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El zorzal, pájaro de invierno

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El zorzal, protagonista del mes sigue recogiendo miles de aficionados capaces de madrugar con las estrellas y de gastar un montón de euros en cartuchos aunque no se tiren, pero hay que llevarlos, porque sino parece que no vamos a la caza del pájaro.
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El zorzal, pájaro de invierno

El bajón de la caza menor en general y sobre todo el terreno que ha ganado el monte en muchas zonas, dejándolas impracticables para la caza al salto y convertidas en un paraíso para los cochinos, zorros, tejones, comadrejas, ginetas, gatos monteses..., han llevado a la desaparición de casi la totalidad de la caza menor en muchos pueblos donde hace 30 años conseguir media docena era muy sencillo. Cambio de hábitos de los cazaderos, y como consecuencia de los cazadores que, o han colgado la escopeta definitivamente por la edad y por estar acostumbrados a unas rendimientos que dudo mucho que vuelvan, o se han decantado por otra modalidad que, como el que aquí escribe antes no se le daba importancia.

El año de pájaros está siendo casi un calco a los que estamos viviendo temporada tras temporada. Donde se les presuponía que podían ser abundantes, se les vio arribar, estar unos días y luego parecía que se los había tragado la tierra o el monte para ser más precisos, aunque me parece que la presencia de los largos tubos más o menos brillantes tuvieron la culpa de la desbandada a otros lares. Este año, me parece, a tenor de lo visto en mi referencia anual de los viñedos manchegos, no ha estado tan presente para quitarte un poco el gusanillo, una vez que te has reventado de andar cargado con un par de liebres, y mira que este año en mi querido coto manchego de Alcázar de San Juan, hemos decidido no disparar las perdices nada más que cuatro días en diciembre.

Tumbos de los zorzaleros

Una vez dejada mi perra en el coche, porque siendo joven no quiero que se pique con los pájaros, para evitar que luego me los muestre cuando camine por terrenos donde se posan el suelo en busca de olivas e insectos, así el que evita la ocasión evita el peligro. Los primeros días a las doce, me dirigí en busca de algún zorzal que pudiera estrenar mi puntería aérea, teniendo muy pocas oportunidades en los lugares donde años atrás, y cazando patirrojas no les hacía caso. En fin, dos horas dando vueltas por cerca de olivares doblados de aceituna, y por viñedos que todavía tienen uva madura que picar y muy poco pájaro sobre el que correr la mano.

Me dicen algunos aficionados especializados en buscar fincas de zorzales para su grupo de amigos, que ya no saben dónde poder acudir porque van pegando tumbos y recibiendo pocas alegrías y mucho presupuesto consumido hasta el momento y es que las zonas de “pajaritos”, como los llama mi amigo Eduardo Miranda, se van acabando y las perchas de antaño ya quedan para el recuerdo o para contar con los nuevos aficionados que han desembarcado en busca del ansiado pájaro que cada día vuela más alto.

Pájaros escamados

El zorzal en este tiempo que entramos lleva más de escamado que de tranquilo porque se le busca por todos los rincones y su costumbres están cambiando, sobre todo por la presión de las potentes escopetas que los elevan cada año un par de metros más altos, al menos en sus cada vez más cortos movimientos del dormidero a la comida.

Tendremos que ir mentalizándonos que por el bien de la especie y por el disfrute de una tirada interesante, dejarles descansar al menos quince días, como se hace con la torcaz y la tórtola, para que encuentre el descanso y la paz que no le dejan desde que arriba a la península. El resto de posibilidades, de elucubraciones de que luego se van y no los aprovechamos son excusas, porque si el terreno tiene comida en el suelo y tienen tranquilidad en un radio de acción amplio, el éxito de la tirada está casi garantizado. Otra cuestión es poner de acuerdo a los propietarios de olivares próximos que, en cuanto ven un pájaro, ya están movilizando la cacería, tirando a veces tantos días seguidos que el estruendo de los disparos aleja de allí todo reducto de zorzales en diez kilómetros a la redonda. Los tiempos han cambiado y la migratoria que nos ocupa, merece un cierto tratamiento de gestión que pasa por cuidar y no disparar muy temprano por la mañana, y casi una hora antes de anochecer, que es cuando los tiros suenan en el campo más de la cuenta, con lo que conseguiremos asustar mucho más a los pájaros que ya llevan lo suyo a estas alturas del calendario cinegético.

El volumen del cultivo de olivar que ha aumentado en más de un treinta por ciento, con diferentes variedades y recolecciones, esto ha afectado mucho a la dispersión de pájaro que tiene donde comer mucho, en poco tiempo, y encima con el triple de presión de las escopetas que hace pocos años, de forma que si queremos disfrutar de alguna tirada, deberíamos, antes de arrendar la finca, ver lo que hay, conocer cuando se tiró de verdad, la última vez, y preservar la cacería teniendo en cuenta que la luna de enero es de las más brillantes del año, lo cual a las migratorias les hace, si lo estiman oportuno, emprender viaje a los lugares donde su instinto milenario les ha empujado de igual forma que el aire del norte le moviliza.

Algunos días de fuerte viento nos tendrán que venir jornadas en que los alirrojos vuelan como demonios y uno no sabe a donde correr la mano, pero lo que hay que intentar evitar, pues en la medida que el avance de nuestras armas y el alcance de nuestros cartuchos, que parecen bombas, sean mayores, los animales irán subiendo su altura, de forma que sería óptimo volver a los cartuchos de 30-32 gramos y choque de tres estrellas y veremos como en poco tiempo nuestros queridos voladores vuelven a las alturas normales de antaño, en los que los pájaros se disfrutaban con una visión humana, no como ahora, propia de prismáticos.

Al salto

Me parece más interesante y divertido pasear por los olivares andando, tirando a los pájaros que vuelan saliendo de los árboles, con lo que haremos un poco de ejercicio que es muy saludable. Con un poco de pericia, y parte de fortuna conseguiremos cobrar una docena, que acompañarán una espléndida paella realizada al calor de la leña de sarmiento o encina, que es uno de los mejores alicientes que tiene la caza. En esta forma de cazar al salto debemos cuidar, en el caso de que haya viento, de cazar siempre con el de cara, porque así obligaremos a remontar el pájaro en altura o a virar hacia nosotros, buscando el rasero de las calles aledañas a la nuestra, con lo que tendremos algún segundo más para poder recrearnos en el disparo.

Buena escuela es la del zorzal en técnicas de tiro, aunque para un servidor le parece mucho más enriquecedora por los encares y por la rapidez del disparo, muy similar al de la caza que más practico, la de buscarlos andando, sorprendiéndonos muchas veces su salida y mucho más el cómo hemos sido capaces de errarlos. Muchas horas de charlas, miles de kilómetros por recorrer, e infinidad de cafés se consumirán esperando que se haga de día, que la jornada esté sin viento y que el canto de los alirrojos nos hagan ponernos nerviosos llegando a la postura, desenfundando el arma y mirando hacia todos los lados del horizonte en busca de su inconfundible vuelo de vaivenes.

(Texto: Cristóbal de Gregorio. Fotos: Archivo).

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