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5 claves para triunfar con los guarros a las puertas del verano

Así cazarás buenos jabalíes en los aguardos de junio

Dejada atrás, aunque sea por unos días, la inestabilidad meteorológica de esta atípica primavera y encontrándonos en plena época de esperas nocturnas al jabalí, os ofrecemos 5 consejos básicos para tener éxito en vuestras citas de junio con los navajeros.

Localizar nuestro jabalí

Si queremos dar con un gran jabalí,será fundamental dedicar tiempo a localizar rastros y huellas que nos servirán para saber si por el contorno ronda un macareno, nuestro objetivo venatorio, o si por el contrario se trata de una piara o quizá de un joven macho.

Huella de jabalí y pino bien 'sobado' por los guarros.

Un buen consejo en este mes de junio, cuando aún no han granado las pipas en la mitad septentrional del país, es revisar aquellas tierras sembradas de trigo mocho, pané o sin raspa, que les vuelven locos a los cochinos.

Cultivo de trigo.

En estos cultivos, una buena forma de saber si han entrado hace poco a comer es buscar las 'papillas' (madejas de fibra viscosas que escupen tras triturar e ingerir la parte nutritiva). Si están frescas, tened la seguridad de que, a la noche siguiente, el jabalí volverá al mismo lugar, y entonces es cosa de buscar las trochas de entrada o salida y situar la postura.

Mascujos o 'papillas' de los cochinos.

Elegir dónde apostarnos

Nuestro puesto deberá estar en un lugar que nos permita ver aunque permanezcamos ocultos, y siempre al resguardo del viento. Dejando aparte las consabidas torretas, nos referiremos a los emplazamientos naturales, los más utilizados para estas esperas ocasionales.

Cereal tumbado por los guarros.

Buscaremos un lugar protegido del viento, o si el terreno nos lo brinda, un ribazo con un desnivel de varios metros con respecto al suelo. Eso sí, no olvidéis limpiar el sitio de antemano de toda maleza o piedras que puedan provocar un ruido involuntario durante la espera, y camuflar el recinto con ramas.

Nunca llegaremos a última hora

En junio es frecuente ver carear a los jabalíes sin que el sol haya empezado a trasponer el horizonte. Al ser las noches más cortas que los días, los jabalíes llevan más horas encamados, sufriendo las picaduras de los insectos, por lo que nada más intuir que empieza a declinar la tarde, abandonan precipitadamente los encames.

Camino de los puestos de aguardo nocturno.

Ello nos obliga a adelantar la llegada al puesto. Como regla general, procurad llegar ante de que las sombras cubran de gris el monte, pues en esos momentos previos, que uno suele llamar la hora mágica, la naturaleza se despabila como por arte de magia, llenándose de gran actividad justo antes de anochecer por completo.

Cómo llegar y permanecer en el puesto

Para llegar a la postura, varias recomendaciones. Primera, dejad el coche en un lugar fácilmente reconocible y no demasiado alejado, y si es posible protegido por algún accidente natural del entorno. Segunda, durante el trayecto caminad por alguna senda o camino que os lleve lo más cerca del puesto, para evitar ruidos y que nuestro rastro quede impregnado en la vegetación lo menos posible.

Cazador en una espera de jabalíes junto a un cereal sin cosechar.

Mientras estemos aguardando no debemos hacer ningún ruido, y mucho menos fumar. No hay que perder la concentración, pues ello nos lleva a cometer descuidos: cambios de postura que pueden provocar el chasquido de alguna rama o el desplazamiento de una piedra; picaduras de un insecto y el consecuente aspaviento; un carraspeo a destiempo o incluso el fugaz brillo del arma.

De los errores se aprende

Es difícil llegar a ganarle la batalla al jabalí, y sobre todo a los macarenos, que con mil batallas libradas no dan un paso sin dejar de husmear continuamente en derredor, al contrario que las piaras, que no recelan y anteponen la comida y el baño a su propia seguridad.

Jabalí tras levantarse del encame.

Así que si en una espera fallida nos queda la amarga sensación de haber oído algún sonido extraño que de inmediato cesó, es señal de que en algún momento de la noche tuvimos al guarro al lado, a punto de entrar, y quizás algún error propio en el instante supremo es el que le hizo darse la vuelta.

Por eso es tan importante analizar qué hemos podido hacer mal para rectificar y no cometerlo en la próxima cita con el jabalí.

(Texto: J. L. T. / Fotos: A. A.-Á. y Archivo)


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