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Las claves de un buen perro para el puesto de tórtolas y torcaces

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La media veda que tenemos a sólo un par de semanas nos permite cazar en puesto fijo torcaces y tórtolas, algo que en principio resulta sencillo para el perro de caza, pues debe tener una buena obediencia y paciencia hasta recibir la orden de cobro.
Templanza, equilibrio y buena obediencia son las bases sobre las que se fundamenta el bien ser y el bienestar del labrador retriever, sin duda el rey del cobro.
Nunca excitemos a un cobrador que esté haciendo con pausada eficacia su trabajo, es más efectiva la calma que la precipitación

Es conveniente que el perro vea caer las piezas, pues de este modo facilitamos su educación y el trabajo que le exigimos. Un perro de muestra puede trabajar perfectamente como cobrador en puesto, aunque tengamos razas especialistas como los labradores.

Este cometido del perro tan reducido ocasiona que con frecuencia los aficionados a las torcaces desdeñen el uso de los perros de caza. Alegan, y no sin razón, que la mayoría de los que acuden a esta caza con su perro llevan animales sin la educación adecuada para el trabajo que se les encomienda, por lo que se convierten en un estorbo.

¿Qué raza me llevo al puesto?

Entre los perros que pueden ser aquí útiles tenemos una amplia panoplia, como los springers y los cockers, razas de poco tamaño, cómodas en el puesto y que cumplen de maravilla las labores de cobro.

De entre los de muestra cualquiera enseñado cumple las perspectivas que de ellos se espera, pero sin duda es el epagneul bretón la opción más adecuada, por su tamaño medio, su docilidad y sentido de la obediencia y su buen aguante al calor del verano.

Es preferible olvidarse de razas muy enérgicas o nerviosas como el drahthaar o el braco alemán, que sufrirán la inmovilidad del puesto y de las razas británicas, en general más trabajosas para el cobro.

Educación desde cachorro

Es adecuado enseñar al perro de cachorrón a permanecer quieto, sin irrumpir en ladridos de excitación cinegética cuando oye el disparo que promete una captura. Que el perro ladre insistentemente y que salga corriendo cada vez que disparamos son los dos inconvenientes más serios que nos encontraremos en la educación del perro.

El ladrido es una conducta que puede inhibirse. Si le reprendemos cada vez que lo hace la mayoría de los ejemplares aprende a controlarse. Otro medida, más drástica y de resultado infalible es ponerle un collar eléctrico antiladrido. Frente a la vibración sonora que el collar capta en la garganta del perro provoca una descarga de muy poca intensidad que inhibe el comportamiento. Puede adquirirse en cualquier tienda especializada.

Respecto a la costumbre de salir corriendo la solución es tan sencilla como mantenerlo a nuestro lado tumbado, lo que exige una educación básica bien afianzada en el animal. De cualquier modo hemos de evitar que el cachorrón deambule de un lado para otro presa de su ardor cinegético. La solución más sencilla, si nos falla la educación, es mantenerlo atado hasta el momento de recuperar las piezas abatidas.

Mecánica del cobro

El cobro es una faceta del trabajo del perro de caza de gran importancia. Íntimamente asociada con el cobro se encuentra la búsqueda de la pieza abatida. Para su realización intervienen dos sentidos, la vista mediante la cual el perro observa el entorno donde cayó la pieza, y el olfato para localizar esa pieza.

Es simplista limitar la dificultad del cobro al acto de portar en la boca una pieza, ya que entendemos por tal la compleja labor que supone buscar y recuperar la caza abatida, aunque no se la haya visto caer, y llevarla hasta nuestras manos.

Todo ello supone que el perro localice la fuente de emanación, una pieza muerta o herida que en numerosas ocasiones se encuentra a considerable distancia del lugar en que aparentemente cayó, ya sea por el pelotazo que la rebota lejos como porque el animal herido apeona buscando protección.

El labrador, el especialista

El labrador retriever es sin duda el rey del cobro, un perro de cualidades excepcionales para recuperar la pieza abatida, que puede ser compañero perfecto en estas jornadas de caza.

Los labradores se inscriben dentro del tipo volitivo o cerebral, representado por una individualidad en que lo afectivo marca una tónica de función en sus relaciones con el hombre.

Como tipo cerebral los retrievers destacan en todos sus actos por sus perfectas e intensas voliciones, en ellos las reacciones ante determinadas excitaciones son siempre diferentes y siempre juiciosas. El tipo cerebral se caracteriza fenotípicamente por la correlación equilibrada de todos sus órganos y regiones corporales, sobresaliendo la cabeza, de bella forma, dimensiones apropiadas y frente amplia.

El labrador tiene una cabeza de buen tamaño, un cráneo amplio que deja espacio a un cerebro bien desarrollado, por algo es una de las razas caninas más inteligentes que existe y además de las más equilibradas psicológicamente, lo que nos va a resultar muy útil en este tipo de cacería.

En el puesto el labrador tiene mucho que hacer y generalmente lo hará bien. Se fijará donde caen las piezas con una memoria sorprendente y las recuperará con más sorprendente eficacia. Las que cayeron de ala y buscan esconderse apeonando serán detectadas por su finísimo olfato, ya que es capaz de rastrear como el mejor de los sabuesos.

Templanza, equilibrio y buena obediencia son las bases sobre las que se fundamenta el bien ser y el bienestar del labrador retriever. Nada de animales nerviosos, que acostumbrados a la caza en mano se pongan a ladrar nerviosos, que no aguanten quietos a nuestro lado y tengamos finalmente que atar recrudeciéndose sus ladridos. Todos estos comportamientos conflictivos son ajenos al labrador.

A su momento, cuando nosotros así se lo ordenemos, el labrador saldrá del puesto y trabajará a conciencia, buscando con calma, única posibilidad de trabajar con precisión y recuperando y trayendo a la mano la pieza abatida.

El perro que busca alocado, al que le comen los nervios y prisas, suele trabajar mal. Nunca excitemos a un cobrador que esté haciendo con pausada eficacia su trabajo, repito que resulta más efectiva la calma que las precipitaciones.

(Texto: Eduardo de Benito. Fotos: Shutterstock y Archivo).


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