



Pero vamos a tratar sobre cómo organizar nuestras próximas jornadas al salto por diferentes escenarios para sacar partido al esfuerzo y trabajo de perros, piernas y escopetas. Nuestro objetivo: alguna que otra perdiz en la percha y con suerte unos conejos conr una buena rabona en el morral.
Diciembre nos llega un pelín atravesado en muchas zonas; me refiero a ese estancamiento del tiempo que provee de días nublados, o con niebla, con frío, tendremos pocos días soleados y limpios de cielo en numerosos entornos donde los “días feos” son típicos en estas fechas. Y la caza se resiente mucho con todo esto. Las perdices parecen estar fuera de sus zonas habituales, nos desconcierta a menudo no localizarlas en toda la mañana para casi al final de la jornada descubrir que el bando estaba pegadito a una zona de seguridad, en una loma donde nunca las solemos encontrar o simplemente, no vemos pájaro. Los conejos están en un momento crítico, pues se avecina la primera camada del año en breve en las zonas más templadas y se suelen arremolinar en rodales tapados con algunas zonas de solana para esos ratos en que se encaman para calentarse y sacarse esa humedad de los vivares húmedos. Ahora aguantan demasiado o no aguantan nada, de todo hay y por ello nos desconcertamos y desesperamos a menudo, “he visto nueve y no he podido tirar ninguno”.
En cuanto a las liebres, decir que están pero no siempre logramos levantarlas, y cuando lo hacemos, a menudo nos desconcierta su arranque siempre tumultuoso y potente y solemos caer en ese error tan habitual de descargar la escopeta demasiado pronto y cuando la liebre enfila y sube las orejas a 25 metros, ya no hay nada que hacer... Pluma y pelo, esencia y motivos del cazador al salto que en este mes requieren ciencia, paciencia y pundonor para sacar partido de nuestro recorrido por monte y labor. Veamos cómo podemos apostar por llevar alguna pieza a la percha cuando diciembre nos recuerde que es tal vez el mes más cambiante y desconcertante de la temporada de caza menor. Y ¡ánimo!, ya llegará enero.
O lo que es lo mismo, saber dónde están esos rodales querenciosos para levantar la caza, en numerosos cotos tanto las perdices como las liebres rondan en zonas concretas, pues llegadas estas fechas se juntan los bandos de las primeras o se alían los ejemplares sueltos que van quedando, y en cuanto a las segundas, la tendencia a machear en breve por la inminencia del celo lleva a muchas liebres a recorrer grandes distancias buscando los lugares más llevaderos y calmados para buscar pareja, lo que se traduce en que en fincas que tengan buenas condiciones, se tiren muchas liebres cuando hace un mes apenas había alguna que otra. Con el tiempo quedo y con la incidencia de bancos de niebla o una presión muy baja en el ambiente la caza suele recogerse en zonas de abrigo donde pasar la mañana con la máxima tranquilidad y descanso. En estas circunstancias las perdices suelen estar juntas y el bando andará poco, estarán cerca de la zona de dormida, hay ocasiones en que picotean lo que pueden en los alrededores y se quedan amagadas. Interesa revisar las zonas altas de cerros y pequeñas cordilleras de monte bajo que rodean zonas de llanura, pues en cualquier asomada vamos a sorprender a las perdices, que aunque salgan fuera de tiro, se suelen dejar caer y se marchan a mitad de un llano para buscar nuevo acomodo, es una buena referencia para que podamos bajar y verlas desde lejos e intentar entrarles de la forma más favorable.
En zonas de viña y tapiz de labor y olivares, liegos, etc., las perdices suelen tomar zonas tranquilas a la vera de los olivos o en un resguardo de pedrizas o paredes de piedra, buscan refugiarse del viento húmedo y se quedan “como pelotas”, ahuecadas las plumas, sin más. En estas circunstancias lo recomendable es repasar cuidando que nuestro perro no avance demasiado largo por delante, ya que en cualquier asomada del llano podremos verlas o volarlas, e igualmente, no volarán largas y se quedarán más o menos juntas. De hacerlo a una zona de perdido o liego hemos de acudir rápido porque alguna se va a quedar aplastada y nuestro perro, de tener oficio, la va a sacar a buena distancia de tiro. Las liebres nos van a salir donde tengan refugio muy cerca, en especial buscaremos los bancales, desniveles, viñas resguardadas del viento, paredes, casas derruidas, montones de sarmientos, las primeras calles de los olivares, y siempre en zonas donde el suelo tenga mucha piedra o al menos no esté muy embarrado.
