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Probamos la nueva Benelli Montefeltro Beccaccia calibre 20

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En el marco del castillo de Gleneagles, en Escocia, famoso por su magnífico campo de golf y por la gran calidad de todas sus instalaciones, Benelli ha hecho la presentación de la nueva escopeta Montefeltro Beccaccia del calibre 20.
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Probamos la nueva Benelli Montefeltro Beccaccia calibre 20.

A este evento acudieron representantes de la prensa especializada de numerosos países europeos (Italia, Francia, Inglaterra, Bulgaria, Grecia, Portugal y Rusia), así como los distribuidores de Benelli en cada uno de esos países. Por parte española, estuvimos varios periodistas junto a  Alfonso Rilo, director general de Beretta-Benelli Ibérica, y tuvimos la oportunidad de probar en primicia este nuevo producto en el que Benelli ha depositado grandes esperanzas.

La presentación, con todo lujo de detalles, corrió a cargo de Lucio Porreca, export manager de Benelli, explicando por qué esta marca está realizando una fuerte apuesta por la utilización del calibre 20/70. Comentó que son muchos los cazadores europeos con experiencia que se están cambiando a este calibre y que ahora ya no se utiliza tan sólo como un calibre de transición y aprendizaje, sino que se ha convertido en toda una opción para los cazadores, de ahí la apuesta de Benelli con varios modelos en el mercado, la Montefeltro, la Duca di Montefeltro, la Rafaello Crio, la nueva Montefeltro Beccaccia e incluso la Rafaello Slug, especialmente pensada para la caza mayor en batida.

Calibre 20

El calibre 20/70 ha tenido en los últimos años un fuerte resurgir, convirtiéndose para muchos cazadores en sinónimo de elegancia y deportividad. Elegancia porque al ser un calibre más pequeño, sus líneas suelen ser más estilizadas, aportando un aire más señorial, y deportividad porque son muchos los cazadores que ante la limitación o cupos que tienen en sus cotos, han decidido disparar con un cartucho menos potente para, en teoría, dar más oportunidades a la caza, y digo lo de en teoría porque como hemos podido comprobar en estas jornadas, el calibre 20/70 abate prácticamente igual que el 12/70. Como casi siempre, depende de las manos que lo utilizan. Pero para mí la verdadera ventaja del calibre 20/70 es que las escopetas son más ligeras y manejables, permitiéndote soportar una larga jornada de caza en mano sin someterte a un peso excesivo. Además, su retroceso es menor, por lo que también aportan confort en el tiro. El calibre 20/70 dispone de una amplia gama de cargas que se adaptan a todas las modalidades de caza, desde 24 gramos hasta 32, pero no caigamos en el error de usar cargas excesivas, ya que con las de 24 y 26 gramos este calibre es más que efectivo. Aun así, si lo que buscamos es algo más, existen varios modelos con cargas de 30 gramos y algunos de 32 con vainas de 70 milímetros.  A continuación tomo la palabra Roberto Maggarotto, director de marketing, que nos explicó las características de la nueva Montefeltro Beccaccia calibre 20.

La escopeta

A primera vista diríamos que es una Montefeltro, pero son numerosos los detalles que la diferencian. Las maderas, de un bonito y atractivo nogal europeo, están protegidas con un barniz que las protege contra la intemperie, disponiendo la culata del típico corte de las escopetas Benelli. En el guardamano encontramos una de las grandes diferencias, siendo éste bastante más corto, pues el depósito de la munición se ha acortado de manera que no caben más de dos cartuchos. Recordemos que en las otras escopetas caben dos cartuchos en el depósito porque se les ha puesto la barrilla limitadora. La carcasa, fabricada en ergal anodizado negro brillante, tiene como único adorno el nombre de la escopeta y el dibujo en trazos dorados de la cabeza de una becada. El mecanismo de recuperación es el famoso “Benelli System”, es decir, de inercia retardada y sobradamente probado en modelos anteriores. Tan sólo cuenta con una pequeña diferencia, y es que este mecanismo es un poco más corto que en otras escopetas Benelli, lo que contribuye a disminuir el tiempo entre disparo y disparo.

