Cómo sacar el máximo partido al trabajo de dos perros

Colleras: buena combinación

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Basándonos en diferentes suposiciones e incluso en la convicción de que dos siempre supone el doble de uno, muchos aficionados salimos al campo con varios perros, siendo a menudo la pareja o collera el equipo ideal para servir a nuestra escopeta.
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Las colleras de perros de caza pueden hacer que nuestra percha aumente.

Y siendo cierto que dos perros mueven más terreno que uno, hemos de diferenciar lo que supone recorrer cazadero y trabajarlo adecuadamente. Hay cazadores que ni con dos, ni con tres perros obtienen mejores resultados que con un único ejemplar centrado y trabajador. Aun así, es bien cierto que hay cotos y dinámicas que sí agradecen la participación de la collera bregando por delante de nuestra escopeta.

¿Cuándo se necesita más de un perro?

Pues entrando directamente a la respuesta, allí donde un único perro no puede resolver la mayoría de los lances. Y esto ya condiciona bastante los límites entre lo necesario y lo que pensamos que es necesario. Allí donde el monte o la dureza del cazadero o de las piezas hacen que un único perro no saque rendimiento suficiente a su trabajo, podemos apostar por un segundo ejemplar siempre y cuando logremos que cacen conjuntados. De otra forma, resulta aún peor. Lo que ocurre es que muchos cazadores se sienten más seguros y con mayores posibilidades llevando al campo dos perros. Parece que entre los dos sacarán más caza y la percha lo agradecerá al final de la jornada. Pero hemos de insistir en que, en esencia, ahí no radica el secreto de este trabajo conjuntado, ni el valor del resultado.

Sí es recomendable y mucho más productivo cazar con dos perros cuando trabajan complementándose o parcelando el cazadero que abarcamos con el disparo, siempre que ni compitan ni rehúsen la colaboración entre ellos. Y esto último, como iremos viendo, no es sencillo. Eso sí, quien lo logra, tiene un tesoro; cazar conejos, codornices, perdices con una collera hermanada y de trabajo medido es un disfrute al alcance de muy pocos cazadores. No debemos caer en el error de salir con dos mejor que con uno cuando pretendemos hacer más ruido, es decir, que entre los dos suplan lo que debería ser eficaz en un único y buen ejemplar, sea éste de la raza que sea. Debemos esforzarnos en recuperar nuestra cultura cinegética antigua. Nuestros perros de caza deben hacer de todo: buscar, ventear por alto y por bajo (esté como esté el día), localizar, acotar la pieza, marcarla, guiarla, seguirla (¡lo que pida la pieza en ese momento!), llegar a pararla si es posible, mostrar entonces y recuperarla tras el disparo.

Un error muy extendido es intentar compaginar el trabajo de dos ejemplares ‘especializados’ para sacar más partido en la jornada. Por ejemplo, salir con un pointer para que cace fuerte y con recorrido amplio, y con un bretón o un braco para que registre la zona más cercana a nuestra escopeta. La idea, como idea, no es mala, ¿verdad? Pues no nos engañemos, esto no funciona. Pero insisto, solamente allí donde un único ejemplar bien metido en la caza no logra sacar rendimiento suficiente en terrenos con una densidad de caza media o baja (arroyos muy apretados en la caza de la codorniz, monte bajo intrincado y sin tiraderos en la caza de conejos, perdices muy quedonas en terrenos secos y duros, liebres muy perreadas en cazaderos de llano...) y cuando cazamos en jornadas de muchas horas y con un ritmo bastante movido, debemos buscar una buena pareja.

La acción esperada: barrer el campo

Éste es el efecto que la mayoría busca al cazar con dos perros; no dejar caza amagada o sin detectar en nuestro avance. Pero en el fondo, si cazamos con un perro completo, dándole su ritmo y estando bien dispuestos a servir los lances (¡se pierden más lances por nuestra mala colocación que por los fallos de un buen perro!), lograremos resultados similares.

