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Cualidades del perro de muestra

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Cuando la caza padece factores que inciden negativamente sobre ella, hablar de perros de caza que no cazan resulta paradójico, pero es una realidad a la que hemos de enfrentarnos con decisión, si queremos cambiar las cosas.
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Perro de muestra con percha de perdices.

Cuando hablamos de un perro de muestra eficaz decimos que tiene buen estilo, es decir, que su búsqueda, muestra y cobro nos satisfacen. Hay una adecuación entre la forma en que trabaja el perro y el modo en que nosotros entendemos la caza. La primera cualidad de un perro destinado a trabajar es la motivación. Si sabemos encontrar lo que estimula a nuestro perro de manera natural, el éxito nos sonreirá. La motivación es aquello que activa al sujeto, que despierta su interés de modo espontáneo, que le carga de emociones. Pero la motivación no es sólo una adecuada política de premios y castigos, es preciso encontrar los estímulos adecuados que nacen de la propia naturaleza del perro. El perro de muestra disfruta con el ejercicio, llevándolo a lugares desconocidos donde tiene la oportunidad de explorar el entorno, la búsqueda de una pieza, etc., creamos en él motivaciones que despiertan su inteligencia.

Estrechamente relacionada con la motivación se encuentra la capacidad de atención. Para que aprenda el perro debe poseer éste  la capacidad de concentrarse en una tarea durante un tiempo concreto. Aprender supone un esfuerzo de atención en el perro. Primero tiene que entender el significado de la orden que recibe y luego repetir el ejercicio un numero suficiente de veces para que la asociación quede registrada en su cerebro. Estamos exigiendo que el perro no sólo se concentre en la tarea sino que también sea perseverante y no se aburra o se desanime fácilmente.

Olores y sonidos sugerentes llaman poderosamente la atención del perro en el campo, todo le incita a distraerse, por lo que los animales que no poseen un buen autocontrol suelen ser malos discípulos. Esos estímulos deben ser incentivos para el trabajo de modo que no den razones para la distracción. El perro posee cualidades sensoriales muy desarrolladas en el dominio del olfato, del oído, de la vista, que son explotados en el más alto grado en las labores cinegéticas. Esta sensibilidad le permite reacciones más rápidas, más adaptadas al momento deseado.

¿Cómo aprende el perro?

El aprendizaje de un comportamiento está en función de las consecuencias positivas o negativas que tuvo para el sujeto su realización. El fortalecimiento negativo (castigo, dolor, desaprobación) tiene como resultado que el sujeto evite el comportamiento que lo ha provocado (es el caso del perro que tras cobrar devora la caza y  al que estregamos la boca con pólvora, no volverá a comerse la pieza). El fortalecimiento positivo (gratificación material, efectiva) tiene como consecuencia la fijación del comportamiento. El fortalecimiento positivo permite un mejor aprendizaje que el negativo.

El fenómeno de generalización consiste en que el perro transfiere un comportamiento de un contexto específico a otros generales. En el perro joven, si le enseñamos la presencia de una codorniz que le pasó desapercibida por no conocer su husmeo, aprenderá a buscarla posteriormente en otros contextos. Si al mismo perro le disparamos malintencionadamente cerca de la oreja causándole dolor, en vez de perder el miedo a los disparos huirá cada vez que nos vea con la escopeta.

La memoria es un factor fundamental en la educación del perro y en aquellos sujetos que está más desarrollada se da también un mayor coeficiente de aprendizaje. Existe una inteligencia instintiva con la que el perro refleja los comportamientos que tiene programados en su patrimonio genético y una inteligencia adaptativa relacionada con los conocimientos o habilidades que el perro va adquiriendo a lo largo de su vida. El hecho de pertenecer a una raza específica determina la naturaleza de la inteligencia instintiva del perro -braco en la muestra o sabueso en el rastro-, mientras que la inteligencia adaptativa está individualizada en cada sujeto. El éxito de un criador de perros de trabajo es obtener una línea de sangre de perros con una alta inteligencia adaptativa, pues esos animales, mediante la adecuada educación, serán altamente gratificantes en la caza.

Observar

El aprendizaje observacional es el modo de aprender más natural, el perro forma asociaciones entre condiciones y resultados. Ya desde joven aprende que cuando su dueño prepara la escopeta al día siguiente disfrutará cazando y expresa su alegría con ladridos nerviosos muchas horas antes de que se produzca el hecho gratificante, la salida al campo. El aprendizaje medioambiental permite al perro crearse una representación mental del entorno inmediato en el que incluye las actividades que desarrolla habitualmente. El aprendizaje social le permite responder a las señales emocionales que recibe de otros perros o del hombre, el animal distingue señales concretas que aportan recompensas.

Individualidades

Los perros dominantes, con un porcentaje de adrenalina superior a la media, mantienen una actitud vigilante, siempre alerta. Se trata de animales resistentes a la tensión psicológica, cuya vigilancia les permite preparar el organismo física y mentalmente para responder a todas las eventualidad que se le presenten en el cazadero. Pero en general son animales de más difícil control y educación, rebeldes, aprenden antes los resabios. En los perros de muestra los machos son físicamente más grandes, más fuertes y más resistentes, lo que les hace a veces difíciles de controlar y adiestrar. Las hembras son más aptas en las tareas de utilidad y de obediencia. Ésta es la razón de que algunos cazadores prefieran una hembra para cazar, las cualidades de su olfato, inteligencia y aptitudes son iguales a los machos y el control resulta bastante más sencillo.

Cada perro es un mundo diferente, con una personalidad propia marcada por factores tan diversos como la impregnación que recibió de cachorro o la sociabilización posterior. El adiestrador precisa tener sensibilidad para captar en cada momento las reacciones del perro y responder a ellas con los estímulos adecuados, se trata de una mutua interacción. Esta sensibilidad sólo se obtiene prestando verdadero interés al perro, observándolo desde cachorro en todas sus aptitudes, analizando su comportamiento, comparándolo con el de otros perros y, en definitiva, trabajando el perro con vocación y afecto hacia el animal.

(Texto: Eduardo de Benito. Fotos: Maite Moreno).


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