Claves para controlar a los perros

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Una vez agotadas las primeras salidas al campo, ésas en las que la nota predominante ha sido una ilusión exacerbada por la abundancia de piezas, no podemos esconder una cierta preocupación por lo que aún nos resta de temporada.
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Perro de caza con percha de perdices.

Los días de inicio y cierta facilidad quedaron atrás, pues los animales, en particular las perdices, allí donde se las cazó, demostraron cierta flaqueza para defenderse durante todo el mes de octubre. De ahí que hubo muchos cotos que, con buen criterio, retrasaron su caza hasta mitad de noviembre, tras las primeras lluvias otoñales, que se hicieron esperar más de la cuenta, allá por los últimos días del mes de la Pilarica.

Rendimiento canino

Los perros han sido los grandes protagonistas en este mes y medio que llevamos de campaña, ya que en la cordura de sus dueños estuvo la continuidad de su rendimiento para todos los días y no sólo en la desveda, día en el que, por desgracia, más de uno, por falta de agua y cuidados, dejó su vida en los montes y llanos, los cuales estaban cargados de polvo no sólo por la ausencia de lluvias, sino por unas temperaturas inusuales para el momento en el que nos encontrábamos.

Ya no queda lugar para las lamentaciones, y aquéllos que traspasaron la línea del sobreesfuerzo habrán debido esperar más de quince días para retomar la caza con sus perros, aspeados de forma brutal por el castigo de demasiadas horas pisando aridez y piedras que, como lijas, azotaron a muchos canes.

Claro que, con tanta caza como veían volar y correr, pues conejos y liebres, en líneas generales, hubo para divertirse, nuestros auxiliares perdiceros, en los que invertimos muchas horas de constante trabajo intentando conseguir controlar que no corran detrás de las piezas de pelo, se vinieron abajo enseguida, así como los disparos de los cotos se fueron apagando y casi enmudeciendo más allá de las once. Con tal panorama, poco proclive para la caza, los rendimientos olfativos de los perros estaban a menos del cincuenta por ciento, por lo que dar con los rastros, tanto de piezas vivas como de heridas, fue difícil para los perros cuyos cazadores decidieron agotar todas las horas del calendario de caza establecido por sus respectivos acotados.

Corrección de defectos

A más de un aficionado le sorprendió esa cantidad de caza y, tal vez, mucho más a su perro, que como loco iba de un lado para otro, unas veces controlado por su fatiga, otras -las más- desmesurado por su pasión, generalmente dejándose llevar más por los deseos visuales que por otra circunstancia.

Y ahora viene lo peor, corregir a nuestro perro, al que no hemos sabido dominar durante los primeros días. Y esto quizá debido a que hemos sido un tanto avariciosillos por conseguir unas perchas abultadas y no nos hemos parado a pensar en los defectos que hemos transmitido y cuya rectificación nos costará más de una salida al campo.

Tenemos varias posibles causas de que un perro esté descontrolado en sus salidas al campo con la escopeta. La primera y más repetitiva es la motivada por el dueño que no se ha preocupado de sacarlo y mostrarle, aunque sea veterano, que el desfogue de algunos paseos quedó atrás, que la campaña está aquí y que ahora toca lo que toca.

En este supuesto la solución pasa por estar pendiente un par de domingos de regañarle y disminuir el paso, dedicando la primera hora de la mañana a que nuestro can vaya y se encuentre controlado. El mecanismo de la memoria, que está presente casi siempre, hará el resto del trabajo, pero no olvidemos que de la misma forma que se recuerda lo bueno, también aparecen las secuelas de lo que denominamos vicios, que cuesta Dios y ayuda corregir.

Otro de los supuestos es que nuestro animal esté acostumbrado a ver poca caza y de repente, debido al nuevo coto al que acude, un terreno donde hay mucha caza para uso comercial, se vea descompuesta su pasión, que se va disparando por segundos. Ante esta papeleta el propietario no tendrá claro qué hacer y al final optará por dejarlo en el coche para que no moleste a los compañeros de cuadrilla. Aquí sí es necesario, pero sabiéndolo manejar con mucha cautela, el uso del collar de impulsos, que previamente debería conocer el animal con el fin de no tener el ‘aviso’ en su lugar de esparcimiento, pues dependiendo del carácter del perro puede crear secuelas de difícil solución, al menos de forma inmediata.

Con demasiada caza, al menos en los primeros días, algunos perros se vuelven mirones; así los catalogo yo de forma cariñosa. Están pendientes de los disparos, demasiado abundantes, y como conocen lo que éstos conllevan, se ponen en posición de alerta. Así, los perros van más pendientes de visualizar y escuchar lo que va sucediendo en su entorno que de utilizar su nariz para detectar la presencia de caza.

Creo que más de uno hemos vivido esta circunstancia, y desespera ver cómo la caza sale cerca, en condiciones de ser levantada o mostrada por nuestro perro, pero, en cambio, poca importancia tiene en su mente esta necesidad. Lo que cuenta es lo que corre o vuela y que después hay disparos, condicionantes ineludibles para todo perro de caza.

La solución para el problema anterior pasa por intentar sujetar el dedo del gatillo y no utilizar el arma, a no ser que la acción con la pieza entendamos claramente que fue trabajada mediante su nariz y que sus habilidades como perro son lo más próximas al estándar de su raza. Creo que todos entendemos a qué me estoy refiriendo.

Los perros son animales muy listos y suelen entender enseguida lo que les pedimos, la cuestión es no confundirlos con castigos que no les conduzcan a registros definidos, o hacer que lo que se le permite un día al siguiente esté totalmente prohibido, pues esto resultará muy complicado para nuestros pobres amigos, que no sabrán a qué atenerse. Como todo en la vida, hay animales más espabilados -y sobre todo equilibrados- que otros, cualidades que debemos buscar. No obstante, los últimos pueden llegar a tener una nota muy alta a través del trabajo, de la dedicación y, algo fundamental, del cariño.

En los animales el cariño que tú les brindas es percibido de una manera relampagueante, por lo que lo importante en el trabajo de campo es que el binomio cazador-perro se sienta a gusto. Es muy significativo que cada uno entienda la relevancia del otro, puesto que consecuencia de ese conocimiento adquirido tras años de convivencia es que aprecien que nuestra afición tiene un fundamento, un porqué de salir cada domingo al campo.

Otro de los supuestos, que podríamos definir como causante del desquiciamiento de nuestro perro, pasa por el poco uso que éste hace de sus facultades físicas durante el resto de los días en que no hay caza. Esta situación es cada vez más común entre los que viven en las grandes ciudades o entre aquéllos que, por su trabajo, tienen poco tiempo para sacarlos a desfogarse de su más o menos reducido habitáculo.

(Texto: Cristóbal de Gregorio. Fotos: Archivo).

 


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