Pero vale, dispongámonos a cazar con dos perros (yo lo hago). Es una experiencia que deberíamos vivir en la apuesta por formar un buen equipo de perros que cacen cohesionados y con iniciativa respetada entre ellos. Aquí los ejemplares talonadores, los segundones y los que zorrean, acompañan y estorban al perro que caza de verdad, y en ese caso deberíamos verlo rápido y cazar únicamente con ese buen ejemplar. Un equipo de dos perros siempre rinde más a partir de la mitad de la jornada que a primera hora, cuando cazamos en terrenos más perdiceros que conejeros. Esto es simple porque, en esta primera fase, el cazador ha de centrarse en montar y rediseñar las estrategias necesarias para encaminar a las perdices, dinámica que se compatibiliza con la mayor amplitud y velocidad que nuestros perros mantienen en los inicios de la jornada.

Dos perros un poco más fuertes de lo deseable, en los inicios, no ayudan más, pero en determinados terrenos no estorban demasiado, sobre todo si a costa de este precio luego tenemos muchas más ocasiones de tirar patirrojas por ser un cazadero complicado. Lo que sí debemos tener claro es que a la hora de matear, registrar, concretar los pájaros amagados tras varios vuelos y fuera ya de su querencia, esos dos perros deben dar nota alta.
En los terrenos conejeros de monte bajo y mata media, los dos perros sí pueden levantar más conejos a primera hora. Lo ideal será irlos metiendo en el cazadero por la zona más pobre, para llegar ya con los perros calientes y centrados a las zonas con más posibilidades de tirar rabicortos. Aquí a menudo nos equivocamos, ya que entramos directamente a las zonas más golosas y, ya se sabe, a menudo encerramos muchos conejos que un poco más tarde podríamos haber tirado a perro puesto. En estos cotos a partir de media mañana, con conejos encamados, es un lujo cazar con dos perros que partan el trabajo: tirar conejos a perro puesto, disfrutar de algunos patrones y ser testigos de cómo las experiencias de dos buenos auxiliares se alían para rodear bien la mata y entrar al conejo a fin de que tiremos con garantías, incluso ver cómo alguno cae a diente... A pesar de todo esto, ¿dónde sacamos verdaderamente partido a este barrer el cazadero con dos buenos perros? Pues en las zonas en las que otros cazadores ya han estado y sabemos que, por la velocidad de su avance o por la escasa calidad del trabajo de sus perros, ha quedado caza amagada o encamada. Ahí está la medalla para este equipo.

Basta rememorar esas ocasiones en las que hemos entrado a un barbecho o a un arado recién cazado por una mano que cruzó atropellando el cazadero con sus perros, y allí mismo hemos tirado alguna que otra pieza parada por el avance de los otros cazadores, pero finalmente no localizada por sus perros. Aquí, a un cazador con oficio y dos buenos perros, la percha le gana peso a menudo hasta límites que no nos creemos ni nosotros mismos. Los objetivos de última hora para quien cace con un par de perros bien hermanados son todas las linderas, liegos, arroyos, límites del olivar con el barbecho, bordes de las viñas, lindes del monte con los llanos, laderas abrigadas y soleadas, asomadas en cañadas y cerros de llano, cerros de monte bajo en el llano...

Riesgos y ventajas de dos mostradores juntos

Dos perros de muestra cazarán juntos y ayudarán a mejorar los resultados del cazador siempre y cuando no exista competencia desmedida y la jerarquía esté bien clara, siendo lo deseable que nosotros seamos el verdadero líder del grupo y ambos perros estén bajo nosotros pero en un nivel parecido, sin dominancia excesiva entre ambos. Pero esto último se da en pocas ocasiones. Lo normal es que un perro sea jefe y el otro escudero, aunque ambos nos atiendan en su trabajo.

