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Todas las claves de su caza en verano

Caza de conejos con podencos

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Para los aficionados a la caza del conejo con perros, este adelanto de temporada, de futuro cada vez más incierto en su continuidad, es una buena oportunidad de poner en práctica muchos aspectos de cara a la campaña general.
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Caza de conejos con podencos.

Actualmente, las fechas en las que se lleva a cabo el otrora denominado “descaste” varían en las distintas comunidades autónomas, e incluso de un coto a otro en la misma autonomía, según su plan de caza. Pero si las comparamos con los periodos autorizados al comiendo de esta modalidad, allá por los años setenta del pasado siglo, la reducción de jornadas es cada vez más fuerte, llegando en la actualidad a estar eliminada esta caza veraniega en algunos territorios y reducida a pocas jornadas en otros. En algunas autonomías, este año el periodo de caza conejera ha quedado reducido a cuatro días, entre junio y septiembre, según las características de cada cazadero y del plan que lo ordena.

Aunque la caza de conejos con podencos en verano no tiene la misma espectacularidad que en otoño e invierno (por razones de temperatura, humedad y costumbres del lagomorfo), sí que nos sirve para probar a los nuevos cachorros (su pasión, tenacidad, resistencia, olfato y cobro) e integrarlos junto con los veteranos de la recova, poniendo así a punto, con las debidas precauciones, nuestro equipo y a nosotros mismos.

Campeos previos y señales de alarma

Antes de enfrentar a nuestros perros a jornadas de caza reales con temperaturas más altas de las normales, se hace indispensable un periodo previo de campeos y/o entrenamiento físico de otro tipo y de duración progresiva; por ejemplo, sacarlos a correr tras nosotros o nuestra bicicleta, si no disponemos de zonas de campeo. Al hilo de esto, sería muy necesario que las distintas administraciones clarificasen bajo qué condiciones podemos sacar a entrenar a nuestro perro de caza en época de veda (en la mayoría de los reglamentos de caza se habla de manera ambigua de “tener al perro controlado” cuando lo saquemos en época de veda, sin aclarar lo que esto significa). Por ejemplo, pienso que sacar al perro con bozal debiera ser más que suficiente. No soy partidario del uso del tanganillo, que puede ocasionar lesiones por caídas en carrera o golpes en los antebrazos y en las articulaciones.

Lo ideal es que los campeos en zonas de adiestramiento se realicen a primera hora del día, empezando con sesiones de media hora y prolongándolas progresivamente, durante un mes, con dos o tres salidas semanales, hasta llegar a las dos o tres horas ininterrumpidas de ejercicio. La manera correcta de realizar estos campeos consiste en situarnos en un lugar de buena visibilidad y dejar trabajar al perro durante un rato, hasta que vuelva a nuestra posición. Es muy importante que no cambiemos de sitio, para no generar sensación de desconfianza en los perros jóvenes, que siempre nos deben tener situados. Y si lo hacemos, indicarlo con algunos silbidos o chasquidos de lengua, a no ser que lo realicemos con la clara intención de obligar a que nos busque ese perro joven que se toma demasiadas confianzas y se aleja sin motivo de nuestro radio de acción. No debemos acostumbrar al perro al voceo en el campo, ni siquiera para llamarlo por su nombre.

Tenemos que estar atentos a las señales de alarma de nuestro perro, como el excesivo caldeo, y más si éste se produce con los ojos cerrados, señal inequívoca de que el animal se está olvidando de cazar por excesivo calentamiento. Por supuesto, es conveniente hidratarlos varias veces, incluso añadiendo al agua que portemos algunas sales minerales que se suelen vender para uso de deportistas. El aspeo de las almohadillas es otro factor que debemos vigilar en los primeros días, retirando inmediatamente al perro que veamos cojear o con problemas de apoyo. En la actualidad se venden en farmacias veterinarias buenos productos cicatrizantes para atajar este problema.

En la caza

En verano, el olfato de los perros se resiente mucho por razones obvias. De esta manera, debemos insistir y repasar con paciencia los terrenos con cobertura vegetal abundante, caso de esparteras espesas o zonas de pasto alto y espinos, donde he visto muchas veces levantarse el conejo tras haber pasado el perro casi por encima de la cama. Ese mismo perro, con clima adecuado, lo hubiera detectado encamado a bastantes metros de distancia. Un podenco veterano sabe perfectamente cuándo tiene limitada su capacidad olfativa y, por lo general, se vuelve más repasador en esas jornadas, insistiendo mucho más en las zonas espesas querenciosas.

La estrategia consiste en situarnos en un lugar dominante para el tiro y dejar que el perro repase el terreno. En este tiempo de verano, un podenco que habitualmente no tiene tendencia a la parada nos puede sorprender con paradas espectaculares sin previo aviso mediante el rabeo. El motivo es porque se encuentra de golpe con la emanación de la pieza encamada a escasa distancia, lo que le hace parar de golpe su deambular para dilucidar cómo resuelve el lance. Esta breve parada, que algunos buenos podencos suelen prolongar hasta que nos ven bien situados, nos ofrece tiempo para mejorarnos en el disparo, que por lo general suele requerir rapidez, precisión y saber renunciar muchas veces al mismo, si vemos que la posterior carrera del perro tras el conejo no nos da opción a tirar con seguridad.

En este tipo de terrenos no son necesarios muchos perros; con un par de buenos podencos o tres siempre tendremos más oportunidades para el tiro, sobre todo si vamos cazando solos o con otra escopeta. Es más efectivo el tipo de podenco levantador o escopetero para estas zonas, de menor recorrido y latido y de cazar más pendiente de la escopeta. Tenemos que contar con que muchos conejos los cogerán a diente los perros en la misma cama o en el momento de la salida.

En terrenos de matorral despejado o cubierto pero con espacios por debajo, como suelen ser jarales, montes de chaparro y lentisco, aliagas grandes o zarzales huecos, el conejo, en este tiempo de calor, suele ir muy por delante de los perros, buscando el encerradero o salirse de la mancha que estamos cazando. Se impone la caza en posturas largas respecto al avance de los perros, en los claros o salidas de la mancha, guardando silencio total. Estas posturas deben estar situadas antes de soltar a los canes o de que éstos entren en la mancha, ya que es frecuente que los conejos empiecen a andar nada más escuchar los primeros latidos y el movimiento de las matas, presentándose gazapeados en las posturas. En estos terrenos, el podenco de más recorrido y latido lleva ventaja y se aconseja un mayor número de perros, sobre todo en manchas de mucha extensión y cobertura.

Es frecuente, en este tiempo, que algunos perros que no tienen problemas para el cobro en condiciones normales, abandonen algún conejo que habían embocado por la dificultad que les conlleva portarlos si van caldeados. Se hace indispensable realizar alguna parada para refrescar a los animales y estar muy pendientes del recorrido que hace el perro que va portando un conejo, para buscarlo o reconducir al perro si de pronto lo vemos sin la pieza en la boca. Como decíamos al principio, siempre debemos tener presente que ésta no es la mejor época para la caza de conejos con perro, sobre todo en las zonas en las que suelen abundar los rabicortos y, por tanto, se producen más lances, que son los terrenos secos.

(Texto: Manuel Pedrosa, www.elpodenquero.com). Fotos: Archivo).


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