El reto de los corzos en junio

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Abril y mayo quedaron atrás para los corceros. Sin embargo, mirando los periodos hábiles de caza de la especie, aún quedan algunas semanas o meses por delante para seguir disfrutando del corzo y su venatoria.
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Trofeo de corzo.

Junio no es un mes fácil tras los ‘duendes’, pero asumir, como se ha asumido, que en estas fechas es mejor quedarse en casa, para volver a intentarlo llegado julio y con él el celo, me parece que no se ajusta ni de lejos a la realidad.

Desde luego que el balance de abates en estos días no es comparable al de meses anteriores, entre otras cosas porque la temporada avanza con paso firme, los machos cobrados ya no están en el monte y los que no han sido cazados andan cautos a la hora de exhibirse, aunque eso no nos debe hacer  guardar el rifle y los prismáticos a la espera de tiempos más favorables. No obstante, para los aficionados que decidan pisar un monte más propio ya del verano que de la primavera, aquí van cinco consejos para tratar de hacer buenas estas salidas cinegéticas.

1. Los corzos siguen ahí

Lo primero que conviene señalar es que los corzos, a pesar de la supuesta invisibilidad que se les atribuye en estas semanas, siguen ahí, en nuestros cazaderos. Como comentábamos anteriormente, la campaña no acaba precisamente de comenzar y numerosos machos ya han sido abatidos. Los que no, como es lógico, andan recelosos y ante el menor atisbo de peligro se decantan por la huida. Si a esto unimos la llegada del calor y que el marcaje y defensa de los territorios ya no les ocupan tanto tiempo, es natural que opten por ser más ‘duendes’ que nunca y pasen la mayor parte del día en lugares inaccesibles y frescos dentro de sus dominios.

2. Mejor dentro que fuera

En las áreas eminentemente cerealistas no tiene mucho sentido buscar a los corzos en los espacios abiertos, porque los cultivos de trigo, cebada o centeno se encuentran muy altos -en algunas zonas a punto de cosecharse- y ya no ofrecen a los corzos un alimento apetecible. En todo caso, de disponer de ellas en nuestro cazadero, pueden darnos algunos resultados las remolachas, las alfalfas, las esparcetas, los girasoles, etc. Pero si no contamos con estos cultivos que aún conservan el verde en junio, lo mejor será recechar por las pistas forestales dentro de los bosques, a fin de aprovechar los pasos o cruces de los animales, o aventurarse por las sendas, siempre en busca de sitios frescos que todavía conserven un alimento de calidad para el paladar exquisito de este pequeño cérvido.

3. Praderías, monte y campas

Si nos movemos en cazaderos más septentrionales, el panorama venatorio cambia menos respecto a lo que puede significar recechar en mayo. Al igual que el mes anterior, los prados, las campas y el monte se encuentran exuberantes y ocultan en buena medida a nuestro objetivo cinegético. La desnudez de chopos, robles, castaños, etc. en abril dio paso, en mayo, a árboles repletos de hojas que ya no permiten otear a través de sus ramas. De esta forma, toca el turno de seguir barriendo con los prismáticos las praderías, así como buscar los claros dentro del monte cercanos al agua o internarse en los bosques donde se presume están los encames.

4. Cortos recechos de mañana

Debido a la proximidad del verano y a la subida de la temperatura, el rececho mañanero se reduce ostensiblemente si lo comparamos con el de abril y buena parte de mayo. Y es que a poco que el sol gane altura, el calor empieza a ser considerable y no hay quien pare en el campo, lo que invita a los ‘duendes’, más resabiados que de costumbre, a recogerse incluso antes de que el astro haga acto de presencia. Una hora u hora y media, máximo dos, será el tiempo normal de que dispongamos para el rececho mañanero, de modo que es preciso madrugar y llegar al cazadero cuando aún la oscuridad es total.

5. Hasta que no se vea

En lo tocante al aguardo vespertino, y sabedores de que el solsticio de verano está a la vuelta de la esquina, con lo que anochece, según la latitud y altitud del cazadero, entre las diez y las once, es aconsejable llegar al punto de espera con tiempo suficiente pero no demasiado, ya que en las tardes de junio el calor puede ser sofocante. Además, entre la temperatura alta y la cautela de los animales, lo ideal es prolongar el aguardo hasta que no se vea, siendo muchos los machos cazables que se mueven cuando ya no hay casi luz o la oscuridad se ha apoderado del entorno.

(Texto: José María García. Fotos: Archivo y shutterstock).


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