Media Veda 2010 (III)

Técnicas para cazar la codorniz en los bordes de girasol

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En este tercer artículo de media veda, Miguel F. Soler nos ofrece pautas para conocer y aprender a cazar la codorniz en esos rastrojos que lindan con cultivos de girasol, donde podemos tener no pocas oportunidades de colgar alguna que otra ‘africana’.
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De entrada hay que cazar los bordes del girasol con el ánimo de orillar algunas para tirarlas en la segunda o tercera vuelta, es decir, hay que buscar campos de girasol que no estén muy visitados por otros cazadores.
La frondosidad de unos girasoles altos, y verdes aún en agosto, hacen que las codornices se aguanten allí, muchas veces en bando
Desde hace ya bastantes temporadas muchos de nosotros dependemos en la media veda de los campos de girasol, pues hay una buena parte de nuestra geografía donde coincide que las codornices, tras sacar la primera puesta, se suben más al norte en cuanto los rastrojos y campos donde han sacado se recolectan y quedan levantados en dos o tres días, el calor aprieta en exceso, o el ganado entra en las rastrojeras.

El sur peninsular tiene codorniz porque tiene campos de girasol y de algodón; y aunque cazar dentro de estos campos está prohibido al tener cosecha pendiente, sus márgenes, al igual que ocurre con las huertas de espárrago, campos de sorgo, etc., permiten al cazador dar unas cuantas vueltas y aprovechar las codornices que se orillan.

Sin embargo, algunos cazadores repasan las lindes de los girasoles, dos vueltas, y no tiran una codorniz, ante lo que no vuelven a salir más en toda la media veda. Por ello, vamos a abordar algunos aspectos que tal vez cambien el concepto y nos animen a repetir la excursión.

Buscar girasoles poco frecuentados

En el campo de girasol la codorniz está donde menos la molestan, sobre todo, donde más mata hay en el suelo, y además, allí donde alguna lindera de mucha broza o algunos desniveles les dan cobijo en las horas de más calor.

Si habéis entrado alguna vez con el perro en mitad de unos girasoles (ojo, ahí no podemos estar cazando) tal vez habréis comprobado que salen codornices cuando menos te lo esperas, y es que la frondosidad de unos girasoles altos, y verdes aún en agosto, hacen que las codornices se aguanten allí, muchas veces en bando. Por ello las codornices no siempre están en la linde, pero hay que saber adecuar los recursos para intentar tirar alguna.

De entrada hay que cazar los bordes del girasol con el ánimo de orillar algunas para tirarlas en la segunda o tercera vuelta, es decir, hay que buscar campos de girasol que no estén muy visitados por otros cazadores, de forma que nuestro primer trabajo sea productivo posteriormente para nosotros, y no para quien viene detrás...

Un perro que cace con libertad, clave en la estrategia

En la primera pasada, con el perro más fuerte por estar tomando contacto con el campo en los inicios de la jornada, vamos a mover bastantes codornices, que corren a peón para evitar el acercamiento del perro, algunas tienden entonces a irse orillando. Lógicamente, para esto el perro debe cazar con libertad, entrando en una buena franja de girasoles, si caza fuera no haremos nada.

Esta dinámica implica que debemos plantear la jornada en varias pasadas alrededor del campo de girasoles, para en la segunda o tercera vuelta tirar alguna de las que finalmente están sesteando en el borde o entre los primeros metros de cañas de girasol. Cuando el calor comienza a apretar la codorniz buscará las zonas más frescas en los girasoles, centrémonos en las esquinas o márgenes donde el suelo tiene brozas, ahí hay codornices.

En los arroyos, mejor ‘ceder el paso’

Otro punto fuerte es el arroyo o el bancal entre campos de girasol, estos márgenes entre campos tienen bastante codorniz. Éstos conviene cazarlos cuando ya han pasado algunos cazadores de forma rápida, aunque si intentamos llegar nosotros los primeros, podremos tirar alguna.

Dicho lo anterior, en estas zonas interesa que alguien mueva las codornices, y cuando el campo se quede ya apaciguado, alejados ya los cazadores impulsivos que van a carrera tendida con sus perros, entrar sosegadamente nosotros, pisando despacito el arroyo o la linde, parándonos y dejando trabajar a nuestros perros, así tiraremos algunas que ni nos esperábamos.

(Texto. Miguel F. Soler. Fotos: Alberto Aníbal-Álvarez)

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