



Hacía mucho tiempo que un modelo no causaba tanta expectación en el garaje de la redacción. Ni Aston Martin DB9, ni Audi R8, ni Mercedes-Benz SLS... todo el mundo quería ver y sentarse en la última creación de Land Rover, el Range Rover Evoque. Claro que si les digo que en vivo es, incluso, más llamativo que en las imágenes, entenderán rápidamente el porqué.
Llevar la nomenclatura Range Rover en el frontal conlleva una gran responsabilidad. De hecho, solo dos modelos la han portado en más de cuarenta años de historia. De ahí que el reto que se le planteaba a la firma británica no era sencillo. Pues bien, después de haber podido analizarlo pormenorizadamente, podemos afirmar que lo han superado, y con nota. Tanto por comportamiento, como por acabados y equipamiento, el Evoque merece entrar a formar parte de la “élite” de los todocaminos “Premium”. Bien es cierto, y todo hay que decirlo, la marca ha puesto a nuestra disposición la variante con el acabado más lujoso de la gama. Por eso, su precio también es “digno” de un Range Rover... aunque de esto, ya hablaremos más adelante.
Comenzando por el exterior, tras haber convivido con el Evoque, sólo ppodemos afirmar una cosa: no deja indiferente a nadie. Y, de momento, los comentarios positivos superan, de largo, a los negativos. Punto para Land Rover. En su interior, el buen gusto se entremezcla con una cuidada ergonomía y un puesto de conducción entre los mejores de su categoría. En definitiva, lo que se espera de un Range Rover, ni más, ni menos. Sin embargo, la carta blanca dada a los diseñadores de la carrocería se cobra su precio cuando miramos por el retrovisor interior. El pequeño tamaño de la luneta trasera limita mucho la visibilidad. Eso sí, la marca ha buscado reducir este inconveniente instalando unos retrovisores exteriores de gran tamaño. Algo es algo.
El Evoque tampoco decepciona a la hora de circular por asfalto. Su velocidad de paso por curva es equiparable a la de un BMW X1, la referencia del segmento en este apartado. La suspensión es firme, pero no tanto como para llegar a incomodar a sus ocupantes. En este aspecto, conviene resaltar que, aunque la carrocería de tres puertas está homologada para cuatro pasajeros, el aforo puede ampliarse a cinco, con un mínimo sobrecoste. En lo que respecta a la mecánica, el “SD4” hace referencia al motor turbodiésel de 2,2 litros de cilindrada y 190 CV de potencia, que hace al Evoque un coche bastante rápido, aunque algo falto de fuerza por debajo de 2.000 rpm. El cambio automático de seis velocidades, dotado de levas tras el volante, también aporta su “granito de arena”, aunque resulta algo brusco en reducciones.
Lo cierto es que no veremos muchos Evoque fuera del asfalto, pero no será porque sus cualidades no se lo permitan. En este aspecto, supera, de largo, a un BMW X1 o un Audi Q3, los modelos más semejantes. Y gran parte de esta ventaja se la debe al sistema “Terrani Response”, que permite seleccionar entre cinco modos de funcionamiento que adaptan el funcionamiento del motor, de la caja de cambios, del sistema de tracción integral y del control de estabilidad “DSC”, en función del terreno por el que circulemos. Su eficacia es tal que el verdadero límite se lo imponen los neumáticos, orientados al uso en asfalto, y la escasa altura al suelo.
Si se han quedado “prendados” de este Evoque, es posible que no les guste lo que voy a decirles. Su precio es de 53.100 €, para los nostálgicos, casi nueve millones de las antiguas pesetas. A cambio, eso sí, nos llevamos un vehículo sin parangón, tanto por el tipo de carrocería, como por el refinamiento de sus acabados. Por algo forma parte de la “nobleza” de los todocaminos. Bienvenido, “Lord Evoque”.
(Texto: Rogelio Camargo. Fotos: RCA Photo).









