Pautas para cazar ciervos en berrea

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Llegados a septiembre los grandes venados comienzan a emitir sus característicos bramidos indicando el comienzo de la berrea, un tiempo ansiado por muchos para hacerse con grandes trofeos. José Luis Torío nos da algunas claves para afrontar estos recechos.
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Los aficionados a la berrea del ciervo buscan, incluso por encima de abatir un buen trofeo, la sensación íntima de sentirse inmersos en la naturaleza y poder recechar sin ningún tipo de presión.

La fecha exacta en la que se produce la berrea difiere de unos a otros años; en general suele tener lugar una semana antes de que el otoño entre de manera oficial, al igual que ocurre con su duración e intensidad, que es imprevisible. Incluso en un mismo día puede ocurrir que tras una mañana de gran intensidad, en la tarde el monte puede llegar a enmudecer y viceversa.

En consecuencia, resulta complicado señalar en el calendario una fecha referente del inicio de la berrea; aunque podríamos ubicarla, aproximadamente, y siempre dependiendo de la climatología y la latitud donde estemos, desde principios de septiembre hasta entrado octubre.

Dejando aparte la influencia que tiene el adelanto o retraso de las lluvias otoñales, el aporte de alimento suplementario, la restauración de puntos de agua naturales o la instalación de puntos artificiales, la influencia de estas actuaciones son decisivas tanto para la fecha de comienzo como de cara a la propia intensidad de la berrea.

Tenga presente que en un coto bien gestionado, en el que el aporte de alimento y agua haya sido constante durante todo el verano, la berrea siempre estará asegurada; por el contrario, en aquellos predios en los que no se realizan mejoras, la berrea siempre será menor.

Paralelismos entre la caza del corzo y del ciervo en berrea

Cada vez son más los aficionados a la caza mayor que se sienten atraídos por el la caza del venado durante su celo. La mayoría son auténticos enamorados de los recechos de caza de corzo, que ahora empiezan a compartir ambas aficiones, algo que se constata en la fuerte demanda que ha experimentado esta modalidad venatoria en pocos años.

Y es que corceros y aficionados a la berrea del cervuno buscan, incluso por encima de abatir un buen trofeo, la sensación íntima de sentirse inmersos en la naturaleza y poder recechar sin ningún tipo de presión.

Sin entrar en consideraciones directas ni valoraciones subjetivas entre las virtudes y diferencias que existen entre la caza del corzo y el venado a rececho, de manera inmediata diríamos que a los ciervos durante la época de amoríos, aunque parezca una obviedad, los descubrimos por sus berridos y al corzo mediante los prismáticos.

A partir de ahí, previo a jugar el lance, lo primero que debe hacer el cazador nada más llegar al cazadero es dedicarle tiempo al monte, aguzar el oído y, una vez localizados uno o varios machos berrear por los alrededores, dilucidar cuál es la mejor opción, que, por supuesto, siempre será la del animal con viento desfavorable, para evitar ser descubiertos.

Acercarse sin que nos descubran las hembras

Antes de continuar quisiera significarles que no es tan fácil la aproximación como a veces se oye decir. Estamos de acuerdo con que el venado durante esta etapa de máxima excitación es notoria la merma física que sufren algunos de sus sentidos más importantes, como son el oído, la vista y el olfato, debido al sobreesfuerzo que le supone el apareamiento con las hembras y las luchas con los congéneres.

Esto no significa que las ciervas también bajen la guardia; es más, el verdadero peligro de que nos descubran reside en ellas, que siempre ponen todos los sentidos en estado de máxima alerta, prestas a dar la voz de alarma ante la más mínima señal de peligro.

Por eso es importante tener siempre en cuenta que, durante la faena de aproximación, la verdadera dificultad con la que nos vamos a topar a la hora de jugar el lance no serán los machos, sino las alcahuetas de las hembras, que jamás dejan de vigilar ni de moverse en derredor de su pretendiente.

Sobre la manera en que berrean los venados

El fonema que conocemos como berrido es consecuencia de un sonido gutural que se produce mediante la elongación del tracto vocal y el descenso de la laringe, función que le permite al ciervo modular diferentes frecuencias de tono, así como acortar o prolongar la duración del berrido.

La razón por la que la naturaleza ha dotado al ciervo para lanzar al aire estos berridos no es para cumplir con una función desafiante, sino más bien resulta un mecanismo defensivo que utilizan para desanimar a los presumibles contrincantes y evitar, en lo posible, las peleas fraticidas entre los ejemplares mejor dotados.

Hilando con el párrafo anterior, existe un punto en el que no todo el mundo se pone de acuerdo: la creencia generalizada de que la duración del berrido, su frecuencia y, sobre todo, su tono más o menos grave indican el poderío del animal que los emite.

Pues no, aún respetando todas las opiniones, sobre este asunto discrepamos, y es que más de una vez nos hemos equivocado al valorar a un animal por sus berridos, en algunos casos por exceso y en otros ha sido por defecto; lo cierto es que pocas veces hemos acertado al valorar estos sonidos. Consecuentemente, somos de la opinión de que sólo el control previo de las reses es el que nos sirve para valorar el presumible porte de un animal.

¿Qué lugares son los más querenciosos?

Hasta ahora hemos tratado sobre la caza del ciervo en berrea mediante el llamado rececho tradicional, y debo decir que durante esta época del año plantea bastantes inconvenientes. El terreno, salvo alguna tormenta o chaparrón imprevisto, se encuentra abrasado por el calor, y bajo estas condiciones es imposible caminar sin delatar nuestra presencia.

Por consiguiente, cuando el monte se convierte en una caja de resonancia nuestro consejo es que busquen un lugar querencioso para situarnos tranquilamente de espera.

Si el objetivo es un buen ciervo, al ponernos de aguardo nunca busquen sus escodaduras y trochas sobadas que evidencian las andanzas de los machos; mejor busquen aquellos lugares por dónde suelan carear las hembras.

Aparte de los cebaderos, las bolas de sal y los consabidos puntos de agua, existen otros lugares concretos, conocidos como “plazas o picaderos”. Se trata de arenales abiertos de vegetación a donde los venados acuden con asiduidad durante la berrea, resultando también ser unos sitios estratégicos para esperarles.

(Texto: José Luis Torío. Fotos: Alberto Aníbal-Álvarez y Shutterstock)

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soy de mexico saludos...........

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