Todo lo que hay que saber sobre la perdiz moruna

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De la mano de Antonio Porras hoy vamos a conocer a la perdiz moruna, una subespecie de Alectoris que se localiza en nuestro país, fundamentalmente en las Islas Canarias y Ceuta.
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En su etapa adulta la perdiz moruna llega a alcanzar una longitud de 33 centímetros. Posee un ancho collar de color castaño oscuro, en el que se aprecian unas minúsculas motas de blanco. Sus ojos están rodeados de un borde rojo a rosado.
La perdiz moruna (alectoris barbara) es una especie propia del noroeste de África, y fue introducida en Andalucía por los árabes

La perdiz moruna (alectoris barbara) es una especie propia del noroeste de África, se la puede encontrar desde el sur de Marruecos hasta Egipto. Fue introducida en algunas zonas de Andalucía durante la dominación árabe, y en la actualidad se han citado a unos ejemplares en la zona de Gibraltar.

La perdiz moruna fue llevada a islas del Mediterráneo, como Cerdeña, y a otras del Atlántico, como Madeira y Canarias, donde ha encontrado una expansión muy irregular y momentos críticos de conservación por el exceso de caza y el abandono del cultivo de gramíneas.

Se defiende de los cazadores perfectamente con sus rápidas arrancadas y vuelo planeado, poniéndose en unos instantes fuera de tiro, para lo que puede aprovechar los cambios de dirección de los cauces de los barrancos o las laderas redondeadas de las montañas en las que se refugia en cuanto comienzan las primeras jornadas de caza.

La perdiz moruna en Canarias

Fue todo un éxito su introducción en Canarias, donde ocupa extensas áreas de Lanzarote, Fuerteventura, Tenerife, La Palma, La Gomera y El Hierro, aunque de forma irregular según las islas.

En La Palma y El Hierro tuvo diversos intentos de introducción antes de que se aclimatara y progresase su población. En La Palma, aunque existe, su número no es muy elevado. Los islotes como Alegranza y Graciosa también cuentan con poblaciones de perdiz moruna. En Fuerteventura se considera que se asentó de forma clara hacia 1913, puesto que diversos autores no la citan con anterioridad en las observaciones consignadas en sus obras.

También hay diversas opiniones, sobre la posibilidad de que esta especie estuviese de forma natural en Canarias, por lo que no habría por tanto necesidad de introducirla, pero esta teoría tropieza con algunas incógnitas que no tienen una clara explicación, como es el hecho de que se la observara antes en Tenerife y La Gomera que en Fuerteventura y Lanzarote, islas muy próximas al continente africano.

La perdiz moruna se ha acoplado muy bien en los ecosistemas costeros, en los de medianías y en los de cumbre hasta alturas de 2.000 metros. Se la observa lo mismo en los cultivos que en los pinares o en las zonas cubiertas de coladas lávicas.

En el norte de Tenerife la abundancia de cultivos de viñas ha provocado un descenso alarmante en la población de perdices por el uso de productos fitosanitarios tóxicos para combatir a los lagartos y otras plagas de estos cultivos. No obstante, en las cumbres aún se observan algunos bandos importantes metidos en los espesos pinares y retamales.

Reproducción

La cría de la perdiz moruna comienza antes, como es lógico pensar, en las zonas costeras, hacia el mes de marzo. En la mayoría de los nidos catalogados empiezan a observarse huevos en abril e incluso en mayo, dependiendo, como hemos citado, de la altura de su hábitat en referencia al nivel del mar y al medio vegetal que le rodea.

Los nidos suelen esconderlos entre matorrales o próximos a piedras protegidas con patucos o hierbas espontáneas. Los pollos una vez nacidos actúan como todos los de su especie, son nidífugos, ya que abandonan el nido tras su madre y permanecen en su proximidad, incluso cuando están bien desarrollados para formar bandos. En Fuerteventura he observado algunos bandos unidos entre sí, por los que su número llega a ser superior a cien individuos.

Morfología y comportamiento

En su etapa adulta la perdiz moruna llega a alcanzar una longitud de 33 centímetros. Posee un ancho collar de color castaño oscuro, en el que se aprecian unas minúsculas motas de blanco. En su cara garganta y pecho, nos muestra un gris azulado. Sus ojos están rodeados de un borde rojo a rosado, que acaba en una línea crema con dirección a la parte posterior del cráneo.

El plumaje en la parte superior de la cabeza presenta un color pardo oscuro, con algunos tonos azules en los bordes. Los costados son semejantes a los de la perdiz roja, alternando los colores gris, castaño, blanco y negro, aunque su diferenciación se basa principalmente en que tiene los lados de la cabeza y del cuello más gris y el dorso más oscuro.

Cuando se separa el bando por cualquier motivo se “llaman unas a otras” emitiendo un sonido similar al chasquido de los labios besando en la mano, un  “Chucchucchuc, Chucchucchuc”. Estos sonidos constituyen un medio de localización de las perdices para los cazadores cuando, tras los primeros disparos, deben perseguirlas tras sus largos vuelos de fin de temporada.

(Texto: Antonio Porras. Fotos: Alberto Aníbal Álvarez y varios autores)

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