



Para este caso, no hay mejor dicho que aquél que dice “al cazador de monte bajo, pisar matas y atender a los claros”. Con tanto conejo nuevo en los campos vamos a poder disfrutar de numerosos lances en los cotos de monte bajo donde el mayor aliciente está sin duda en cazar al salto, modalidad mucho más indicada que el rececho o la espera.
Si el terreno está tapizado de aulagas, tomillos y otras matas bajas, la dinámica a seguir es la de avanzar despacio, con el sol bien arriba y los conejos encamados ya, para ir tirando a los que se arrancan a nuestro paso.
Una cosa a tener en cuenta a la hora de disparar es que el conejo, allí donde aún no se ha cazado con perros, sale corriendo a poca velocidad, mirando para comprobar si lo persiguen, con lo que el disparo, si no nos precipitamos, es fácil.
En el caso de cazar una ladera o cañada de retamas y otras matas más altas seguramente no podremos tirar con tanta facilidad. En estas manchas a menudo lo mejor es cruzarlas a modo de batida, haciendo algo de ruido, con lo que algunos conejos se orillan o salen directamente a las zonas aledañas más claras, donde acudiremos a continuación repasando con calma, para ir tirando a los que quieren volverse a su mancha.
Los montes de esparto seguramente son de los que más conejos tienen y los que peores opciones de tiro deparan, peores cuanto más juntas están las esparteras y menos pasillos tenemos para intentar ver el conejo.
Tanto es así que no hay que obstinarse en cazar toda la jornada en una espartera amplia, posiblemente tiraremos pocos conejos aunque sepamos que hay muchos escondidos, mejor ir alternando las zonas de caza.
Busquemos los rodales no demasiado grandes para ir pisando poco a poco cada mata. Esta es una caza entretenida, productiva, pero que requiere un trabajo añadido al cazador de conejos, que debe estar centrado y pisar cada atocha por varios lados, atento a la salida del conejo, que no siempre es por el lado opuesto al que pisamos.
El disparo aquí suele ser muy cercano, y como estamos mucho tiempo pisando, a veces encaramos mal y demasiado rápido; hay que buscar una guardia alta en el momento de la salida del conejo, ver rápido algunos claros por donde creemos va a huir, enfilar la punta de los cañones hacia esa zona, y en cuanto lo veamos, terminamos de encarar y adelantamos rápido, sin excesos, pues la distancia suele ser bastante corta.
(Texto: Miguel F. Soler. Fotos: Alberto Aníbal-Álvarez)









