Cómo interpretar las huellas de forma correcta

El rastreo de las reses

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Existen diferentes formas de rastrear, dependiendo del estilo empleado, del grado de conocimiento y de compromiso intelectual aplicado a la tarea. Pero, sea como sea, cuando se rastrea es fundamental poder interpretar en forma correcta las huellas.
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Distintas huellas cerca de un puesto.

Las huellas que va dejando el animal sobre el terreno nos proporcionan valiosa información acerca del peso, sexo, estado de salud, y velocidad de tránsito de la presa, y probablemente hasta podamos deducir de las mismas hacia adónde se dirige el animal y con qué propósitos, datos todos estos que nos permitirán armar un plan de trabajo, y estimar de antemano si la presa justifica el esfuerzo de rastrearla.

En el pasado el único motivo para la interpretación correcta de las huellas era poder determinar el rinde potencial de la presa medido en kilogramos de carne. Nuestros antepasados eran capaces de calcular el grado de dureza de aquello que iban a sacrificar mucho antes de siquiera haber visto a su presa. Además, nadie quería invertir algunos miles de calorías, duramente ganadas, persiguiendo a un animal escuálido o enfermo que no devengaría por la inversión realizada. Hoy las cosas son diferentes. A lo sumo nos interesamos en una huella para saber si la presa es macho o hembra, rogando que al final de esa larga persecución que estamos por emprender la diosa Fortuna nos regale con una magnífica cornamenta, un par de colmillos relucientes o una buena melena. En este mundo de supermercados en realidad no hay ya otra recompensa para el cazador. Al menos para la mayoría.

La esencia de la caza

Para algunos escogidos poder leer una huella correctamente, y de la misma armar una estrategia de caza exitosa es toda una recompensa que va mucho más allá del valor de poder colgar un trofeo en algún rincón del hogar. Para esos pocos, eso es cazar con mayúsculas. Tomaremos para ello una pisada de ciervo. La misma es muy similar a la de un jabalí o un corzo y la mayor parte de lo que aquí se diga es válido para estas especies, que en definitiva constituyen nuestros trofeos más frecuentes.

De esa huella debemos prestar atención, y analizar a conciencia su longitud, su ancho, la profundidad de la misma, su contorno y la frecuencia y forma en que ha sido impresa en el terreno. Esos dos últimos datos nos darán una idea de la velocidad de desplazamiento del animal (al paso, al trote, a la carrera), y de ello, y de la antigüedad de la huella, podremos inferir las posibilidades reales de darle alcance.

La longitud no siempre es una medida que pueda ser correlacionada en forma directa al tamaño y/o la edad de la presa. En ocasiones la huella más corta pertenece al animal más viejo. Ocurre que las pezuñas, que son las que imprimen esa huella, son de un material relativamente blando, colágeno, que con el tiempo sufre desgaste, acortando la impresión de manera tal que un animal de cinco años dejará una impresión más corta que otro de cuatro, aunque la del primero será más ancha y probablemente más profunda.

Debido a este proceso de desgaste, la forma de evaluar tamaño, peso y/o edad del animal es tomando en cuenta el largo y la profundidad de la pisada. Cuanto más pesado sea el animal mayor será la profundidad de la misma, y por el mismo motivo resultará más ancha, ya que a una carga más pesada mayor resultará la separación interdigital, separando los dedos entre sí y aumentando el diámetro transversal. Pero recuerde esto: al evaluar una huella uno debe considerar primero la dureza del piso sobre el cual se la imprimió, y luego tomar en consideración el largo, ancho y profundidad de la misma. Diferentes consistencias del terreno darán diferentes medidas para un mismo animal.

Pero aún puede hacer algo más. Trate de determinar si el contorno de la misma presenta alguna muesca o marca en particular, algo frecuente entre animales salvajes, expuestos a suelos duros. Esa marca puede ser más adelante la única forma de diferenciar esa huella de otra muy similar.     
El sexo de un animal puede ser deducido por el tipo de terreno por donde transita, la época del año en que lo hace, de la presencia de otros animales o no, por su tamaño y hasta por la forma de orinar del mismo.

Tomemos a un venado de cuatro o más años con capacidad como para liderar un harén propio, lo cual representa todo un trofeo. Este animal transitará en compañía de hembras y crías durante la berrea, y lo hará junto a sus pares, o solo, entre el final de misma y el comienzo del próximo ciclo sexual. Por lo tanto, y al comienzo del ciclo descrito, su huella se encontrará mezclada con pisadas medianas (de las madres) y otras más pequeñas (correspondientes a las crías). Por supuesto las huellas de las hembras raramente alcanzan el peso de un macho, pero pueden hacerlo y confundirnos.

Terminada la berrea y hasta el comienzo de la próxima, ese animal se retirará a sus territorios de invierno, y permanecerá en ellos solo o en compañía de otros animales similares en peso y tamaño, por lo cual todas las huellas serán similares. En este caso, y si se halla en pos de un animal en particular, esa pequeña muesca o falla en la huella de la cual le hablé le será de gran ayuda para individualizar a su presa.

Características generales

A grandes rasgos una huella grande aislada pertenece a un macho. Las hembras dejan pisadas más chicas, y raramente andan solas. Si a eso le suma la época del año en que realizó el hallazgo y el lugar le será bastante sencillo darse cuenta frente a cual tipo de animal está, su sexo, peso y hasta afirmar sí es residente del lugar o se encontraba de paso. Como habrá notado, todo depende de poder reconocer una huella como grande, y de no equivocarse al juzgarla. Para ello, y hasta que pueda hacerlo sin ayuda, es conveniente que mida la mayor cantidad de pisadas que pueda, y para ello puede emplear para comparar un cartucho o cualquier otra cosa, como por ejemplo un cuchillo. Al cabo de poco tiempo podrá reconocer a simple vista si lo que está viendo vale la pena rastrear o no.     

Bien, esto no es todo, pero sí lo esencial. Ahora es el momento de salir al campo y comenzar a inspeccionar huellas. Tenga presente la época del año, el lugar y trate de imaginar quién pudo haber dejado esa huella, que estaba haciendo en el lugar y hacia donde se dirigía. Al comienzo no será simple, pero se puede hacerlo. Nuestros ancestros, con menos conocimientos técnicos que los nuestros, pero con más hambre, pudieron hacerlo. ¿Cree que será capaz de lograrlo?

(Texto: Daniel Stilmann. Fotos: Archivo).

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GONZÁLEZ VILLARREAL
Realmente muy instructivo. Siempre necesitamos y es muy bueno prepararnos intelectualmente para tratar de llevar al campo la práctica, fundamentalmente a los que somos citadinos. Saludos, Néstor

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