Cómo buscar codornices

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Estamos ya cerca de la media veda nada mejor que dar un repaso a los cazaderos habituales, según las piezas que buscamos. La tradición cinegética de verano está íntimamente relacionada con la caza de codornices, torcaces y tórtolas.
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Percha de codornices en la media veda.

¿Quién no sueña a lo largo del invierno y la primavera con esos amaneceres delante del rastrojo, montando la escopeta y ciñendo la canana repleta de cartuchos de décima, mientras nuestro perro desfoga? La media veda tiene un atractivo único y tradicional, es el contacto del cazador de escopeta y perro con la nueva temporada. Además, las jornadas a codorniz suelen ser tranquilas, relajadas -que falta nos hace-, sin demasiadas preocupaciones si el cazador sabe tomarse la media veda codornicera sin grandes ansias de percha abultada, el campo cambia cada año y la tónica general es la percha menuda, contrarrestada para quienes saben, por buenas horas de campo en el morral. Aun así, siempre podemos cambiar el hábito, pasar de ese rato más o menos largo según el calor, y apostar por dar más valor al esfuerzo que deben realizar nuestros perros, emprendiendo dinámicas que nos pongan más cerca de esas pocas y esquivas codornices de nuestro coto. Seguramente, si eres afortunado y tienes un coto donde cada verano no faltan las codornices, estos comentarios puedan aportarte poco; pero si tu coto tiene algunas, muy dispersas, o en zonas donde bien por grandes o demasiado acotadas, cuesta trabajo que el perro llegue a poner unas cuantas a lo largo de los días hábiles de agosto y septiembre, estos comentarios puedan serte de mayor utilidad para esta nueva temporada que ya se avecina.

No siempre es fácil cazar un rastrojo

En efecto, aunque cuando pensamos sobre una buena jornada de codorniz casi siempre nos remitimos a un idílico rastrojo de trigo por el que ir avanzando y tirando las codornices que nuestro perro saque cada dos por tres, la realidad viene luego a decirnos que el rastrojo puede parecer muy bonito o muy feo, como sea o lo veamos, pero las codornices no siempre están ahí, esperando nuestro paso para saltar a tiro cómodo de décima. El rastrojo encierra sus secretos, ventajas e inconvenientes, y el codornicero que sabe leer el terreno según el día, las circunstancias y la hora, tirará codornices, mientras que el cazador que se deja llevar por la inercia de “lo que en teoría debe ser”, a menudo regresa con la percha vacía y los ánimos por el suelo. Lo primero es distinguir si el rastrojo es inmenso o vamos a cazar unos retales o tiras de rastrojera, la cuestión puede variar mucho en uno y otro terreno. En unas parcelas abarcables en un par de pasadas, el cazador debe entrar de forma que en una primera vuelta mueva codornices, y en la segunda tire bastantes de ellas, si de entrada nos obstinamos en tirar y tirar, seguramente muchas se nos van a escurrir a los márgenes sin que nuestro perro logre localizarlas fácilmente.

Un gran rastrojo tiene un enorme atractivo y muchos rincones donde irse escurriendo las codornices... Al avance de nuestro perro, y cuanto más rápido e impulsivo sea, más codornices va a empujar a moverse a peón, escapando de ese “retumbar” del suelo que pasa tan cerca, así que hay que parcelar bien la rastrojera y acometer su caza por zonas, de esta forma vamos a acotar mejor las posibilidades y no vamos a propiciar un lío tremendo de rastros cruzados que vuelven locos al perro. Como en estos rastrojos tendremos codornices en cualquier lugar, vamos a trabajar primero -entrando de amanecida- una banda, y la cazaremos de adentro hacia fuera, buscando así que las codornices que han estado picoteando en mitad del rastrojo, y aún están en él, sean localizables en mejor medida por el perro; mientras buscamos estas codornices vamos a empujar a muchas al margen más cercano, así que busquemos una parte del rastrojo en cuya linde tengamos una buena lindera, una tira de monte bajo, o un arroyo, ahí iremos más tarde.

Con el aire de cara siempre que sea posible, hay que ir recorriendo el rastrojo de dentro hacia fuera, seguramente volaremos alguna codorniz fuera de tiro, fijémonos hacia dónde va, si va al margen previsto, lo estamos haciendo bien, esa zona es de cobijo de las codornices del lugar. No corramos hacia ella, sigamos cazando, nuestra labor es mover codornices, ya iremos “recolectando” más tarde. No abarquemos toda la mitad prevista o una zona demasiado grande, no podemos cazar un rastrojo de muchas hectáreas en dos o tres horas en una mañana, centrémonos en una zona propicia según su linde y la influencia del viento, y dejemos otras zonas de ese rastrojo para días sucesivos, quien mucho abarca, poco aprieta... Si la ilusión es desbordante, hay que sosegarla para adecuarla a la realidad; en el primer momento de la jornada es cuando pretendemos tirar más codornices, pero es cuando el rastrojo ofrece, a menudo, peores condiciones para ello (las codornices están de retirada, muy movidas, hay mucho rastro, la codorniz apeona muy rápido y largo, etc.), a la par que nuestros perros es cuando cazan más fuertes y largo.

