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Conejos con hurón

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La ausencia de comida y pasto, debido a la excepcional sequía invernal que han atravesado los campos españoles, ha obligado a los conejos a alimentarse casi en exclusiva de los cultivos, provocando importantes daños.
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Arriba un hermoso hurón con su propietarios, en el centro saliendo del la madriguera y abajo en su zona de descanso y transporte.

A lo largo de 2010, debido a la avalancha de las reclamaciones contra titulares de cotos, la RFEC mantuvo una intensa actividad con el Ministerio y la Entidad Nacional de Seguros Agrarios, por la que, y por el periodo de un año, se acordó que los siniestros declarados a Agroseguro durante los años 2009, 2010 y 2011 no serían reclamados a los titulares de cotos. Son éstos quienes han actuado con la mayor diligencia y quienes han realizado una función a la sociedad, de forma desinteresada, controlando los daños a la agricultura. Ante la situación de gravedad, la RFEC entiende que este tema requiere una urgente solución por lo que reclama la atención de la Administración sobre esta cuestión y la renovación inmediata de estos compromisos.

Qué debe hacer

Nos vamos a centrar en algunas claves a tener en cuenta en la caza del conejo con hurón, un aliado imprescindible si nos dan autorizaciones para su control ante la gran incidencia que tienen en el medio cuando son abundantes. La paciencia y la máxima atención es fundamental para el cazador de esta modalidad. Ojo, que a veces salen varios conejos del vivar y el hurón sigue dentro trabajando como un condenado. Por eso es recomendable recoger los conejos abatidos al final de la operación y con el hurón en su acomodo.

Al hurón hay que cuidarle en grado extremo dándole agua siempre que se pueda y no dejándoles cazar durante toda la jornada. Se cansan pronto. Por eso no se puede cazar con un hurón solo. Hay que tener tres hurones, por los menos, para cazar una jornada, alternándoles según el terreno. Cuando el hurón ha cazado se duerme en el corcho que es como llaman los de Canarias al acomodo donde se les porta. En Castilla los llevábamos en una cesta de pescar con el agujero tapado.

Cuando no se puede disparar con la escopeta por la proximidad a las casas o las carreteras, pongo por caso, se les caza con capillo, se trata de una red extensible que se acopla al agujero y al salir los conejos se meten dentro y es una gozada ver un rebujo rodante de conejo y red enmarañados. Con red se cazan en zonas de vid donde se mete al hurón para librarse de los conejos. Esta caza era una rama de la vitivinicultura. Mejor detallado: hurón, lazos y cepos eran imprescindibles para el buen viticultor y si no estaba en época de caza, utilizaba el capillo (red). Pues en las linderas o en los perdidos próximos a esas viñas en forma de vaso de las que ya van quedando pocas, si había conejos cerca se zampaban los brotes y el vitivinicultor ponía el grito en el Cielo. Y antes no se pagaban daños.

Decía que ahora las viñas se están replantando con espalderas para cosechar, fumigar, deshijar y hasta podar de forma mecánica. ¡Eso es el progreso! No olviden que así como los frescales donde se siembran cereales siempre son querenciosos para las codornices, allá donde haya majuelos siempre habrá conejos y si no los hay, mala señal.

Penando con hurones

Cazar con hurones sería un gran invento si no fuera porque se quedan dentro de la hura por varios motivos. El más frecuente es porque matan al conejo y su presa se convierte en su alegría y en nuestra cruz, caso de que por alguna circunstancia el hurón quede taponado con el conejo que precisamente termina de matar. Bien es cierto que puede traspasarlo a mordiscos por donde menos chicha tenga que arrancar y salir, pero no es tan fácil debido a que el hurón se ceba con la sangre y termina comiendo para después dormir mientras digesta lo tragado. Es entonces cuando hay que dejar la chaqueta al lado de las huras y esperar a que al día siguiente esté entre la citada prenda. Otras veces el hurón encuentra dentro una lechigada o mata a algún adulto enfermo o sano, qué más da, se hincha a comer y después se duerme atontado, como borracho.

Los canarios utilizan un bozal (sálamo) para que al morder con sus incisivos el hurón no puedan hacer presa, pero pocos lo toleran y se ponen nerviosísimos. Es como si a un gato le cortáramos los bigotes. Tanto al gato como al hurón no se les pueden quitar sus armas de caza. Hay sálamos metálicos y de esparto. Estos últimos son para que en su constante masticar para desembarazarse de tan molesto bozal no se hagan sangre. Sangre no se harán, pero lo pasan igual de mal. No sé si quedarán cafres de aquellos de antaño que les limaban los incisivos o se los cortaban a fin de que no pudieran hacer presa con ellos. Eso es maltrato animal y el hurón lo sufre durante toda su vida. Es como si a un perro que se nos adelanta le dejáramos cojo para que no corriera mucho.