Es en el cañón, de sólo 61 centímetros de longitud, donde encontramos las mayores diferencias, disponiendo de una solista de fibra de carbono que además de restar peso al conjunto, evita las tensiones y dilataciones que se producen en el cañón en el momento del disparo. Sobre esta solista ventilada se hallan colocados un punto intermedio de reducidas dimensiones, pero muy efectivo para realizar una buena puntería, y un punto de fibra óptica fluorescente, también muy efectivo. Los chokes son del tipo Crio, interiores y un poco más largos de lo normal, aportando una mejor distribución del plomeo, sirviéndose con la escopeta tres chokes de 3, 4 y 5 estrellas, que son los que más hemos de utilizar en la caza de la becada, donde la mayoría de los disparos se realizan en tiros rápidos, muy intuitivos y a distancias cortas, por lo que estos chokes abiertos serán más efectivos. Una vez terminada la presentación de esta nueva escopeta, los asistentes tuvimos la oportunidad de tener una primera toma de contacto con la misma, pudiendo comprobar su gran ligereza, menos de 2,5 kilos, y su perfecto encare, cosa que en días siguientes pudimos corroborar en unas espléndidas jornadas de caza. 

De la teoría a la práctica

Con una organización perfecta a cargo de Toni Gialdini, director de la agencia de caza Montefeltro, perteneciente al grupo Beretta-Benelli y especializada en la organización de jornadas de caza, hemos podido disfrutar de dos días completos de una caza apasionante en tierras escocesas. Ante lo numeroso del grupo, aproximadamente unas cuarenta personas, la organización decidió dividirnos en cuatro grupos, cada uno de los cuales cazaría en una zona completamente distinta. Mi grupo se formó con los representantes españoles y los rusos, siendo en total nueve cazadores.
Partimos hacia el cazadero repletos de ilusiones. A cada cazador se nos había asignado una de las nuevas escopetas Montefeltro Beccaccia con el fin de que pudiéramos probarla en el campo. Con un espléndido día comenzó la primera salida, dando en ella prioridad a la caza de la becada. Ante la carencia de perros suficientes como para cazar en mano, se decidió dar pequeños ganchos donde batidores y perros procurarían levantar y guiar las becadas hacia las posturas. En el primer gancho no salió ninguna, pero se disparó bastante a las palomas, viendo cómo Rilo abatía una a distancia considerable. Sin darnos cuenta el primer gancho había acabado y ya estábamos colocados para realizar el segundo. En este sí que salieron las primeras sordas, abatiendo dos los cazadores rusos. No fue hasta en el cuarto gancho cuando tuve la fortuna de poder tirar la primera becada; me entró por la derecha, fallándole el primer tiro pero dando con ella en el suelo con el segundo. Mi alegría fue grande, pues para mí la becada es seguramente la especie reina de la caza menor. Cuando llegaron los batidores con los perros les indiqué más o menos la posición de la becada; para cobrarla había que saltar una alta alambrada colocada en una regeneración de abetos con el objeto de que los corzos no se los comieran. Cuando estábamos saltando observé que la becada no estaba muerta del todo, de forma que se lo advertí al dueño del perro, que sin tardar mucho dio con ella. Ésta intentó levantar el vuelo, pero el perro se le echó encima y la cobró. Orgulloso por la faena realizada, el dueño del perro me miraba complacido y rápidamente cogió la becada de la boca de su can, pero cuál no sería nuestra sorpresa cuando en un descuido la becada salió volando. En un primer momento no pensé tirar, pues creía que enseguida volvería a caer al suelo, pero viendo que se iba alargando decidí poner fin a la situación antes de que tuviéramos que arrepentirnos luego.

