



El lunes la Consejería de Agricultura y Ganadería recibía un informe del laboratorio madrileño –que junto a los de León y Granada estaba trabajando con las muestras extraídas de los ciervos muertos- que despejaba el misterio que pesaba sobre los masivos fallecimientos de venados.
La pasteurelosis es una enfermedad originada por una bacteria “comensal” denominada pasteurella, que reside de manera habitual en cantidades moderadas en el tracto respiratorio de los animales, según informó la Junta de Castilla y León en un comunicado.
Dicha bacteria habita en el aparato respiratorio de los rumiantes domésticos y salvajes y que en ocasiones, cuando se multiplica, les puede originar la muerte, según ha explicado en declaraciones a la agencia EFE el presidente del Consejo General de Veterinarios de España, Juan José Badiola.
Esta bacteria comienza a multiplicarse ante bruscos cambios de temperatura, como los registrados en las últimas semanas, muy altas por el día y bajas por la noche. “La pasteurella es una bacteria que está ahí, vive habitualmente en el aparato respiratorio de los animales, y lo que pasa es que ante una bajada de defensas por una diferencia drástica de temperaturas en poco tiempo, como es el día y la noche, ésta empieza a multiplicarse de forma muy elevada; es cuestión de horas”, señala Badiola.
Una vez que la bacteria entra en el torrente sanguíneo, se produce una septicemia hemorrágica, que mata al animal. El proceso es rápido y suele terminar con la muerte; y en los ejemplares más resistentes se desarrolla una neumonía, que, generalmente, también acaba con su vida.
“Al parecer, los ciervos son especialmente sensibles a esta bacteria” ha puntualizado el presidente del Consejo General de Veterinarios de España, quien también ha comentado que el elevado número de grupos de ciervos que viven en las zonas afectadas –la cabaña de ciervo en Zamora se estima en unos 4.000 ó 5.000 ejemplares, mientras que en León la población supera los 1.000 individuos, según cifras facilitadas en los últimos días por el Gobierno de Castilla y León- habría actuado como un factor determinante en las muertes masivas.
Sobre posibles contagios a otras especies, Badiola considera que “otros animales han podido sufrir las mismas condiciones climatológicas, pero están más protegidos”, en referencia al ganado. La pasteurelosis es una enfermedad propia del otoño y la primavera en el ganado, y es frecuentemente diagnosticada por los veterinarios. “estamos hartos de diagnosticarla”, significó Badiola.
Hasta el momento, la pasteurelosis se ha cobrado la vida de 141 ciervos, según los últimos datos facilitados ayer en comparecencia pública por el consejero de la Presidencia y portavoz de la Junta de Castilla y León, José Antonio de Santiago-Juárez, quien ha puntualizado que su intensidad “está remitiendo” y se trata de un “episodio común” que tiene tratamiento para los animales domésticos y no afecta a los humanos.
En este sentido, la viceconsejera de Desarrollo Rural, María Jesús Pascual, quien ha acompañado a Santiago-Juárez, ha dicho que la bacteria se eliminaría por los propios jugos gástricos del sistema digestivo y que la pasterella no resiste una temperatura de 55 grados, por lo que ingerir carne cocinada de un ciervo afectado no tendría efecto negativo.









