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Consejos para hacerse con un ‘guarro oro’ en abierto

Jabalí medalla de oro, nuestro gran reto cinegético

Conozco a muchísimos cazadores, pero si os digo la verdad, son muy pocos los que tienen el honor de poseer en su colección de trofeos un jabalí medalla de oro cazado en terreno abierto, con independencia de la modalidad puesta en práctica.
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Fantástico guarro cobrado en aguardo.
Abatir un jabalí medalla de oro en abierto es francamente complicado y son muy pocos los que se homologan anualmente

A todos los orgánicos se les llena la boca de medallas, diciendo que en tal o en cual montería se han cazado varios 'cochinos oro', pero a la hora de la verdad, nada de nada, si llegan a bronce ya son grandes trofeos, salvo, claro está, en cercones. Hoy por hoy, abatir un jabalí medalla de oro en abierto es francamente complicado y son muy pocos los que se homologan anualmente. Esta tremenda dificultad es un factor que sirve como aliciente en la caza de esta especie y hace que su trofeo sea el más deseado.

Otro factor que añade incertidumbre es lo sumamente difícil que resulta su valoración en el campo, no estando casi nunca seguros sobre qué estamos tirando realmente. Dependiendo de la modalidad venatoria que practiquemos, esta valoración se podrá  hacer con mayor o menor precisión. Podremos ser bastante selectivos en los recechos, un poco menos en las esperas y prácticamente nada en las monterías o ganchos, donde en la mayoría de los casos sólo dispondremos de unos segundos para tomar la decisión de disparar o no. Además, por lo general se valora más el lance que el trofeo. Nadie disparará sobre un jabalí de cuarenta kilos en una espera, mientras que en una montería ese mismo montero no se lo pensará y con la tensión de las ladras, el sentir el tarameo de las jaras y ante la presencia del cochino en su tiradero no dudará en disparar, aunque luego y en caso de que lo falle pretenda justificarlo por el pequeño tamaño del animal.

Pautas de valoración en espera

En las esperas, como las que estamos llevando a cabo en estas noches de agosto, hay una serie de factores que nos pueden indicar si el jabalí que está entrando en un comedero o en una baña merece la pena. La altura de los restregones en los árboles, el tamaño de las huellas, la marca de los colmillos en los troncos y en caso de que tengamos comederos de piedra, el tamaño de las piedras que es capaz de levantar. El comportamiento es otro elemento que debemos tener en consideración. Los buenos ejemplares con muchos años a sus espaldas han llegado a esa edad precisamente por las muchas precauciones que toman en todos sus desplazamientos, no dejando nada a la aventura. Si estamos en una espera y nos entra un cochino de forma franca y sin tomar ninguna precaución, en principio habremos de dudar de la bondad de su trofeo. Por el contrario, si vemos que antes de entrar se toma sus precauciones y su tiempo, toma aire repetidamente y da vueltas alrededor del comedero o de la baña, manteniéndonos en tensión un buen rato, ese jabalí puede ser un gran trofeo.

A rececho

En los recechos la contemplación del animal suele ser más prolongada, por lo que nos fijaremos en la fisonomía del animal, pues a no ser que estemos muy cerca, es muy difícil verle la boca. Por lo general, los machos poseen una silueta más fuerte y compacta, con los riñones más metidos y con un pecho más recio que las hembras. El hocico suele ser más corto y el pelo más abundante. Todos estos indicios nos servirán a priori para distinguir un ejemplar adulto de uno joven y no para saber la bondad de su trofeo, de manera que un factor muy importante para el buen resultado final será, una vez más, la suerte. Ésta se presenta de la manera más insospechada y en el momento que menos esperemos, debiéndola aprovechar porque es muy probable que no la volvamos a tener en mucho tiempo.

En las monterías

El único parámetro que usaremos para valorar el animal será el tamaño de su cuerpo, pero no es una referencia muy válida, pues en numerosas ocasiones se abaten ejemplares con muchos kilos encima y sin apenas boca, mientras que otras veces jabalíes de poco más de sesenta kilos poseen unas defensas excepcionales. En las esperas y los recechos la valoración del jabalí se podrá hacer con un poco más de tiempo, siendo el volumen del cuerpo y su fisonomía los principales factores en los que nos fijaremos. El comportamiento del animal también nos será de gran ayuda para seleccionar nuestro ejemplar. Los grandes machos suelen ir solos, alejados de las piaras, excepto cuando alguna cochina está alta, y como mucho van acompañados por su escudero, que les irá abriendo camino e indicando la presencia de los presumibles peligros que detrás de cada mata pueden estar esperando. Los machos viejos siempre tienen un comportamiento más cauto, dando muy pocas veces la cara en bañas y comederos. Y cuando lo hacen será ya de noche cerrada y después de haber tomado muchas precauciones. Además, suelen ser los primeros en encamarse, resultando difícil que la luz del día les sorprenda fuera del monte.

(Texto y fotos: A. A.-Á.)



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