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La caza menor en Canarias se encuentra en estado de alarma

La sequía, el golpeo de las enfermedades, la carencia de alimento, la incidencia de los incendios forestales y la falta de políticas claras de gestión ha llevado a las especies de caza menor del archipiélago canario a una situación límite esta temporada.
perdiz moruna, podenco canario
Las previsiones “no eran malas” hasta que llegó “la ola de calor de este verano”, las enfermedades del conejo y los incendios

Los cazadores de las Islas Canarias han vivido un inicio de campaña de caza cuanto menos preocupante, tanto como lo es el estado de las poblaciones de conejo y perdiz moruna que habitan en las siete islas del Archipiélago. Tanto una como otra especie han visto cómo el número de ejemplares se ha visto disminuido en una proporción alarmante como consecuencia de lo que el presidente de la Federación Canaria de Caza, José Enrique Sánchez Velázquez, califica como “un año algo anormal, atípico”.

Sánchez Velázquez asegura que las previsiones “no eran malas” hasta que llegó “la ola de calor de este verano” y entraron en acción las enfermedades propias del conejo, como la hemorragia vírica o la mixomatosis, que además se dieron de manera un tanto particular, “una enfermedad en una determinada zona de una determinada isla, otra en otra zona de otra isla, en otras áreas se dieron las dos”, explica el presidente federativo.

A la sequía -derivada también de la “falta de lluvias” vivida en las Islas, como apunta Juan Miguel Sánchez Roig, presidente de la Asociación Canaria de Entidades de Caza (ACEC)- y la consecuente falta de alimento se unió otro factor inesperado, como fueron los incendios forestales, caso del sur de Tenerife –una zona de especial riqueza cinegética, apunta el mandatario federativo- y La Palma.

Todo ello afectó a conejos y perdices morunas, que apenas criaron – “las perdices se emparejaron adecuadamente, pero luego se malograron las pocas puestas que hubo por la falta de disponibilidad de agua”, explica Sánchez Roig-, y las que lo hicieron lo tuvieron muy difícil para sacar adelante a sus pequeños. Un ejemplo de ello puede ser el El Hierro, “que siempre ha sido un vergel para la caza y este año ha bajado mucho”, puntualiza Sánchez Velázquez. La única especie que se salvó de este negro panorama fue la paloma, “al tener grandes áreas de campeo en busca de alimento y agua”, explica el presidente de ACEC.

“Quizá hemos cazado más de lo que deberíamos”

Bajo este escenario, se planteó qué hacer por parte de las Administraciones insulares. Algunos Cabildos, como Fuerteventura, Lanzarote o La Gomera, determinaron ya en su órdenes de veda no abrir la caza en ninguna modalidad “debido al estado desfavorable de las poblaciones de especies cinegéticas como consecuencia de las condiciones climatológicas adversas”.

Otras, en cambio, determinaron abrir, “pero vieron que el estado de las poblaciones que tenían era peor de los que se creía por las expectativas”, y decidieron o cerrar o adelantar el fin de la temporada de caza, como hizo Tenerife, que a instancias de los propios cazadores determinó finalizar antes de tiempo la campaña de caza de perdiz moruna con escopeta, explica el presidente de la Federación Canaria de Caza. La situación allí era realmente preocupante, asevera el mandatario federativo. “Yo soy cazador de perdiz moruna y este año decidí salir sólo con perro, sin escopeta. De ocho días que he salido de caza [entre perros de pluma y perros de conejo, pues también practica esta modalidad] sólo ví seis perdices”.

“Otro caso” –añade Sánchez Velázquez- “es el de Gran Canaria, donde se abrió “excesivamente pensando que los resultados responderían a las expectativas”, reitera el presidente de la FCC, al tiempo que asegura que “posiblemente hemos cazado en exceso”, incluso a pesar de que se hayan acortado jornadas, comenta. “Las jornadas que se cazaron las vamos a pagar al año siguiente”, asegura tajante el máximo dirigente de la Federación Canaria de Caza.

Dicho diagnóstico lo comparte igualmente su homólogo en la ACEC, Sánchez Roig, quien recuerda que se debe cazar “en su justa medida lo que da el campo, sin mermar lo que comúnmente conocemos los cazadores como la madre. La mejor repoblación es la que no se hace por haber cazado lo justo y no haber creado la necesidad”.

Al respecto de las causas por las que se ha llegado hasta aquí, el presidente de ACEC hace una crítica a la falta de interés por adoptar la gestión cinegética como herramienta de conservación, “tanto por parte de la Administración como de nosotros los cazadores”. Sánchez Roig explica que en lugar de hacer mejoras en el hábitat, implementar vigilancia, informar, educar, concienciar, “es decir, gestionar, nos dedicamos a realizar sueltas de animales de granja para practicar una caza artificial, que en la mayoría de ocasiones empeora la situación actual en vez de corregirla”, asevera.

Precisamente, Sanchez Roig apunta que son tres los pilares básicos de la gestión sobre los que se debe trabajar en Canarias: el hábitat donde viven las especies cinegéticas; los cazadores, que interactúan con las especies y el hábitat; y las propias poblaciones de especies cazables, a nivel de abundancia de éstas y de las enfermedades que sufran. “Si conseguimos trabajar en los tres frentes a la vez con pequeñas progresiones, el futuro está asegurado”.

¿Posibilidades de recuperación?

Pese a todo, ambos dirigentes se muestran optimistas, si bien con matices. Sánchez Velázquez es positivo, aunque puntualiza que la recuperación de las especies pasa por la “colaboración” entre todos. “Actualmente nuestra Federación está colaborando con los cabildos insulares, sociedades, etc. para aprovechando esta época, realizar siembras, etc.”, comenta. La intención, dice, es “intentar que se regeneren las poblaciones con lo que tenemos, sin hacer sueltas. Sé que se han hecho algunas sueltas, pero muy pocas y muy controladas”.

Por su parte, Juan Miguel Sánchez Roig asegura que “Va a costar recuperar las especies”, pero  pese a ello cree que en las islas donde la situación es peor en estos momentos, “son recuperables las abundancias de poblaciones cinegéticas de antaño con poco que se haga en favor de ellas”. Entre esas cosas por hacer Roig señala hacia una política de gestión más clara, hoy ausente, por parte de las algunas Administraciones insulares, aunque no de todas, pues pone el ejemplo de Fuerteventura, donde la Administración local “sí se ha implicado” en el asunto.

“Si cuidamos el campo y si cazamos con responsabilidad, tendremos muchos años de caza en las Islas. Cazar en Canarias es cazar en el paraíso”, dice el presidente de la Federación Canaria de Caza. Con eso nos quedamos nosotros también.

(Texto: Ramiro Lapeña. Fotos: Leonardo de la Fuente, Blog LaCazaenCanarias y ACEC).


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