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El error de pensar que sólo con la caza educamos a nuestro perro

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Eduardo de Benito reflexiona en este artículo sobre el error en el que incurren muchos cazadores al pensar que, en la educación y el adiestramiento del perro de caza, sólo es necesario ponerle en contacto con caza y ¡magia!, ya tendremos todo hecho.
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La caza no educa al perro en el modo en que actualmente un cazador necesita este auxiliar cinegético, lo que hace la caza es refinar, consolidar, la educación previa, el adiestramiento que el perro ha recibido.
Al perro nuevo hay que educarle antes de cazar con él y al veterano hay que reciclarlo cada año

Amigo de la comodidad, piensas que basta con poner al perro en contacto con la caza real para tener en unos pocos meses un gran campeón. Es aquella frase tan repetida, y no por repetida cierta, “lo que ese perro necesita es más caza”.

Al perro nuevo hay que educarle antes de cazar con él y al veterano hay que reciclarlo cada año. Si piensas que el perro ha de poner todo el trabajo y tú recibir solo el disfrute vas mal encaminado.

Viejas ideas vs nuevos conceptos

Aquí asistimos al enfrentamiento entre una vieja idea y un nuevo concepto. Hay una vieja locución latina, “vox populi vox Dei” (la voz del pueblo es la voz de Dios) que no siempre resulta cierta y los actuales conocimientos sobre conducta canina que manejan los adiestradores profesionales lo atestiguan, los sabores populares muchas veces son erróneos.

“Un perro se hace en el campo, frente a las piezas salvajes”, es la vieja idea, que aunque realista no por ello deja de ser simplista. Presumir que un perro por el simple hecho de poner a prueba su ingenio y habilidades ante la caza devenga en un gran auxiliar del cazador, es demasiado simplista.

Que con un perro con talento cinegético nos podemos limitar a canalizar sus dotes naturales frente a la caza para obtener un buen auxiliar, no se soporta en la experiencia práctica.

Fuera mitos

No soy amigo de mitos ni nostalgias… “Aquellos perros de antaño que cazaban solos” son perros que nunca existieron, porque cuando en todos los órdenes de la vida hemos progresado parece estúpido creer que en la selección de perros de caza retrocedemos. Esas ideas, fundadas en el “cualquier tiempo pasado fue mejor” no tienen razón de ser. La caza no educa al perro en el modo en que actualmente un cazador necesita este auxiliar cinegético, lo que hace la caza es refinar, consolidar, la educación previa, el adiestramiento que el perro ha recibido, porque sólo un perro educado es un perro útil.

La caza le enseñará al perro que la perdiz se comporta de forma diferente en el llano que en el monte, que el medio natural condiciona sus defensas, y de forma espontánea buscará a más velocidad y abrirá más los lazos en el llano en tanto que realizará lazos más cortos en el monte.

Pero antes de llegar a ese punto está la enseñanza previa, el adiestramiento anterior a la caza es la única herramienta que garantiza que la jornada no se convierta en las voces airadas de un cazador desanimado tras un perro que hace lo que le da la gana.

Por eso, no uses la general como campo de adiestramiento, es el momento de disfrutar tanto tú como tu perro. Bastante largo es el resto del tiempo de la veda –como en el que ahora estamos- para no sacar unas horitas en las que adiestrar a nuestro auxiliar cinegético.

(Texto: Eduardo de Benito. Fotos: Maite Moreno y Mikel Torné).


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