El conejo se amaga y no se mueve, pero de contar con buena temperatura en el encerradero y si éste no está húmedo en exceso, en muchos casos estará encerrado, por lo que se complica poder tirar rabicortos en más de una jornada. Pero no caigamos en el desánimo. Aguantan encamados en rodales de monte con atochas, aulagas y romeros siempre que tengan piedra en el suelo para separarse un poco de la humedad. Atentos igualmente a las inmediaciones de los majanos aunque aquí si ven llegar al perro se suelen escurrir de inmediato y se encierran. En el monte buscaremos los desniveles, bancales y asomadas siempre que estén dando refugio al viento húmedo, el conejo se encama siempre de espalda al sentido del viento en estas circunstancias, y de entrar así nosotros, tiraremos hacia adelante en casi todos los lances.
Con tiempo revuelto y el “campo callado” como suele suceder en este mes en un buen número de jornadas, es obligatorio realizar nuestro recorrido de forma coherente a lo que el campo en estas circunstancias puede ofrecernos, será tontería buscar la caza en las mismas zonas donde suele estar en días soleados (ya hemos comentado que se arrincona en zonas concretas donde estar más tranquila y resguardada).
Recomiendo comenzar la caza de arriba hacia abajo donde tengamos desniveles, repasando la zona alta y media resguardada a la llovizna, humedad o viento sin prisas, con mal tiempo y el campo callado hay que avanzar despacio y con tiempo para que el perro trabaje a fondo. Tocaremos todos los recodos, cárcavas, cañadas, promontorios y asomadas que tengamos por delante y en nuestras inmediaciones, rodearemos bien y tranquilamente todos los claros del monte, pues tanto liebres como perdices pueden estar cerca.
Las vaguadas hay que cazarlas en ida y vuelta, una entrada a media falda y a distancia de tiro de la zona más baja despejada, y el regreso por la cara de enfrente en las mismas condiciones, atentos a los claros y pasillos hacia arriba pues conejos y liebres se escurren por ellos con facilidad y antelación. De vez en cuando debemos pararnos y estar muy atentos.
Finalmente tocaremos toda la ribera del monte con el llano o la zona baja de un páramo o parcelas de labor, las liebres y las perdices a veces están refugiadas allí y veremos volar los pájaros con antelación para ir tras su vuelo en el caso de que no aguanten lo necesario para que alguna incluso salga a tiro. Pero no cometamos un error frecuente: si avanzamos justo en la línea del final de las matas con el principio de la tierra calma muchas piezas se nos van a escurrir monte arriba. Lo ideal es cazar despacio -¡insisto!- y en zigzag para tirar pelo y pluma donde menos lo esperábamos.
Así es, si en toda circunstancia este proceder ayuda a tirar caza que quedó amagada a nuestro paso o al de otros cazadores, en estas circunstancias de tiempo y campo es vital insistir allí donde no ha salido caza en la medida que debería haberlo hecho si es que conocemos bien la densidad de esa zona. Nunca dejaremos de dar una segunda vuelta a una charca con vegetación en su ribera, repasar un arroyo por la orilla contraria, dar un liego de nuevo y en otro sentido, o rodear un pequeño olivar que acabamos de cruzar, perdices y liebres se escurren muy rápido y los conejos aguantan amagados, seguro que entrando de nuevo nuestro perro puede tocar alguna emanación y localizar una pieza que provoque un lance.
Los cazadores más andarines en circunstancias normales deben tomar conciencia y asumir que en estas fechas la caza está ya muy picardeada y de verse afectada por inclemencias típicas de este mes, se escurre, aguanta, se esconde, desaparece, y esto no se resuelve de cara a la percha andando mucho en línea, sino rodeando, entrando en zigzag, volviendo a repasar la zona ya atravesada antes. Un caso típico lo tenemos en la viña y otros entornos del llano, las perdices y liebres con algo de viento se orillan cuando nosotros vamos cruzando y ni nos enteramos, y de no entrar más delante de nuevo a esa parcela no tiraremos ni veremos pieza alguna, se quedan por allí en espera de tranquilidad. Incluso los manchones, laderones y páramos hay que repasarlos una o más veces hasta lograr ir tirando una pieza u otra en una vuelta cualquiera, nos sorprenderá tirar por ejemplo un conejo en una pedriza por donde hemos pasado antes, o que nos vuele una perdiz justo donde antes estuvimos y no sacamos nada.
(Texto: Miguel F. Soler. Fotos: Alberto Aníbal y archivo).









