La cosecha de cereal deja al descubierto los daños que causan los jabalíes

Versión para impresiónVersión para impresiónEnviar a un amigoEnviar a un amigo
Miguel Ángel Romero sigue con su serie sobre las esperas nocturnas al jabalí abordando, en este artículo, cómo las cosechadoras hacen visibles a su paso los daños que los jabalíes producen en los cultivos de cereal y la necesidad de las esperas nocturnas.
Somos muchos aficionados los que realizamos esperas, y escaso el número de jabalíes que se capturan.

Hay muchos jabalíes que, en años como éste, ni siquiera salen de los grandes trigales. Otros entran a estos cultivos por sendas diferentes cada día, y no hacen los daños en las orillas.

Esta segunda clase de jabalíes son los que no ven quienes vigilan los daños de  los cotos, pues quienes vayan a las esperas sabrán que los jabalíes no son tontos; prueba evidente son los muchos aficionados que realizamos esperas y el escaso número de jabalíes que se capturan (y hay datos oficiales que me avalan).

De todas las maneras, sabiendo lo que ocurre, no estaría de más que los dueños de las fincas se dieran una vuelta para colaborar, pues ahora siembran y no vuelven a pisar el campo más que para sulfatar y para cosechar. Ir de espera nocturna en el norte es ir a hacer de “espantabichos”, y encima ser criticado. Bueno, uno también se lo pasa bien contemplando las estrellas, los zorros, los corzos, los murciélagos y toda una vida nocturna natural que embelesa al más pintado.

En los maizales de la Vega de Saldaña (Palencia) o de Toro (Zamora), pongo por caso, entran los jabalíes y si tienen para beber, no salen ni a la de tres. Luego, como no se recoge el maíz hasta mayo, hay daños insoportables hablando en términos económicos. Aquí, en el norte, los cochinos hacen el daño en pocos días, pero son más aparatosos que costosos a nivel económico. Cuando el trigo está duro los jabalíes le hacen ascos, y como las cosechadoras están día y noche trabajando, los guarros comen en cualquier lado menos donde los cazadores les estamos esperando.

Esos que dicen que las esperas se utilizan para seleccionar trofeos no tienen ni idea de lo que de verdad se cuece en el campo. Con esas premisas no sé a santo de qué les aceptan los planes que pudieran hacer y no hacen más que ensuciar papel.

Lo malo es cuando empiezan a granar los girasoles, a madurar las viñas y demás productos hortofrutícolas. Entonces los daños producidos por los suidos son monumentales. Este artículo es filosófico, pero les haré uno en detalle con datos que me avalen.

Problemas burocráticos y sociales con las esperas de jabalí

En la mayor parte de las provincias de la mitad norte peninsular se conceden esperas nocturnas al jabalí por daños a la agricultura, previamente comprobados por la Administración.

Estos permisos son concedidos de forma racional,a excepción de Castilla y León, donde las trabas que ponen disuaden a muchos titulares de los cotos a solicitarlas. Sin embargo, los daños van a más como consecuencia de que la población jabalinera aumenta también. Aquí no se dan las batidas en las debidas condiciones, bien sea por lo accidentado del terreno o por falta de costumbre.

Por otra parte, y como hemos señalado más arriba, las esperas nocturnas, aparte de ser poco eficaces, están vituperadas por quienes desconocen el tema y por quienes quieren que luego, en septiembre, con la veda levantada, haya jabalíes a diestro y siniestro, sin preocuparse por los muchos accidentes que causan en las carreteras.

Dicho sea de paso, las cifras de estos accidentes se desconocen, ya que una parte importante de ellos no llegan a la Administración, al tramitarlos el coto por medio del seguro directamente o pagando los daños sin más, pues los seguros son franquiciados y nadie quiere hacerse cargo de este pastel.

Un ejemplo son las diversas asociaciones de cotos de Álava, a las que ayuda económicamente en todo la Diputación Foral de Álava, pero ni así pueden contratar un seguro que cubra la integridad de los daños causados por especies de caza mayor.

Ya hemos dicho en anteriores artículos que hay cuadrillas de jabalí que compran batidas y se hacen cargo de los daños, siempre y cuando sean agrícolas o alguno de tráfico que comporte ‘golpes de chapa’, pero ya veríamos qué ocurriría si algún día, Dios no lo quiera, sucede una catástrofe con un autobús, por ejemplo.

Imagino que al titular del coto le embargarían sus bienes y la gente empieza a mosquearse. Y más, si se tiene en cuenta que el titular del coto tiene que pagar los accidentes que causen todas las especies, sean o no cazables; y hay jurisprudencia al respecto.

Más jabalíes y menos cazadores

Estamos viviendo una época de declive del número de cazadores: la gente está dejando de cazar, los puestos palomeros no se venden y las cuadrillas de jabalí se las ven y se las desean para poder mantener los socios debidos.

Dadas las citadas circunstancias y otras que no enumero, cada año hay más jabalíes en el campo y menos cazadores; mientras, aumenta el número de carreteras, caminos, vías férreas y otras infraestructuras concebidas para un entorno sin semejantes cabañas salvajes, y que encima no se las dota teniendo en cuenta la situación faunísitica de nuestro país.

Al no haber apenas ganado extensivo, en parte por culpa del lobo, se están cerrando los montes de tal manera que sólo pueden vivir en él los jabalíes, los lobos y poco más, pues al resto de la caza mayor –ciervos, corzos, etc.- la desplazan a las orillas de un monte carente de praderas por los motivos antes apuntados. También hay veces que a esas praderas se las ha metido el arado.

(Texto: Miguel Ángel Romero. Fotos: Alberto Aníbal-Álvarez y Autor)

Su voto: Ninguno Valoración: 4.2 (12 votos)
publicidad
publicidad
Trochas
(Más Libros)

19,95 €

88,00 €

48,00 €

20,00 €

Cinturón 1929
(Cuero Argentino - El Caldén)
24,00 €

14,00 €

Hunter's Trophy PC
(Juegos de Caza)

12,90 €

20,00 €