una buena carrera en la que apreciar la belleza y picardía de los animales en su particular duelo.

Con el transcurrir de los años los galgos han mejorado, han perfeccionado su capacidad venatoria en relación directa a la mayor dureza de las liebres. El terreno hace a la liebre y el galguero ha de adaptar sus perros a la misma. Los cambios habidos en el agro (vallados, roturaciones, etc.) han cambiado las aptitudes de las liebres, que progresivamente se han vuelto más fuertes, al tener mayor dificultad para acceder a sus zonas de defensa. Así las cosas, los galgos han tenido que ganar resistencia y velocidad, es decir, dureza.

Los perros que participan en las carreras de galgos en campo y aquellos otros dedicados exclusivamente a la caza, sin ningún afán competitivo, no muestran diferencias morfológicas o temperamentales dignas de mención. La diferencia estriba en lo que la competición en campo supone de superación, expresión cinegética hispana por excelencia, una prueba de tal dureza que sólo la élite, la “crème de la crème”, puede alcanzar.
El galguero que compite con sus perros somete a los animales a un duro entrenamiento, el cual persigue tanto su preparación física como la psicológica para la prueba que han de superar: paseos de distintas duraciones, masajes musculares, alimentación de alta calidad, vigilancia del sobrepeso o la anorexia y un buen control del número de liebres que se les deja correr, porque el galgo que corre muchas aprende tretas y artimañas que ensucian la carrera, lo que le perjudicará en la competición. Además, cada vez es más común que se cuiden con esmero las líneas puras de galgos camperos, conservando los árboles genealógicos, realizando la cubrición de las hembras con perros realmente destacados e inscribiendo los cachorros en el Libro Registro de Orígenes (LRO). Nada de esto se aplica a los galgos dedicados a la caza, pero esto no es una excepción en el galgo, ya que algo similar ocurre entre los perros de muestra empleados en alta competición, field trials, etc., y aquéllos que se dedican sencillamente a la caza, sin mayores pretensiones.

LXXIV Campeonato de España de Galgos en Campo

La Federación Española de Galgos presentó hace unas semanas el calendario de fechas de celebración de las diferentes fases de que constará la LXXIV edición del Campeonato de España de Galgos en Campo-Copa de SM El Rey, que se llevará a cabo a lo largo de este mes de enero en la localidad castellano-leonesa de Madrigal de las Altas Torres (Ávila). En primer lugar, la presentación de este Campeonato está prevista para el día 13, donde se dará la bienvenida a los participantes. Durante los días 14 y 15 se disputará la fase de octavos de final, mientras que unos días después, el 21, se dará paso a los cuartos. El día 25, aquéllos que hayan superado las fases previas accederán a semifinales, quedando reservado el día 28 de enero a la final y clausura del Campeonato de España. Cabe destacar que en 2011 fue la galga toledana “Deseada” quien se alzó a lo más alto del podio.

(Texto: Eduardo de Benito. Fotos: Jaci Navas, Gaby, FEG y Archivo).


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