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Así afectan los productos químicos agrícolas a las perdices autóctonas

El proyecto “Semillas” revela que los fitosanitarios afectan a la salud y reproducción de la perdiz

La Real Federación Española de Caza y la Oficina Nacional de la Caza han hecho público el informe completo relativo a la primera fase del proyecto “Identificación y cuantificación de los efectos de los plaguicidas agrícolas en la perdiz roja en España”.
Proyecto semillas de la RFEC, granja experimental de perdices,  proyecto “Identificación y cuantificación de los efectos de los plaguicidas agrícolas en la perdiz roja en España”, Irec
La primera fase de este estudio arrancó el pasado mes de marzo en la granja experimental ubicada en la Dehesa de Galiana (Ciudad Real), donde se seleccionaron 42 parejas de perdices de un año de edad, distribuídas aleatoriamente entre siete grupos.
“Hemos encontrado una mortalidad considerable entre las perdices expuestas tanto al tiram como al imidacloprid”

Este informe contiene los primeros resultados preeliminares obtenidos por el equipo del Instituto de Investigación en Recursos Cinegético (IREC), encabezado por Rafael Mateo, profesor titular de la Universidad de Castilla-La Mancha. Este estudio está patrocinado por la RFEC y ONC, con la colaboración de la Fundación Biodiversidad.

Como ya adelantamos el pasado 15 de mayo en ElCotodeCaza.com, en la primera fase de este proyecto se analizaron los efectos de dos fungicidas (tiram y difenoconazol) y un insecticida (imidacloprid), utilizados en el blindaje de semillas de cereales.

El blindaje de semillas consiste en tratar las simientes de cereal antes de su siembra con compuestos químicos para evitar infecciones por hongos, parásitos y el ataque de los insectos del suelo. En la actualidad,el registro de productos fitosanitarios del MARM contempla el uso de 19 compuestos diferentes, de los cuales 16 son fungicidas y los tres restantes son insecticidas.

La intención del estudio es averiguar qué efectos tienen en las perdices rojas la ingesta de este tipo de semilla, que en la época de siembra pueden constituir, “ante la escasez de grano y otros recursos alimenticios […] un porcentaje muy elevado en la dieta de estos animales”, subraya el informe del IREC.

El método de experimentación

La primera fase de este estudio arrancó el pasado mes de marzo en la granja experimental ubicada en la Dehesa de Galiana (Ciudad Real), donde se mantiene una colonia de perdiz roja para experimentación.

Se seleccionaron un total de 42 parejas de perdices de un año de edad, que fueron distribuidas aleatoriamente entre siete grupos experimentales: en tres de ellos se alimentaba a las aves con semillas de trigo tratadas con la concentración recomendada de cada producto por el laboratorio distribuidor, y a los otros tres se les administraba semillas con una concentración alta de cada fitosanitario, algo que responde “a la hipótesis de que, en algunos casos, los agricultores podrían no respetar las dosis recomendadas”, señala el informe. Por último, se contaba con un séptimo grupo de perdices de control, alimentadas únicamente con semillas sin tratar.

Los ciclos de este tipo de alimentación duraban 10 días, pasando después a comer su dieta habitual de pienso mezclado con semillas de trigo no tratadas. Asimismo, todas las perdices fueron medidas (longitud del tarso), pesadas y les fueron extraídas muestras de sangre antes de comenzar el experimento, para hacer una evaluación previa del estado de salud de los individuos.

En busca de efectos “subletales”

Previamente a iniciar esta prueba, el equipo de Rafael Mateo no esperaba que “la toxicidad de estos compuestos aplicados en las dosis recomendadas” alcanzase niveles letales, por lo que se centró en analizar las “respuestas subletales”, que son “mucho más indicativas” de lo que sucede en el medio natural cuando las perdices ingieren semillas blindadas, señala el documento.

Esas “respuestas subletales” que se iban a seguir correspondían a la masa y condición corporal de las perdices –“uno de los primeros efectos subletales que aparecen como consecuencia de la exposición a un tóxico es la pérdida de peso”, se indica-; la coloración roja del pico y del anillo del ojo, para lo que se realizaron fotos de la cabeza de cada perdiz antes y después de la exposición a los tóxicos; el nivel de hematocrito en sangre, indicador de posibles anemias; estrés oxidativo, cuantificable con diferentes biomarcadores; la respuesta inmune específica a la presencia de las sustancias en el cuerpo de las perdices; y por último la reproducción de las parejas.