A veces, cuando se caza en montones de piedras (majanos), que dicho sea de paso son las mejores querencias si son de piedras grandes y nuevas, el hurón se queda tirado en huecos de los que no puede salir y si uno quiere al bicho, terminará pagando a un tractor para que mueva el montón de piedras y aun así, lo matará sin querer. Pero más vale una muerte corta que una muerte por inanición precedida de una larga agonía.

¿Y si se quedan dentro?

Lo que tendremos que hacer es armarse de paciencia y dar el día por perdido. O señalarlo con alguna prenda y seguir cazando con el resto. Jamás utilizaremos un collar que no sea de goma elástica para que si se engancha de él el hurón en la cueva o en el majano, salga con toda la facilidad aun cuando se quede dentro el collar. El collar es una tira de goma de esas que se venden en las mercerías para que no se nos caigan los calzoncillos cuando la que viene con ellos de fábrica cede y se afloja. A esas tiras de goma se les puede coser perfectamente un número de cascabeles que no debe de pasar de tres, a no ser que queramos perder siempre el collar.

Cuando pasado un tiempo más que razonable el hurón no haya salido, es muy útil el perro por si está fuera y no le hemos visto, pues es posible que un entramado de cuevas se comunique con otros y tenga botaderos sabe Dios dónde. Ni el perro morderá al hurón, ni el hurón al perro, pero el perro hará unos extraños y si está lo suficientemente compenetrado con el dueño, ladrará. Pero sea como fuere, los perros dan con los hurones de inmediato aun cuando no tengan cascabeles. Si el hurón está muy socializado, viene él sólo donde el amo. Pero dada su corta vista y sus ganas de sacar conejos, no suelen abundar esta clase de bichos. 

También se suele utilizar un hurón atado a una cuerda para que le despierte al dormido o si está taponado le ayude a hacerse paso a través del conejo. A veces un hurón engancha al de la cuerda y tirando con cuidado y tiento lo podemos acercar a la boca. Para esto hay que saber manejar muy bien los hurones, pues como se nos trabe el del cordel, hay que tirar de pico y pala. Y los conejos no hacen las huras donde el hurón o el jabalí puedan hozar y zampárselos, motivo éste por lo que abundará la piedra y esa es muy difícil de picar a veces imposible. Y andar con cinceles sin saber donde está el bicho es como de locos, pero no hay que descartar ninguna posibilidad.

Cuando el hurón se nos queda dentro de la hura, lo primero que hay que hacer es disparar un tiro en la boca de la cueva con mucho cuidado, no sea que le endosemos un perdigón al bicho. El polvo y el ruido del tiro suele animarlos a salir.

Yo siempre que el hurón se me ha quedado, he metido otro para que entre los dos se muevan y salgan y me ha dado buenísimos resultados. A veces se me han quedado los dos dentro, pues todo hay que contarlo. En esos montones de piedras grandes que hay en La Rioja por nuevas plantaciones o restituciones de las de los antiguos marcos de plantación para sustituirlos por viñas con espalderas, jamás meto a los hurones a no ser que sean piedras pequeñas, pues para la eliminación de la piedra en el terreno a fin de plantar o replantar nuevas vides, se suele barrenar la superficie y luego se levanta la piedra con dinamita. Claro, eso da lugar a unos bloques de piedra tremendos. Imagínense al dueño de una finca que acaba de plantar con portainjertos que vengan unos conejos y le coman los brotes del sarmiento. Pone el grito en el firmamento… y pasa factura de gastos.

Los botaderos

He comentado que toda suerte de encrucijadas tiene su botadero. ¿No? Pues cuando se nos queda el bicho dentro, dependiendo de donde venga el viento taparemos las bocas con redes y otras con hierbas, a fin de prenderlas y que el humo vaya dentro de la cueva a fin de obligar a que el hurón salga. Uno se lleva una alegría cuando sale cabreado y tosiendo. Pero de verdad cuando uno se lleva la mayor alegría es cuando el conejo sale endiablado de la hura por el acoso del hurón y cae abatido por nuestro disparo si es para la caza a toro suelto o enredado en el capillo si es para captura, lo que permite su posterior reintroducción, tras la oportuna vacunación, en otras zonas en las que los gazapos brillan por su ausencia.

(Texto: Miguel Ángel Romero. Fotos: Autor).


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