



Hay muchos jabalíes que, en años como éste, ni siquiera salen de los grandes trigales. Otros entran a estos cultivos por sendas diferentes cada día, y no hacen los daños en las orillas.
Esta segunda clase de jabalíes son los que no ven quienes vigilan los
daños de los cotos, pues quienes vayan a las esperas sabrán que los
jabalíes no son tontos; prueba evidente son los muchos aficionados que
realizamos esperas y el escaso número de jabalíes que se capturan (y hay
datos oficiales que me avalan).
De todas las maneras, sabiendo lo que ocurre, no estaría de más que los
dueños de las fincas se dieran una vuelta para colaborar, pues ahora
siembran y no vuelven a pisar el campo más que para sulfatar y para
cosechar. Ir de espera nocturna en el norte es ir a hacer de
“espantabichos”, y encima ser criticado. Bueno, uno también se lo pasa
bien contemplando las estrellas, los zorros, los corzos, los murciélagos
y toda una vida nocturna natural que embelesa al más pintado.
En los maizales de la Vega de Saldaña (Palencia) o de Toro (Zamora),
pongo por caso, entran los jabalíes y si tienen para beber, no salen ni a
la de tres. Luego, como no se recoge el maíz hasta mayo, hay daños
insoportables hablando en términos económicos. Aquí, en el norte, los
cochinos hacen el daño en pocos días, pero son más aparatosos que
costosos a nivel económico. Cuando el trigo está duro los jabalíes le
hacen ascos, y como las cosechadoras están día y noche trabajando, los
guarros comen en cualquier lado menos donde los cazadores les estamos
esperando.
Esos que dicen que las esperas se utilizan para seleccionar trofeos no
tienen ni idea de lo que de verdad se cuece en el campo. Con esas
premisas no sé a santo de qué les aceptan los planes que pudieran hacer y
no hacen más que ensuciar papel.
Lo malo es cuando empiezan a granar los girasoles, a madurar las viñas y
demás productos hortofrutícolas. Entonces los daños producidos por los
suidos son monumentales. Este artículo es filosófico, pero les haré uno
en detalle con datos que me avalen.
En la mayor parte de las provincias de la mitad norte peninsular se
conceden esperas nocturnas al jabalí por daños a la agricultura,
previamente comprobados por la Administración.
Estos permisos son concedidos de forma racional,a excepción de Castilla y León, donde las trabas que ponen disuaden a muchos titulares de los
cotos a solicitarlas. Sin embargo, los daños van a más como consecuencia
de que la población jabalinera aumenta también. Aquí no se dan las
batidas en las debidas condiciones, bien sea por lo accidentado del
terreno o por falta de costumbre.
Por otra parte, y como hemos señalado más arriba, las esperas nocturnas,
aparte de ser poco eficaces, están vituperadas por quienes desconocen
el tema y por quienes quieren que luego, en septiembre, con
la veda levantada, haya jabalíes a diestro y siniestro, sin preocuparse
por los muchos accidentes que causan en las carreteras.
Dicho sea de paso, las cifras de estos accidentes se desconocen, ya que
una parte importante de ellos no llegan a la Administración, al
tramitarlos el coto por medio del seguro directamente o pagando los
daños sin más, pues los seguros son franquiciados y nadie quiere hacerse
cargo de este pastel.
Un ejemplo son las diversas asociaciones de cotos de Álava, a las que ayuda económicamente
en todo la Diputación Foral de Álava, pero ni así pueden contratar un
seguro que cubra la integridad de los daños causados por especies de
caza mayor.
Ya hemos dicho en anteriores artículos que hay cuadrillas de jabalí que
compran batidas y se hacen cargo de los daños, siempre y cuando sean
agrícolas o alguno de tráfico que comporte ‘golpes de chapa’, pero ya
veríamos qué ocurriría si algún día, Dios no lo quiera, sucede una
catástrofe con un autobús, por ejemplo.
Imagino que al titular del coto le embargarían sus bienes y la gente
empieza a mosquearse. Y más, si se tiene en cuenta que el titular del
coto tiene que pagar los accidentes que causen todas las especies, sean o
no cazables; y hay jurisprudencia al respecto.
Estamos viviendo una época de declive del número de cazadores: la gente
está dejando de cazar, los puestos palomeros no se venden y las
cuadrillas de jabalí se las ven y se las desean para poder mantener los
socios debidos.
Dadas las citadas circunstancias y otras que no enumero, cada año hay
más jabalíes en el campo y menos cazadores; mientras, aumenta el número
de carreteras, caminos, vías férreas y otras infraestructuras concebidas
para un entorno sin semejantes cabañas salvajes, y que encima no se las
dota teniendo en cuenta la situación faunísitica de nuestro país.
Al no haber apenas ganado extensivo, en parte por culpa del lobo, se están cerrando los montes de tal manera que sólo pueden vivir en él los jabalíes, los lobos y poco más, pues al resto de la caza mayor –ciervos, corzos, etc.- la desplazan a las orillas de un monte carente de praderas por los motivos antes apuntados. También hay veces que a esas praderas se las ha metido el arado.
(Texto: Miguel Ángel Romero. Fotos: Alberto Aníbal-Álvarez y Autor)