“Mortalidad considerable” y otros efectos

La primera frase que se lee en este apartado del informe es demoledora. “Hemos encontrado una mortalidad considerable entre las perdices expuestas tanto al tiram como, especialmente, al imidacloprid”, afirma rotundo el equipo de investigadores en sus conclusiones, poniendo de relevancia que en el caso del tiram la mayoría de las perdices muertas eran machos, mientras que en el caso del imidacloprid la mayor incidencia se dio en hembras, algoya adelantado en el informe preliminar del mes de junio.

En cuanto a los resultados subletales, se ha constatado “una pérdida de peso significativa durante el periodo de exposición al imidacloprid y a la concentración más alta de tiram”; así como una “pérdida en la intensidad de la coloración rojiza en pico y ojo”, con mayor incidencia de nuevo del imidacloprid y menor en el caso del tiram, reza el informe.

También se detectaron indicios de anemia en el análisis del hematocrito de las perdices expuestas a dosis elevadas de estos dos fitosanitarios. De igual manera, se detectó que las perdices expuestas a la concentración más elevada de imidacloprid vieron afectada su capacidad de generar una respuesta inmune celular, “aunque sólo al analizar la respuesta primaria” (la producida en el primer encuentro con el fitosanitario).

“No obstante” –aclaran los científicos- “la respuesta inmune humoral tampoco se vio afectada por la exposición a ninguno de los fitosanitarios analizados, por lo que entra dentro de lo esperable el que algunos individuos mantengan la funcionalidad de su sistema inmune”.

Por otra parte, el análisis conjunto de los cuatro indicadores de estrés oxidativo utilizados “revela que éste no fue un efecto principal en las perdices alimentadas con semillas tratadas”.

¿Y la reproducción?

En el último apartado de los resultados no letales, el reproductivo, el equipo del IREC afirma tras su trabajo que “tanto el imidacloprid como el difenoconazol afectaron al esfuerzo reproductor de algún modo ya que, si bien el tamaño de puesta por hembra no se redujo con respecto a los controles, el tamaño de los huevos, y específicamente la longitud de los mismos, sí fue inferior entre los individuos expuestos a estas dos sustancias [tiram e imidaclorprid] al compararlos con los huevos puestos por las hembras control”.

En cuanto a las tasas del fecundación y eclosión de los huevos, los datos obtenidos hasta el momento “indican que las dosis bajas de tiram e imidaclorprid originan una menor tasa de fecundación”, en contraste con el 100% de éxito fecundador entre los huevos procedentes de animales tratados con las dosis altas de estos fitosanitarios.

Las tasas de eclosión, sin embargo, “se mantuvieron en niveles bastante aceptables en todos los tratamientos, lo que parece indicar que los problemas se manifestarían fundamentalmente durante el periodo de apareamiento, y no tanto durante el desarrollo embrionario”, concluye el informe, que aclara que aún quedan huevos por eclosionar, por lo que estos datos han de tomarse como “preeliminares”.

Continuidad de los estudios

En el apartado de conclusiones, el informe es claro. “El imidaclorpid ha resultado ser el más nocivo de los tres compuestos”, algo que no es de extrañar dado su carácter de  insecticida, “es decir, una sustancia destinada a matar animales”, mientras que el tiram y el difenoconazol “son sustancias destinadas a matar hongos, por lo que no es de extrañar que, por similitudes en lo relativo a los organismos diana, los efectos tóxicos del imidaclorpid sobre las perdices sean mayores que los de los dos fungicidas”.

Además, el tiram “se ha mostrado capaz de afectar con cierta severidad a las perdices que ingerían semillas tratadas con este compuesto”. Con todo, queda por esclarecer “si los efectos tóxicos mostrados tanto por el imidacloprid como por el difenoconazol son trasladables a lo que experimentan las perdices en los hábitats naturales”.

Para los próximos dos años el informe espera ampliar el estudio de dos maneras. Por una parte, intentar reproducir la exposición real de las perdices a los fitosanitarios. Para ello, el próximo otoño, coincidiendo con la época de siembra en los campos, “se administrarán las semillas blindadas en otoño, con un segundo tratamiento a final de invierno para simular la exposición a semillas de cereales de ciclo corto”, para analizar a continuación en qué condiciones llegan las perdices a su periodo reproductor, allá por marzo, algo que en este 2010 no ha podido hacerse.

La segunda vía es estudiar los efectos de la administración de semillas blindadas desde una perspectiva inter-generacional, esto es, ver “hasta qué punto un individuo nacido de una madre que ha experimentado el estrés de verse expuesta a un determinado compuesto tóxico alcanza la edad adulta y es capaz, a su vez, de reproducirse con garantías de éxito”. Para ello, se usarán los pollos nacidos en esta etapa y que al año próximo serán ya adultos.

Texto: Ramiro Lapeña. Fotos: xxxx y RFEC)

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