Justo cuando muchos cazadores van ya de vuelta al coche a eso de las nueve, un tanto desilusionados por los escasos lances, con el perro desfondado, el calor comenzando a caer sobre el campo, es cuando nosotros debemos ir centrándonos en cazar de dentro hacia fuera, entonces las codornices tienden ya al sesteo, a quedarse amagadas, buscando los ribazos, arroyos, pegotes de palma o pasto, los perdidos y liegos cercanos al rastrojo, las linderas y hasta el borde del monte bajo. Ahí cazaremos ya pisando bien el terreno, parando de vez en cuando, que el perro vaya y venga, hay que propiciar que en una vuelta u otra localice el peón de la codorniz, que puede estar tanto en mitad de lo más profundo de una lindera, como tumbada ante la sombra de una retama o jara al borde del rastrojo. Es la hora del codornicero centrado y recolector, la hora de hacer percha...

Bordes de girasol, la codorniz inquieta

Desde hace ya bastantes años, muchos de nosotros dependemos en la media veda de los campos de girasol, hay una buena parte de nuestra geografía donde coincide que las codornices tras sacar la primera puesta se sube más al norte en cuanto los rastrojos y campos donde han sacado se recolectan y quedan levantados en dos o tres días, el calor aprieta en exceso, o el ganado entra a las pocas rastrojeras, en principio, adecuadas para que aguantasen unas semanas más, justo hasta cuando se abre la media veda. El sur peninsular tiene codorniz porque tiene campos de girasol y de algodón, aunque cazar dentro de estos campos está prohibido al tener cosecha pendiente, pero sus márgenes, al igual que ocurre con huertas de espárrago, campos de sorgo, etc., permiten al cazador dar unas cuantas vueltas y aprovechar las codornices que se orillan, para colgar unas cuantas en un día afortunado. Algunos cazadores repasan las lindes de los girasoles, dos vueltas, y no tiran una codorniz, ante lo que no vuelven más, de ahí que más de un cazador sale el primer día de la media veda, el de la ilusión, se “estrella”, y ya no sale más... Aunque así sea, es imprescindible campear a nuestros perros, aun sin grandes perspectivas de codornices, por ello vamos a abordar algunos aspectos que tal vez cambien el concepto y nos animen a repetir la excursión.

Primero, en el campo de girasol la codorniz está donde menos la molestan, sobre todo, donde más mata hay en el suelo, y además, allí donde alguna lindera de mucha broza o algunos desniveles, les dan cobijo en las horas de más calor. Si habéis entrado alguna vez con el perro en mitad de unos girasoles (ojo, ahí no podemos estar cazando) tal vez habéis comprobado que salen codornices cuando menos te lo esperas, y es que la frondosidad de unos girasoles altos, y verdes aún en agosto, hacen que las codornices se aguanten allí, muchas veces en bando. Por ello no siempre están en la linde, pero hay que saber adecuar los recursos para intentar tirar alguna, así que de entrada hay que cazar los bordes del girasol con el ánimo de orillar algunas para tirarlas en la segunda o tercera vuelta, es decir, hay que buscar campos de girasol que no estén muy visitados por otros cazadores de forma que nuestro primer trabajo sea productivo posteriormente para nosotros, y no para quien viene detrás...

En la primera pasada, con el perro más fuerte por estar tomando contacto con el campo en los inicios de la jornada, vamos a mover bastantes codornices, que corren a peón para evitar el acercamiento del perro, algunas tienden entonces a irse orillando. Lógicamente, para esto el perro debe cazar con libertad, entrando en una buena franja de girasoles, si caza fuera no haremos nada. Esta dinámica implica que debemos plantear la jornada en varias pasadas alrededor del campo de girasoles, para en la segunda o tercera vuelta tirar alguna de las que finalmente están sesteando en el borde o entre los primeros metros de cañas de girasol. Cuando el calor comienza a apretar la codorniz buscará las zonas más frescas en los girasoles, centrémonos en las esquinas o márgenes donde el suelo tiene brozas, ahí hay codornices.

Otro punto fuerte es el arroyo o el bancal entre campos de girasol, estos márgenes entre campos tienen bastante codorniz, hay que cazarlos mejor cuando ya han pasado algunos cazadores de forma rápida, que si intentamos llegar nosotros los primeros, aunque ciertamente podemos tirar alguna. En estas zonas interesa que alguien mueva las codornices, y cuando el campo se quede ya apaciguado, alejados ya los cazadores impulsivos que van a carrera tendida con sus perros, entrar sosegadamente nosotros, pisando despacito el arroyo o la linde, parándonos, dejando trabajar a nuestros perros, así tiraremos algunas que ni nos esperábamos.

(Texto: Miguel F. Soler. Fotos: Alberto Aníbal-Álvarez).


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