



La caza de conejos en verano tiene un indudable marco de referencia que es el llano, la ladera suave y los manchones y arroyos donde se cazan en gran cantidad con la ayuda de los valientes manetos y podencos, o la inestimable colaboración de nuestros perros mostradores allí donde el monte es más favorable para su forma de cazar.
Cazaremos el conejo avanzando despacio, con cabeza y a un ritmo adecuado al terreno que pisamos, de forma que podamos descubrir a tiempo al conejete que se escurre por delante entre las aulagas, o al que soleándose, comienza a gazapera al percatarse de nuestra ya incómoda presencia por la parte baja de la cañada. Buscaremos los mejores miradores en altos y asomadas, y procuraremos avanzar en zigzag por las laderas alfombradas de monte bajo, donde el conejo se deja tirar relativamente bien.
Recordemos que para cazar conejos en el monte, cuando éste no es demasiado alto ni apretado, no exige cartuchos de muchos gramos, con treinta tenemos una medida justa y adecuada para parar carreras entre los veinte y los treinta metros con soltura; sólo en los recechos y en las laderas más complicadas conviene pasar a unos gramos más, para asegurar la pieza. Con el número de perdigón ocurre igual, ahora con octava se cazan sin problema tirando a distancia media, pero cuando los metros se hacen exigentes, hay que pasar a séptima, e incluso en algunos casos, mejor la sexta que perder conejos heridos.
El conejo que se escurre entre las matas suele hacerlo siempre que puede aprovechando sus pasillos, que se ven muy claramente cuando hay pasto seco, y se ven de lejos las trochas y senderos de los conejos. A veces parece una verdadera red cuando la densidad es alta y el monte tiene abundancia de conejos, que van de un lado a otro para solearse y comer.
Atentos a las retamas, pues los corrillos de retamas con los troncos sin corteza es síntoma claro de que hay conejos muy cerca, incluso van a ir saltando de esas mismas retamas, aunque en estas parcelas es complicado abatir conejos si no se tiene suficiente pericia. Las retamas no sólo tapan al conejo en la huída, sino que nos confunden a la hora de tirar a los más cercanos pues no llegamos a ver bien su trayectoria.
Lo fundamental cazando en las cañadas y en las laderas es observar muy bien todos los claros, cuanto más lejos mejor; una buena práctica es pararse de vez en cuando y estando prevenidos para el encare, mirar de cincuenta metros para atrás, hacia nosotros, así veremos al más lejano y al que o bien salta y de escurre, o está sentado a mitad de camino, en un clarito de matas.
Nunca hay que ir avanzando rápido, y menos cuando vamos cuesta arriba en la ladera, ya que es cuando más conejos se mueven al sentir nuestros pasos, y menos conejos vemos... Trataremos siempre que podamos de avanzar en una posición de suficiente dominio sobre el terreno. Si no hay otra forma que ir subiendo entonces es interesante pararse cada quince o veinte metros y observar bien los pasillos y claros que tenemos por encima.Sin duda el mejor avance es aquel mediante el que controlamos la parte baja de la falda del monte o ladera, pues los conejos se ven muy bien de arriba hacia abajo, incluso en laderas con mucha densidad es conveniente dar varias pasadas a distintos niveles para aprovechar mucho mejor los lances que ese terreno puede darnos.
Posiblemente es lo que más nos gusta, pues nos permite tirar con bastante soltura y con muchas garantías de éxito. Nos referimos a otear bien desde cada alto, cresta, corona y asomada de los cerros que vamos subiendo, raro será que teniendo conejos el monte no tiremos en cada una de estas asomadas.
Se trata de acceder a las asomadas y coronas de los cerros de una forma muy discreta, pues debemos situarnos en el mejor punto de tiro para aprovechar la salida de los conejos que pudieran estar en la cara que veremos al llegar arriba; pero atentos a la configuración del monte, hay cerros con mucha aulaga y esparteras que apenas dejan ver los conejos que se mueven.
Si coronamos y no vemos conejos, podemos chistar o dar alguna palmada, esto hace que los que estaban por allí dudando si huir o esperar, emprendan la carrera, lo que nos permitirá tirar alguno, pues de otra forma se quedarían tapados en el monte sin que los viésemos.En los cortados hay que tener mucho cuidado, ya que a veces los desniveles de estos terraplenes son muy pronunciados, y corremos el riesgo de resbalar o caer. Nos asomaremos muy despacio, pues en zonas de monte bajo y poco apretado los conejos estarán prácticamente debajo de ese balcón, por lo que se suele tirar rápido y sin grandes problemas.
Recordemos igualmente que ahora los conejos aguantan mucho y no se encaman tan rápido como creemos, y así podemos intentar aprovechar el camino de vuelta para pasar de nuevo por los puntos donde conocemos que hay conejos, visitando las mismas asomadas pero desde otro punto, pues el conejo aprende muy rápido cuando el peligro siempre “asoma” por el mismo lugar.
Salvo lances muy concretos y que nos sorprenden, la temporada de conejos en verano cazando en monte y más donde las cañadas y laderas configuran el coto, tienen como referencia los lances que vivimos tirando conejos que se mueven o corren a distancias de entre veinte y cuarenta metros, de ahí que en estas circunstancias lo más recomendable sea avanzar por el terreno de forma que siempre podamos estar viendo -al menos de refilón- los claros y pasillos que tenemos en ese radio de tiro, y no sólo por delante, sino también a ambos lados. Hay que cazar procurando llevar el aire de cara y no proyectar nuestra sombra en la ladera de enfrente o en la cara contraria de la cañada, pues el conejo se asusta muy rápido y se moverán algunos que sin saber muy bien por dónde venimos, se sienten en peligro.
En estos casos emplear cartuchos de 32 gramos suele ser muy eficaz, ya que podemos abatir tanto los que nos arranquen más cerca como los que se mueven más largos, empleando perdigón de octava para el primer disparo y séptima para el segundo, o séptima para todo. Y sobre todo recordemos que tirando conejos algo largos hay que apuntar bien y elevar un poquito la punta del cañón, pues solemos quedarnos mirando por encima de la solista y dejar los disparos bajos.
(Texto: MIGUEL F. SOLER. Fotos: ARCHIVO)









