En los aguardos al jabalí es fundamental conocer los 'tempos' del suido

Nocturnas querencias

Versión para impresiónVersión para impresiónEnviar a un amigoEnviar a un amigo
Cuando acumulas años de nocturnidad venatoria, con visionar simplemente un paraje te das cuenta de que éste, por su configuración, favorece la ubicación de los mejores y más grandes jabalíes.
hombre espera

Así, es su parte inaccesible, lóbrega y poco visitada lo que combina el escenario y su vegetación para que sea un espacio propicio para huraños y solitarios, animales que, curtidos en cientos de avatares, parecen, sólo por su singular perfil, los únicos capaces de ser los amos de tales espacios. Luego podrá haber otros sitios ideales para aguardar en el cazadero, en los cuales, cada cierto tiempo, hay presencia de jabalíes de bandera. Los machos viejos tienen hábitos, y prueba de ello es que se confían y se arriman a los cortijos y caseríos a sabiendas de que de ellos no vendrá el acoso, y si acaso sólo prestarán algo de atención a la ladra de los perros por cargarse de su montuno aire. La actitud del jabalí es cambiante y bien distinta cuando se presenta en zonas apartadas de siembra y cultivo donde, en ocasiones, el hedor humano también se hace presente en un tiempo que no corresponde al que debería ser la rutina propia de tal olor con luz de día.

El tiempo nos demuestra que la caza aprende, y las conductas aprendidas del jabalí se acentúan o acumulan precisamente por las lecciones que el cazador le muestra. El aguardo es rusticar el campo de día para cazarlo de noche, pero sólo si se dan las condiciones para ello, puesto que la añoranza de esperar se hace necesidad y una vez en el campo no siempre es posible aceptar la renuncia.

Pronto parecen olvidar algunos aquellas esperas que, por ser las primeras, eran puro sentimiento y en las que la importancia del logro de la pieza que fuera era sólo lo que primaba. Noches en las que a pie de campo se recogía alguna información y donde la permanencia en el aguardo se consumía haciendo cábalas sobre la dirección o procedencia de la pieza esperada. Mientras, los mosquitos hacían su agosto y en la mágica oscuridad de esas horas, cuando el búho real se hacía oír, el cazador caía en la cuenta de sus muchas cadencias y, de paso, meditaba si los avisos del campo en la noche, motivados por otros animales, también servirían para modificar las reacciones del jabalí en su camino al aguardo.

En junio es difícil leer el terreno por estar seco, pero siempre algún indicio de presencia es suficiente para averiguar el devenir nocturno del guarro y para, una vez sumados los datos, intentar establecer una cita en el lugar más acorde, no siendo en ningún caso el cebadero el más recomendable porque en estas fechas compite con puntos de pitanza natural. En aguardo o espera todo radica bastante en la escasez, siendo ésta la esencia para buscar en la sapiencia y experiencia de cada cazador. Así, exponiendo todos nuestros recursos adquiridos y elevándolos con tiempo al lugar apropiado, nunca renunciaremos al anhelo de hacernos con uno de esos buenos jabalíes en la querencia que mejor oportunidad nos brinde. Todo siempre pasa por trabajar los rastros y sin horas de pisteo el abate es pura anécdota.

Etiquetas:

Su voto: Ninguno Valoración: 5 (1 vote)
publicidad
publicidad

289,99 €

Portabotas RTC
(Botas Hart)
20,00 €

11,00 €

Botas Hart Stand
(Botas Hart)
110,00 €

62,00 €

Cargador Linterna TK30
(Fenix Linternas)

26,30 €

229,99 €