Si uno de nuestros perros caza con una iniciativa tal que se desentiende por completo del segundo perro, llega el momento en el que uno comienza a tirar y el otro se pica. En ese momento, el riesgo de que se dediquen a comer terreno en la pugna es muy grande. Del mismo modo, un perro veterano y otro nuevo no se complementan ni coordinan bien; el primero querrá, inevitablemente, dejar atrás al pesado del cachorrón, mientras que éste se dedicará a seguirlo y a intentar estar cerca de él, con lo que llega el momento en el que ambos se desentienden de nosotros.

Dos ejemplares de mediana calidad nunca mejoran resultados con respecto a un perro de muestra centrado y bien metido a la escopeta, ni en días secos ni con mucha o poca caza. En esos días tiraremos algunas piezas más (residuales tal vez), pero mejores puntos de categoría vamos a lograr con ese perro curtido y que caza con y para nosotros, sin estridencias ni salidas de tono, en un continuo mateo y búsqueda aquí y allí, cruzando delante, buscando la ventaja a la pieza escondida, amagada o que apeona. Seguro que habéis contemplado ese pique entre dos perros que cazan con su dueño. No digamos ya si la jornada se realiza en mano con la cuadrilla... Entonces, si complicado es sujetar y apaciguar a un único perro, dos nos pueden volver locos en media hora. No debemos dejarnos llevar por sueños ni espejismos. Es complicado encontrar ese equilibrio fundamental en dos perros mostradores para que cacen acoplados y para la escopeta.

Pero no todo es malo cuando dos narices ventoras escudriñan al viento por delante. De poder hermanar dos ejemplares, y siempre que tengamos claro que no siempre van a duplicar los resultados, podemos obtener enormes satisfacciones al cazar con estos dos perros tanto en los casos que hemos comentado como en situaciones complejas, caso de cazaderos muy pobres y en momentos tensos por cobros complicados.

Colgar dos o tres piezas trabajadas por uno o por otro (a veces, por los dos perros), poder firmar si es necesario que por allí donde hemos pasado no ha quedado ni una pieza escondida y, sobre todo, recuperar la totalidad de las piezas abatidas y a menudo en escape tras el disparo, son cosas que ya tienen peso suficiente. Además, creo que la mayoría de quienes cazamos con dos perros de muestra aprende a controlar el tiradero muy rápido. Pienso, incluso, que esa atención constante que requieren dos perros trabajadores hace que perdamos menos lances, pues siempre vamos atentos a todo, dispuestos a reaccionar ante el levante de uno o la muestra súbita del otro.

El ámbito de los levantadores

Sin duda alguna éste es el reino de la collera de perros de escopeta. Cuando salimos de los portentosos perros mostradores y entramos en el terreno del podenco andaluz, del springer (que suma enteros continuamente en estos últimos años por su demostrada valía en nuestros cazaderos), incluso del cocker, directamente debemos descubrirnos, pues tratamos con especialistas en el trabajo en equipo. Seguramente el equipo más resolutivo para cualquier terreno y ante cualquier pieza del triunvirato perdiz-conejo-liebre sea el constituido por dos podencos andaluces de talla chica o mediana. Es más, me atrevo a afirmar que este equipo puede resultar brillante tanto en la mitad sur como en la Meseta y en determinadas zonas norteñas, si bien es cierto que, por cultura cinegética, es del centro hacia abajo y en la cuenca mediterránea donde más se conocen sus virtudes.

¿Es que hacen falta dos podencos para levantar la caza? No, nada de eso. Alguien diría que con medio podenco ya hay de sobra... Lo que ocurre es que estos perros sí suelen sumar con mucha naturalidad sus esfuerzos en el trabajo de caza, con lo que a nada que el cazador seleccione un poco y tenga claro la casta que mejor se adapta a sus necesidades, sacará enorme partido desde la codorniz escasa de los arroyos veraniegos hasta las últimas y duras patirrojas barbecheras de finales de temporada.

(Texto: Miguel F. Soler. Fotos: Archivo).

 


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