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Y QUÉ DEBEMOS HACER TRAS EL DISPARO

Cómo reaccionan las reses a nuestros tiros

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Cuando ejecutamos un disparo a una pieza y ya estamos medio sordos de tanto tirar, la mayoría tenemos dentro una especie de alarma que nos dice si el tiro ha ido bien o mal y, por tanto, una primera idea de lo acertados que hemos estado.
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Tirando en un cortadero durante una montería.
Conviene fijarse en la forma de correr del animal, porque nos ayudará a saber si va tocado o no

Los más avezados ni siquiera cerramos el ojo tras el disparo y podemos incluso ver la reacción de la res al tiro. Si ni se inmuta, lo normal es que ni la hayamos tocado. Hay gente que piensa que cuando una res no reacciona al tiro es porque se ha muerto de golpe, y en alguna rara ocasión esto es así, pero la mayoría de las veces el animal no ha sido tocado. Cuanto antes le tiremos de nuevo, mejor. Incluso como dicen los castizos, tras el primer disparo hay que tirarle hasta el mechero.

La reacción normal de muchas reses después del disparo es salir de marras sin preguntarse qué las ha asustado. En general, esta reacción es la más normal en ejemplares con más años y que ya han sufrido experiencias previas de este tipo. Pero muchas veces es el primer signo de haber impactado bien. Conviene fijarse en la forma de correr del animal, porque nos ayudará a saber si va tocado o no. Es importante tener en la cabeza que una res que sube monte tiene más visos de no estar tocada. ¡Ojo!, sólo más visos, porque a veces con un buen tiro tardan en dejar la pendiente.

Si somos capaces de ver claramente la reacción del ejemplar a nuestro tiro, la de tipo brinco o salto supone haber hecho blanco casi con seguridad. También es así cualquier signo de arrugarse o dar una coz. Por supuesto, toda res que se desploma o se cae de una de sus patas es evidente, hasta para el más novato, que ha sido pinchada.

Después del disparo

Siempre que disparemos a una res hay que verificar de forma concienzuda el lugar en el que se encontraba cuando tiramos. Siempre. Incluso cuando creemos que hemos errado el tiro. En no pocas ocasiones el animal sale de golpe, como si no lo hubiéramos tocado, y no por ello se va ‘limpio’. En otras ocasiones nuestra bala pasa de lado a lado y se incrusta en la tierra, con la consiguiente nube de polvo que nos hace creer que hemos fallado.

A veces es al contrario y un ruido típico de impacto, como el ‘paff’, es producido por el barro del terreno al golpear la bala, llevándonos a pensar que hemos acertado a la res. Sea como fuere, tras el disparo se impone llegar al lugar exacto donde estaba el ejemplar y verificar el disparo. En reses de pequeño tamaño y con calibres no muy pequeños, la bala pasa de lado a lado dejando en el punto de disparo pelos, sangre e incluso trocitos de hueso. Por contra, en reses de cuerpos grandes, como jabalíes, venados o cabras monteses, en el lugar del impacto puede no haber ni una simple gota de sangre o un solo pelo.

Después de verificar la ausencia de rastros iniciales, se impone una meticulosa búsqueda en la trocha o senda que haya usado el animal para su huida. Si ya hemos constatado en el punto de impacto que hay restos de sangre o de otro tipo, debemos seguir buscando esos rastros. Si por el contrario el resultado inicial es negativo, habremos de intentar seguir las huellas de huida de la res para ver si más adelante da sangre o algún otro indicio de estar tocada.

En muchos casos una res no dará ningún síntoma de estar herida hasta transcurridos unos metros desde su huida inicial, e incluso hasta un buen centenar de metros más adelante. Así que no tenemos que desanimarnos y seguir intentando localizar su rastro de huida hasta estar bien seguros de haber fallado. Llegado este caso, lo mejor es volver al tiro y tratar de encontrar el punto de impacto de nuestra bala en el suelo para garantizar que hemos errado el tiro.

Si tenemos claro que hemos hecho blanco, hay que dar a la res su tiempo y dejar que la herida haga su trabajo sin interrumpir el proceso. Eso quiere decir que hay que dejar pasar un tiempo antes de acometer el rastreo. Lo ideal, una media hora, lo mínimo, de diez a quince minutos para dar tiempo a que se enfríe el animal.

(Texto: R. Centenera / Fotos: Archivo y F. Sánchez)



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