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Así han influído las nuevas tecnologías en la caza a rececho

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La telefonía móvil, Internet, el GPS o los mapas cartográficos disponibes online han abierto un vasto abanico de posibilidades para el cazador, que ahora puede planificar, casi al milímetro y en un instante, sus salidas de caza.
GPS
Uno de los elementos que ha cambiado la concepción del rececho es el GPS, esa especie de “navegador” que es capaz de calcular con precisión casi milimétrica su (nuestra) posición, amén de mil y una funciones más.
Hoy tenemos en la telefonía móvil e Internet (y en la combinación de ambos, el smartphone) toda la información en tiempo real

Hace unas décadas programar una partida de caza a Cazorla o a los Pirineos en busca de un macho montés o de un rebeco básicamente consistía en llamar unas semanas antes para preguntar cómo estaban las cosas por allí y concretar nuestra llegada para reservar habitación y organizar con el guarda o con quien fuera la salida en sí.

Si luego llegábamos y la nieve impedía tan siquiera acercarse a la sierra, pues fin de semana de tute y dominó y buen vino y mejor comida a excelente precio frente a la chimenea, que tampoco estaba mal…

Internet como el lugar donde recopilar información y experiencias

Hoy tenemos en la telefonía móvil y especialmente en Internet (y en la combinación de ambos, el smartphone) toda la información que podamos imaginar en tiempo real y con una precisión impensable hace apenas unos lustros.

Desde la forma de llegar hasta los lugares donde alojarse, pasando por la previsión meteorológica, con datos exactos de salida y puesta del sol, temperatura y probabilidad de lluvia no ya diaria, sino por horas.

En foros de caza podremos ‘conversar’ con cazadores que hayan estado allí antes que nosotros, compartiendo secretos, consejos y recomendaciones con ellos, con lo que podremos acudir al cazadero, pese a no haber estado allí nunca, con una idea bastante clara de lo que nos vamos a encontrar.

El valor del GPS y Google Earth

Uno de los elementos que ha cambiado la concepción del rececho es el GPS, esa especie de “navegador” que, comunicándose con una red de satélites artificiales es capaz de calcular con precisión casi milimétrica su (nuestra) posición, amén de mil y una funciones adicionales más.

Dependiendo de las características del terreno en el que nos movamos y de las “inquietudes” del cazador por adentrarse en el farragoso terreno de la electrónica avanzada (el cual supone esfuerzo y estudio), este elemento, debidamente acompañado (o cargado) con la cartografía del lugar, puede convertirse en una herramienta de incalculable valor tanto para la caza en sí (marcación de puntos de avistamiento de corzos o de la ruta a rececho realizada, por ejemplo) como para nuestra seguridad (con él podemos dar nuestra posición exacta en caso de sufrir un accidente o encontrarnos perdidos en un monte que no conozcamos, pero también guiarnos para salir de él en la dirección correcta).

Por su parte, Google Earth o Sigpac son sólo dos de las muchas herramientas que Internet nos regala para poder ver desde el aire la práctica totalidad del territorio nacional, combinando fotografías aéreas de excelente resolución, que permiten en ocasiones distinguir hasta fuentes, bañas, trochas y demás, con detallados mapas que podemos superponer y en los que podemos marcar puntos y rutas, ver desniveles, calcular distancias y áreas, y mil cosas más. Interesantes herramientas éstas para cualquiera capaz de defenderse con las nuevas tecnologías, y que le permitirán descubrir desde casa, a vista de pájaro, rincones de indudable interés cinegético.

El teléfono móvil, imprescindible

Hablando nuevas tecnologías no deberíamos olvidar ese pequeño elemento que seguro todos tenéis a escasos metros de vosotros si es que no lo portáis en el bolsillo, el teléfono móvil. Con él hoy podemos avisar al guarda para que venga a recogernos, pero también suele ser la herramienta con la que fotografiamos y enviamos las primeras fotos de nuestras capturas. Igualmente, con él podemos avisar al compañero de la cuerda de enfrente que hay dos venados pegándose en el sopié de su ladera y el que -a la malas- nos puede sacar de problemas tan comunes y desagradables como un atasco en el barro o un tobillo esguinzado por un mal resbalón.

Todos estos gadgets y elementos de última tecnología han cambiado un tanto la forma de cazar a rececho, aportándonos incuestionables ventajas a la hora de echarnos al monte o a la sierra en busca de rebecos, venados, corzos, arruis, machos, muflones, gamos y demás especies de caza mayor.

Ahora bien, todo ello no cambia la esencia del rececho, los nervios de la noche antes de la primera salida del año tras los corzos, el frío del amanecer que nos corta la cara subidos a aquel risco tan querencioso para las monteses, el estremecedor sonido del venado berreando en lo más profundo del barranco en el que nos encontramos, y cómo no, la satisfacción del complicado lance resuelto con éxito y del apretón del manos del guarda o el abrazo del amigo tras el certero disparo realizado tras dos días de tan duro como bonito rececho.

(Texto: IA Sánchez. Fotos: Alberto Aníbal-Álvarez y Autor)



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