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Seguridad en las monterías

Se acerca la apertura de la temporada general y nunca está de más recordar buenos consejos para que las monterías terminen con tranquilidad y sin sustos o desgracias. Debemos ser conscientes que en el campo no estamos solos y la seguridad es fundamental.
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Monteros dirigiéndose hacia los puestos.

En el puesto estaremos atentos, manteniéndonos en alerta el mayor tiempo posible y evitando hacer ruidos que puedan delatar nuestra presencia. Muchos se quejan de su mala fortuna en las monterías, y cuando un día los tienen a su lado, te das cuenta de cuál es realmente el problema. Desde que llegan al puesto no paran de moverse y hacer ruido, o se sientan en una silla que parece un butacón, de forma que cuando quieren levantarse al escuchar un ruido resulta que el guarro hace un buen rato que pasó el cortadero. Al poco de llegar al puesto empiezan a comerse unos enormes bocadillos, por lo que descuidan totalmente la alerta, siendo el momento elegido por los jabalíes para pasar por la postura. Otros llevan al puesto un sinfín de aparatos totalmente inservibles en una montería, como grandes prismáticos, medidores de distancia, amplificadores de sonidos, etc. En más de una ocasión se les cuela el cochino mientras miran lo que hacen los puestos del sopié o el devenir de los perros por la mancha.

Siempre recuerdo lo que un gran guarda de la Reserva de Cijara decía: “si oyes venir al guarro ya está medio muerto”. Es bien cierto que si escuchas llegar al animal, estarás preparado para cuando salte al cortadero, siendo muy difícil que te gane la mano. Además, aproximadamente calculas la posición por la que va a salir, estando casi encarado y debiendo tan sólo corregir un poco para tenerlo metido en la cruz del visor a nada que dé un poco la cara. El oído es siempre fundamental en la montería y el éxito en el tiro depende en buena parte de él.

Las precipitaciones no son buenas, teniendo la mayoría de las veces un resultado negativo y haciéndonos perder la que seguramente es la única posibilidad de toda la montería, pues tan sólo en raras ocasiones se nos presentará la posibilidad de tirar varias veces en la misma postura.

Una vez que tenemos metido en el visor al cochino, hemos de tener siempre en cuenta que en el monte hay mucha gente, otros monteros, perreros, guías, muleros, etc., de manera que antes de apretar el gatillo tenemos que estar plenamente seguros de que no hay ningún peligro. Nunca dispararemos al viso, pues debemos tener en cuenta que no sabemos lo que hay detrás, pudiendo ocasionar un gravísimo accidente, por eso siempre se ha de disparar enterrando la bala, es decir, que si fallamos vaya a parar a un lugar en el que no ofrezca peligro, sabiendo en todo momento qué lugar es ése.

Otra de las normas elementales de seguridad es la de no disparar nunca hacia el monte que se está batiendo y no tirar al tarameo o movimiento de la vegetación, ya que puede tratarse de un perro o, lo que es mucho peor, de un perrero u otra persona que por el motivo que sea se encuentra en el monte. Siempre debemos estar plenamente seguros de que estamos disparando sobre una res y hasta que no la veamos y la identifiquemos plenamente no deberemos apretar el gatillo.

(Texto: Alberto Aníbal-Álvarez. Fotos: Archivo).

 


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