



Es a partir de este momento cuando comienzan los primeros problemas, cuando el perro no nos cobra la pequeña codorniz, se la traga, se va con ella... Incluso puede que estos problemas aparezcan antes, porque el perro en el que tantas esperanzas habíamos puesto no ha mostrado esa codorniz, o no busca con ganas, o sólo quiere jugar... Entonces la visión idílica de ese primer lance ansiado se desmorona, nos embarga la ira y, habitualmente, actuamos cometiendo errores que a la postre suelen ser irreversibles.
He dicho que habíamos puesto esperanzas en ese perro, y quizás el problema sea ése, que no sólo poniendo esperanzas se dan los resultados apetecidos. Pasa como con la lotería, que esperanzas de que toque hay siempre; ahora, tocar, lo que se dice tocar, a pocos y normalmente no los conocemos.
De toda la vida se ha venido llamando a la media veda “la escuela del perro de muestra”. Siento decir que eso era antes, cuando la codorniz era una especie tan abundante que cualquier perrillo terminaba dando con ellas. Es decir, para el perro la facilidad de cazar una especie salvaje va en función de la densidad, que eso no lo dude nadie. Hoy día el cuento ha cambiado, pues cada vez suben menos codornices. Cada vez, por tanto, se necesitan mejores perros para dar con ellas, y como esto parece una especie de bucle, terminamos deduciendo que los buenos perros no sólo nacen, sino que es necesario hacerlos, dedicarles tiempo, potenciar sus posibles virtudes y corregir sus posibles defectos. En definitiva, que el buen perro de muestra nace; la genética es un cincuenta por ciento, que nadie lo dude, pero el otro cincuenta por ciento se hace con experiencia y adiestramiento.
Hemos tenido una primavera propicia, muchas lluvias que han retrasado la cosecha, y eso es bueno para la caza, sobre todo para la perdiz. Para la codorniz, hasta que no llegue el próximo 15 de agosto, permítanme dudar de que sea una buena temporada. Parece que hay una especie de euforia colectiva. En cualquier corrillo de cazadores se nota que hay muchas esperanzas depositadas en la inminente media veda (de nuevo las malditas esperanzas...). Aquí os voy a contar algunas cosillas para que entrenéis a vuestros perros, por si las esperanzas se quedan en agua de borrajas y, de este modo, podéis aprovechar la media veda para que vuestros perros se vayan preparando de cara a la general.
Es importante tener en cuenta que al cachorro no se le caza, sino que se le inicia, algo muy diferente y que muchos todavía, a día de hoy, no acaban de entender. Pero como yo soy muy terco, seguiré intentando que esa comprensión llegue a cuantos más cazadores mejor, y si encima son noveles (sin ‘ensuciar’), mejor que mejor. Hay cuatro factores importantes a tener en cuenta antes de plantearnos siquiera llevarnos a cazar codornices a ese cachorro de seis u ocho meses en media veda: primero, que esté habituado a los disparos; segundo, que muestre; tercero, que cobre; y cuarto, que esté en forma.
Estos cuatro factores, además, van unidos en un nuevo bucle. No debéis jamás habituar a un cachorro a los disparos en un campo de tiro; debéis motivarle con piezas de caza. ¿Cómo? Después de la muestra y antes del cobro es cuando viene el disparo, de modo que muestra, primero; disparo, después; y, finalmente, cobro. Pero para que nuestro cachorro cobre es necesario que tenga bien asentada la llamada. Y para evitar la boca dura en cualquiera de sus vertientes (tragar, mascar, enterrar) es necesario que el perro esté en forma y que llevemos siempre agua para ir refrescándole, ya que la sed es una de las causas que provocan la boca dura.
¿Y si mi cachorro tiene menos de la edad que indico? Pues a no ser que sea un ejemplar bastante prematuro, veo complicado que en ese tiempo nos haya dado tiempo a cumplir con esos cuatro puntos indicados, por lo que nos arriesgamos a estropear al perro. Aquí ya es cosa de cada cual, y mejor prevenir que andar remendando, pero allá cada uno con su perro y con su tiempo. Otra cosa será sacar al cachorro, más por campearlo que por cazar, pero eso supone anteponer al cachorro sobre la ansiada codorniz, anteponerlo sobre ese primer día tan esperado... ¿Cuántos de vosotros realmente sois capaces de hacerlo? Pues para eso escribo aquí, para mentalizaros una y otra vez sobre la importancia del lance, del perro y de la muestra por encima de la percha. Porque sólo de ese modo se consiguen buenos perros de muestra. Lógicamente, salvando las utopías de la esperanza, por no mencionar ya el autoengaño o el conformismo.
Con ejemplares adultos, obviamente, cambia el cuento. No hay que tomar tantas precauciones, pero sí algunas. La más importante en este caso será la forma física del perro de caza, porque es la que va a condicionar todo su trabajo. Que nadie se sorprenda de cómo su maravilloso can, al llegar el primer día de media veda, no se entera de nada, levanta alguna codorniz o la levantamos nosotros.
Aquí me tendría que remitir al artículo que hice en su día sobre el olfato, las emanaciones que dejan las piezas de caza y la influencia que tienen sobre éstas las condiciones atmosféricas. Por si no lo recordáis, os recuerdo que el perro, al percibir con su nariz la emanación que deja una pieza (partículas odoríferas atmosféricas y partículas pesadas), debe descifrarla y, para ello, llegar al cerebro. Pero el decodificador del perro es la pituitaria, y ésta, para funcionar correctamente, requiere de cierto grado de humedad. Dependiendo de cada perro, unos necesitarán más y otros menos humedad.
