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Cómo interpretar los rastros del jabalí (I)

Esperas al jabalí: todo sobre las señales y rastros cochineros

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A partir de este mes y también en agosto es cuando más jabalíes se abaten por daños a la agricultura o autorización expresa de aguardos sin necesidad de justificar daños. Pero poco o nada haremos si no estudiamos antes el lugar en el que vamos a aguardar.
jabalí, daños en la agricultura
Las esperas en los girasoles son de captura segura, caso de no ser muy grandes las extensiones de la siembra. Si hay maizales forrajeros, los jabalíes estarán dentro o irán todas las noches al comer del maizal.
Días antes de la espera hay que madrugar e ir a los lugares querenciosos para tomar nota de las huellas recientes

Días antes de la espera hay que madrugar e ir a los lugares querenciosos, porque una huella vieja dice mucho, pero no todo. Hay que tomar nota de las huellas recientes para poco a poco ir concretando una realidad virtual del devenir jabalinero.

Es cierto que donde haya jabalíes hacen daño a la agricultura zampándose el trigo, el maíz y el resto de cereales. Los cereales verdes son masticados por los guarros como si de chicle se tratara; luego, cuando sacan el jugo a lo mascado, lo escupen en unas características bolas. Donde comen, cagan y se tumban para acercar las espigas a la boca. Los daños muy aparatosos suelen ser de lechigadas jóvenes tuteladas por la madre.

El jabalí grande, en cambio, no va y se tumba dejando el comedero lleno de cagadas. Come un bocado o dos de cada lugar a fin de que no se note su presencia, dificultando así su seguimiento o pisteo. Veremos su recorrido por las huellas y si nos fijamos mucho, como una especie de raya al mirar la finca de cereal fijamente. Por la mañana el cereal será homogéneo, pero delatará la presencia del jabalí grande ese sendero quebrado con pequeñas manchas en el trasluz de la finca. A veces puede tratarse de un corzo.

El jabalí grande andará por los mismos lugares que estuvieron los pequeños y a veces se encontrarán y guardarán las distancias, pues las madres suelen ser tremendamente belicosas. El jabalí grande es muy astuto y usará las huellas ajenas para camuflar las propias. Esto se suele leer en el terreno con una claridad meridiana.

Pistas en maizales

Si se trata de maizales forrajeros hay que tener mucho cuidado al penetrar dentro en los meses de julio, agosto y septiembre, pues los guarros suelen estar y si se mete uno en ese tremendo follaje que ahora propician los riegos y los productos fitosanitarios, cuando no los transgénicos, podemos tener un desagradable encuentro con unas madres muy celosas del bienestar de su prole.

Si localizamos un término donde haya jabalíes y en él hay maizales forrajeros, los jabalíes estarán dentro o van todas las noches a visitar semejante manjar. Les es igual que haya pastores eléctricos, cañones de butano... El jabalí es muy bruto, y si se empeña en pasar una cerca eléctrica, la pasará.

Yo les he visto cómo al darles un calambrazo gruñen y reculan, pero luego dan marcha atrás para tomar impulso y son capaces de cargarse el cable y hasta el generador de corriente. Cogen carrerilla, se quedan mirando fijos al cable y luego, de repente, echan a correr y se meten en el sembrado llevándose el cable por delante.

Hay que rodear la finca y por donde hayan entrado una vez, entrarán siempre aun cuando se repare el cable. A veces en vez de romper, destensan el cable, se nota porque al pasar la prole y tocarlo con las patas dan un gruñido, pero entran.

Cuando los maizales crecen y maduran las mazorcas los visitan todas las noches y si son grandes se quedan dentro, los rastros son inconfundibles. De todas las maneras, por muy grandes que suelan ser los maizales, les gusta asomar el hocico a la claridad y si ven alguna raíz que les gusta, huelen una lechigada de ratón o algo similar, meten el morro y quedan retratados.

Si da una vuelta a un maizal y hay jabalíes en la zona, siempre veremos rastros recientes o pasados. El caso es saber crearse bien en la cabeza esa realidad virtual de la que les escribía antes. Y para creársela hacen falta datos de huellas del sembrado, de la zona u otros.

Hay muchos maizales que no se recogen en noviembre y están en pie hasta el mes de abril. Donde hay maizales, la capa freática suele estar muy cerca de la superficie y en todas linderas hay chopos. A mí me gusta clavar unos tacos en un chopo a modo de escalera y poner en un lugar aparente una tabla para sentarme. Luego, como en el puesto palomero, me subo las cosas mediante una cuerda. No hay que hacer un gran bulto en el árbol con las pertenencias, pues serán cochinos, pero no tontos.

¡Y no subirse al árbol hasta después de estar muy seguros de que los cochinos se desparasitan! Así que hay que subirse al árbol cuando se vea que están restregándose contra el suelo. De lo contrario, oiremos muchos ruidos dentro del maizal, pero no los veremos para dispararlos, y si se tira al buen tuntún, suele fallarse, entre otras cosas porque así no se suele acertar a nada.

En campos de remolacha y girasol

El jabalí come de todo, pero la remolacha teniendo otro condumio, no es su plato favorito. No obstante, se observan en muchos remolachales jóvenes hojas secas y huellas de jabalí. Parece como si se comieran la incipiente raíz. El caso es que hacen daños. Basta con echar un ojo a los remolachales y observar si hay hojas cortadas de la noche, para luego mirar dónde se dirigen las huellas y eso les dará una pista.

En un lugar donde haya girasoles, los jabalíes los visitarán por un lado o por otro. Al estar sembrados más ralos, es raro que se encamen dentro de ellos, pero disfrutarán comiéndose las pipas maduras.

Los viejos dan un colmillazo a la planta y hacen un corte limpio que da con la planta en el suelo para zamparse mejor las pipas, pero como a veces antes de caer una planta se enreda en otra, suelen dar varios cortes para después gruñir de placer al zamparse limpiamente las pipas con gran aparato de plantas tumbadas, pipas desgranadas y cagadas por doquier.

Las esperas en los girasoles son de captura segura, caso de no ser muy grandes las extensiones de la siembra, pues si son grandes, cada vez entran por un sitio y también aquí es necesario subirse a un árbol si es posible. Oiremos un gran ruido producido por los cortes, por las mascadas, por el deambular de los cochinos, pero no los veremos para tirarlos. Según y en qué lugares, los girasoles son muy espesos y estamos en las mismas que en los maizales.

También les chifla toda clase de fruta y a finales de octubre y primeros de noviembre cuando sólo quedan en el campo castaños, membrillos y manzanas tardías, si hay jabalíes no fallan. Van a ellos como posesos.

Es curioso cómo se zampan las castañas y dejan la piel, pero a los dueños de los frutales no les hace mucha gracia el disfrute de los marranos y enseguida piden daños o que se los espanten como sea. El fruticultor no quiere daños aun cuando se los paguen, pues a veces en sus envites al árbol suelen estropearlo.

(Texto: Miguel Ángel Romero. Fotos: Alberto Aníbal-Álvarez, Autor y Shutterstock).



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