Tórtolas: grandes puestos

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La tórtola lo tiene todo para el cazador de puesto, así de claro, es reto continuo: así, en puertas ya de la media veda, comentemos algunos aspectos que nos ayuden en las próximas cacerías.
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Percha de tórtolas en media veda.

Pocos puestos tan exigentes, vibrantes y con reto continuo como el de tórtola. Inquieta y embelesa por igual al cazador, muchos sentimos verdadera pasión por ella, amparada tal vez en haber conocido épocas mejores para su caza, pero hasta en el caso de quienes no practican su caza habitualmente, siempre se recibe con inquietud e ilusión la expectativa de una tirada cercana. La tórtola marca un punto y aparte para la caza al paso, desde puesto. No es pieza imposible de abatir, pero tiene particularidades que elevan el listón para quienes salen a ella en los amaneceres o atardeceres veraniegos, siendo además la pieza típica con la que notamos al disparar, que el pájaro se escapará, percibimos cuándo nos equivocamos en su dinámica de tiro.

Analizando bien las características del puesto tortolero nos daremos cuenta que realmente la tórtola no es tan complicada, en sí es ave de vuelo a velocidad muy asequible para tirarla al paso, el problema radica en la inquietud e incertidumbre que sus quiebros en el aire nos provocan. Por eso, hay que esmerarse en tirar justo en su momento, evitando la precipitación en el primer disparo, que desata las cabriolas de la tórtola.

A la tórtola hay que tirarle con seguridad, con certeza, sin duda alguna, corriendo bien la mano, sin detenernos nunca, y evitando siempre tirar al encuentro, esta pieza no es la más adecuada para tirar a escopeta quieta donde calculamos que se cruzará con nuestro disparo, hay que tomarla siempre de atrás hacia delante, adelantar la escopeta como un Fórmula 1 adelanta al vehículo que lleva delante, con impulso y decisión, y tirar entonces.

Esperando su paso

Melonares, huertos de hortalizas, parcelas de frutales, a veces las tórtolas rompen a entrar por estas zonas donde habitualmente no las esperamos, pero es mucho más frecuente el puesto en el borde de los olivos porque solemos buscar la entrada desde el dormidero hasta los comederos, sabemos que los banditos de tórtolas salen bien temprano desde olivares cercanos, para irse repartiendo por las zonas de comida de la zona. Apostarnos en un olivar a veces es muy complicado, pues si no damos con la línea o la esquina buena, allí por donde mejor entran las tórtolas, tiraremos alguna suelta, pero no disfrutaremos de un buen paso; aquí resulta indispensable madrugar en estos días previos a la apertura, y observar en el cazadero por dónde y cómo se mueven las tórtolas al amanecer, que es el puesto que más adeptos tiene.

Del dormidero al llano, eso es matemático; la tórtola a veces viene volando desde lejos hasta acceder a los rastrojos y campos de pipas donde tienen la querencia del comedero, en su camino suele ir tomando un pasillo que sigue más o menos las sinuosidades de cañadas, arroyos, vaguadas o espacios entre cerros, por lo que lo mejor es buscar un olivar en esta ruta que nos permita poder tirarlas a buena altura.

Resulta ideal el olivar en el que podemos situarnos un poco elevado sobre los árboles gracias a algún cerrito o a una herriza, si el flujo pasa por allí, sin duda alguna es la mejor opción. No interesa complicarse ubicando el puesto en pleno olivar, ahí hay pocas certezas de flujo y sí muchas dificultades para el disparo, sobre todo en las mañanas en las que las tórtolas vienen muy bajas, casi a ras de los olivos, esos días si no estás un poco elevado ni las ves.

Una elección generalizada es la de ocupar los laterales de los olivares que desembocan a un campo de girasoles o a un rastrojo, y si bien estos puestos se consideran más de comedero que de paso en sí, es una opción que se repite todos los años, tanto es así que hay quien carrilea bastante para buscar esas parcelas pequeñas de girasol en mitad de algún olivar, a veces allí se da la campanada sin más testigos, con lo que dosificando las cacerías, se logran muy buenos resultados.

Al igual que en el puesto de arroyo, lo importante es tener buena visibilidad del tiradero y poder ver llegar a la tórtola, que no nos sorprenda irrumpiendo por nuestra espalda, éstas son muy difíciles; llegado el caso, busquemos un lateral del olivar y apostémonos de forma que podamos tirarlas sesgadas, por ejemplo tirando a las que pasan por nuestra izquierda o nuestra derecha (busquemos siempre el apostadero con respecto a nuestro mejor lado de tiro), mucho mejor que si sólo las podemos tirar de pico.

El puesto de olivar debe dejarnos ver bien a nuestros lados y sobre todo poder girarnos con comodidad, hay ocasiones, sobre todo en pasos cortos pero de flujo relativamente alto, en las que no paramos de tirar en todos los ángulos durante quince o veinte minutos, el paso “fuerte” de esa zona; luego el paso será más lento y cadencioso, permitiendo redondear la percha con las que vienen más rezagadas por haber parado previamente en otros comederos del coto o llegar desde dormideros más lejanos.

(Texto: Miguel F. Soler. Fotos: Archivo).


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