Aquí entraría en escena la adaptabilidad y la habituación, pero claro, mucho mejor hacer una preparación de nuestro perro al clima, a la temperatura. ¿Cómo? Sacando al perro, así de simple, poniéndolo en forma. Porque si ponemos en forma al perro, esto no sólo le va a beneficiar en que aguante más, en que mantenga un ritmo de búsqueda y no ande buscando sombras, sino que también le va a repercutir de forma favorable en la manera de descifrar las emanaciones que le lleguen.
Muchos hemos presenciado cómo algunos perros cambian, digámoslo así, su forma de buscar. Perros que venteaban, de pronto parecen sabuesos con el hocico en tierra. ¿Por qué ocurre eso? Porque de los dos tipos de emanaciones que desprende de su cuerpo una pieza (en este caso, una codorniz), las formadas por partículas odoríferas pesadas caen al suelo y se mantienen más tiempo que las emanaciones formadas por partículas odoríferas poco pesadas, que se mantienen flotando en el aire poco tiempo y son detectadas por los perros cuando ventean. Además, las condiciones atmosféricas condicionan, como hemos dicho, la nariz del can, pero también esas partículas que flotan.
La forma física del perro también repercute en otros aspectos, no sólo en ser capaz de encontrar con facilidad una pieza y su posterior muestra. Que nadie se sorprenda ahora al ver muestras muy cercanas a la pieza. Es normal, sobre todo después de lo que os he contado sobre el calor y las emanaciones. Pero es que el calor y la baja forma de nuestro perro también van a repercutir en el cobro. Quizás no en las primeras codornices que nos traiga, pero según vaya pasando la mañana, puede que comience a dar vueltas en su boca a alguna, a mascar alguna otra, a tragarse ésa que disparamos demasiado cerca o, incluso, a no llegar a embocarla. ¿A qué se debe esto? A la sed.
El ser humano es realmente curioso. Hay un dicho popular bastante sabio, por cierto, y basado en la observación que dice: “la mamá le pone la chaqueta al niño cuando ella tiene frío”. Seguro que lo habéis visto más de una vez en el parque: el niño sudando la gota gorda y la mamá poniéndole la parca, el niño protestando y la mamá, erre que erre: “¡que estoy helada, demonios!”. Claro, la sudada será mayor y encima después no podrá abrigarlo más para que no se quede frío. El catarro está asegurado, pero en vez de ver su culpabilidad, la mamá dice: “si te hubieras puesto la chaqueta cuando te lo dije...”.
Bueno, pues algo parecido nos pasa con nuestros perros; le damos agua cuando nosotros tenemos sed, pero no nos damos cuenta de que nosotros vamos caminando, casi de paseo, por aquello de que “a codornices, perro viejo y cazador cojo”, y el perro, sin embargo, va corriendo. Normalmente, cuando queremos darle agua es tarde. Algunos son tan jumentos, que presumen en el bar de la gran afición que demuestra su perro porque le ha dado un golpe de calor... Hay que ser anormal (no por el golpe de calor, que a cualquiera le puede pasar, sino por presumir de ello), ya que eso con agua a tiempo no hubiera ocurrido. Bueno, agua, forma física, todo esto de lo que estamos escribiendo. De modo que dadle agua al perro cada cierto tiempo. No esperéis a tener sed vosotros, porque no sólo puede provocar fallos en el cobro; también os puede pasar como al que permite que su perro sufra un golpe de calor.
Como decía al principio del artículo, todos tenemos o tenéis buenas expectativas para esta media veda. Bien. Si no fuera así, ¿qué haréis? Ya os lo digo yo: ir a buscar las codornices al regadío, como siempre. El problema aquí es que, salvo en ciertos cotos donde sí dejen cazar zonas sin cosechar, en el resto toca cazar las linderas de maíces, remolachas, alfalfas, patatas... El problema no lo tendréis ahora, en media veda, sino después, cazando la perdiz. Os daréis cuenta de lo rápido que asocian los perros con buenas motivaciones eso que en tantos artículos llevo insistiendo. Lo veréis o, mejor dicho, lo sufriréis en vuestras carnes. Porque llegado octubre, veréis cómo el trabajo de la búsqueda cruzada se ha ido al garete. El perro se ha habituado (aprendizaje por habituación, por repetición, a través de estímulos motivadores) a que en las linderas encuentra caza. ¿Qué hará? Buscar las linderas, cazar de punta. El problema está en que se dejará mucho terreno sin batir o se meterá encima de esas perdices que, cansadas, buscan refugio en las regateras, por lo que ellas a criar y nosotros a maldecir. Y todo porque las perdices tienen la mala costumbre de no aguantar como aguantan estoicamente las codornices.
Entonces, una de dos, u os olvidáis de cazar la codorniz en las linderas de regadíos y regatos, o bien terminada la media veda reforzáis a conciencia la búsqueda cruzada. Porque, de lo contrario, en la general os llevaréis más disgustos que alegrías.
Como siempre, espero que estos consejos, si tenéis a bien aceptarlos y llevarlos a cabo, os sirvan de forma positiva y disfrutéis de vuestro perro y de los lances que él os proporcione. Tened presente que con vuestra forma de actuar sois responsables de esos lances. Entrenad al perro, tenedlo en forma y mantened la esperanza de la bonanza en la temporada de codorniz, que yo mantendré la esperanza de que alguien haga caso de lo que escribo.
(Texto: Jesús Barroso de la Iglesia. Fotos: Archivo).









