



Aunque se hagan en un mismo lugar no hay dos esperas iguales, cada una es diferente de la anterior con infinidad de variables como son la luz de la luna según sus fases y la nubosidad, la dirección del viento, la temperatura, sin contar con nuestro enigmático protagonista: el cochino, ese animal tan listo, paciente y tremendamente intuitivo.
Aquí no nos vale para nada la experiencia previamente adquirida, ni podremos sacar conclusiones de otras vivencias. Podremos estar horas y horas e incluso días y días esperando, sin ni siquiera darnos cuenta de su presencia ni que quién controla la situación no es uno mismo sino él, que entrará cuando buenamente quiera, es decir, cuando se sienta totalmente a salvo. Si es viejo y tiene dudas, mandará por delante a su escudero y no dudará en sacrificarle, pero no se la jugará. Por astuto y desconfiado llegó a viejo, pero el caso es que es tan tozudo que siempre terminará por entrar, aunque tenga que esperar a que nos hayamos aburrido y abandonado. A nosotros nos toca saber cómo engañarle y para ello he aquí tres consejos que espero sean de utilidad.
Necesita tranquilidad y debe estar lo más alejado posible de lugares normalmente transitados. Aunque nuestro puesto parezca estar en medio de un desierto, no lo está y esto lo hemos podido comprobar con cámaras de vigilancia, viendo cómo en tan sólo unas pocas horas pasaban por él un rebaño de ovejas con sus perros y su pastor, varias alimañas (un par de zorros y un tejón), una persona recogiendo leña y otra buscando setas que, además, mostró mucho interés por el puesto. Claro está que todo este vaivén deja un montón de olores y señales de peligro que unas horas después, ya anochecido, pondrán en alerta a nuestro tan deseado macareno.
Mi consejo es que el puesto se parezca lo menos posible a un puesto, es decir, que esté totalmente integrado en la naturaleza y hecho con los mismos elementos naturales que allí nos encontremos, como ramas. Nada de telas, redes, escaleras metálicas, ni cosas extrañas. Puede ser de suelo o de árbol. En el puesto alto o de árbol se eluden más fácilmente los olores, ya que el cochino no suele entrar recto (más aun si es viejo) sino dando vueltas y rodeos, por lo que al estar a nivel de suelo en un momento u otro nos olfateará. El puesto, una vez hecho, hay que dejarlo reposar para que el animal, en caso de descubrirlo, se habitúe y lo termine por ver como una parte del entorno.
Hay varios métodos como el de poner grano debajo de unas lascas o piedras planas para que el cochino al levantarlas delate su presencia. Al mover las piedras notará menos nuestros posibles movimientos ya que indudablemente, por mucho cuidado que tengamos, algo de ruido meteremos al encarar el arma, intentar descubrirlo en la oscuridad y esperar el momento propicio para encender la linterna y disparar. Desde el momento en que entra y el del disparo pueden pasar varios largos minutos durante los cuales nos resultará muy difícil estar totalmente quietos y prácticamente sin respirar, con nuestro corazón latiendo a tope bajo la emoción del lance. El problema de las piedras es que cabe poco grano y habrá que alimentar el puesto casi a diario y no conviene para nada patearlo.
Otro sistema consiste en un bidón colgado que el cochino golpeará con la jeta para que caiga el grano.Aguanta normalmente varias noches antes de vaciarse, pero es más cantoso y delatará la presencia del puesto al primero que pase cerca. Es conveniente que el cebadero esté cercano a una baña, al poder ser natural, a la cual acostumbra a entrar el cochino. Bastará con buscar huellas y rascaderos cerca de la baña para saber quién (por tamaño de huella y altura de las rascaduras y de las dentelladas) y con qué asiduidad la frecuenta. Como todos sabrán, el uso de gasoil, al ser contaminante para el suelo, está prohibido aunque a los cochinos les atrae su olor y les encanta para revolcarse y quitarse de encima sus molestos parásitos (garrapatas, larvas, etc.).
Hay varios sistemas de control, como son las cámaras de vigilancia por célula infrarroja que sacarán una foto de todo lo que pase por el puesto indicándonos la hora y el día. También hay relojes que se dejan en el lugar y se paran al tocarlos el animal, indicando la hora de su entrada al comedero. Los hay también más complejos que registran varias lecturas, es decir, días e incluso semanas. El problema de estos aparatos es que son caros y que, debido a la gran cantidad de amantes de lo ajeno, desaparecen con mucha facilidad.
Lo mejor, si el lugar lo permite es ejercer un control o una observación a distancia con unos buenos prismáticos, invirtiendo unas cuantas horas tanto de día como de noche. Para la observación de noche hay disponibilidad en el mercado de unos prismáticos o monoculares de visión nocturna bastante económicos que nos permitirán hacernos una idea bastante clara de los movimientos de nuestro inquilino. En caso de luna o de las últimas horas de luz unos buenos y luminosos prismáticos serán de gran ayuda (recomiendo unos 8x56 o similar).