Casi sin tiempo para disfrutar del lance nos volvimos a colocar. Los ganchos eran rápidos y por lo general se daban en unos espesos bosquetes formados mayormente por abetos y algún haya. Los tiraderos eran muy complicados porque la mayoría de posturas estaba colocada en caminos flanqueados por altos abetos, así que cuando te querías dar cuenta la becada te había comido el terreno, y eso que cuando levantaban alguna los batidores gritaban a pleno pulmón avisando a las posturas. En el último gancho de la mañana se cobraron los primeros faisanes, viendo cómo Natalia bajaba un macho precioso de un certero disparo. Terminado el gancho nos fuimos a comer un taco a una granja cercana, momento que aprovechamos para comentar las incidencias del día y disfrutar de un estupendo vodka que los “camaradas” rusos habían llevado.
Por la tarde cambiamos de zona y dimos prioridad a faisanes y patos. En el primer gancho de la tarde fallé de forma incomprensible un faisán que me entró de pico y que vi venir desde muy lejos. Indudablemente su gran tamaño me indujo a error y dejé el tiro trasero. En el siguiente gancho, además de faisanes, se abatieron bastantes patos, pudiendo observar que el calibre 20 es también efectivo en estos duros animales. Todos disfrutamos mucho en este gancho, pues se disparó mucho y se abatieron numerosos faisanes y patos. Casi con la tarde acabada, el organizador decidió dar un gancho más a las becadas. En esta ocasión me tocó en una punta y tuve la gran fortuna de disparar y abatir mi segunda sorda, cayendo ésta seca, por lo que los perros no tuvieron ninguna dificultad en cobrarla. De esta manera acabó el día con una percha total de cinco becadas, unos quince faisanes, diez patos y un par de palomas.

Peor tiempo

Al día siguiente el tiempo empeoró bastante, amaneciendo un día lluvioso desde primera hora de la mañana. Cambiamos de cazadero y nos dirigimos hacia una zona más montañosa, por lo que el agua se tornó, en algunos momentos, en nieve. Por la mañana nos dedicamos a las becadas, pero dado que éstas eran muy escasas y el tiempo no acompañaba, la organización decidió tomar el taco más temprano para posteriormente cambiar de cazadero. Peter, uno de los batidores, me comentó que, dado el frío que hacía, las becadas se habían ido hace unos días más al sur, lo cual era una pena, pues me dijo que este año había muchas.

Por la tarde nos llevaron a unas grandes charcas que estaban literalmente llenas de patos. Fue llegar y comenzar el tiroteo, que duró casi media hora, abatiendo muchos patos y algún faisán. A mi izquierda Juan Francisco París bajo unos patos que le entraban por las nubes realizando unos tiros preciosos; parece mentira lo que puede alargar este pequeño calibre y lo efectivo que es con un animal tan duro como el azulón.  Mientras tanto, a mi derecha, Alfonso Rilo hacía unos magníficos dobletes, y un poco más a la derecha Natalia también se lo pasó en grande. Por mi parte no tiré demasiado bien, pero la verdad es que todos disfrutamos de lo lindo. Terminado este gancho nos propusieron dar otro más, y a pesar de lo malo que estaba el día y las bajas temperaturas, no dudamos en aceptar la proposición y darlo. Rodeamos otra charca y pronto los patos empezaron a sobrevolarnos. En este último gancho el frío se volvió casi insoportable, siendo difícil incluso cargar la escopeta, pues las manos estaban congeladas. A pesar de eso también se cazaron bastantes patos.

Por la noche, durante la cena, todo eran comentarios sobre las jornadas de caza y el buen funcionamiento de la nueva escopeta, relatando los participantes multitud de lances cinegéticos, más o menos afortunados, pero reflejando en sus rostros la satisfacción de haber vivido unas emocionantes jornadas de caza en estas bellas tierras escocesas.

(Texto y reportaje gráfico Alberto Aníbal Álvarez).

 


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