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Apostaderos: lugares y distancia

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La caza en esperas está tomando un auge notorio con el incremento de las poblaciones de suidos en la Península Ibérica. Esta cacería, aparentemente sencilla, depende de una serie de habilidades que es preciso dominar, al igual que ocurre con los recechos.
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Torre de aguardo.

Las tres patas para el éxito en los aguardos al jabalí están dadas por: a) la selección correcta del lugar para cazar junto con la habilidad y el tesón para sobrevivir a la espera, b) por la construcción y el correcto empleo de los apostaderos, y c) por la creación de un cebadero artificial o el uso correcto de los naturales. Nos dedicaremos aquí a la construcción de los apostaderos, los cuales pueden ir desde extremadamente sencillos hasta los muy complejos, pero como sea es primordial saber cómo ubicarlos y cómo acceder y salir de los mismos sin alterar el medio ambiente.    

Objetivos de los puestos

Los apostaderos cumplen dos funciones desde el punto de vista del camuflaje. La primera de ellas es la de ocultar la figura humana y los movimientos, que son los dos factores visuales que los animales reconocen como señal de peligro y de atención respectivamente. La segunda función es la de brindar un mínimo confort físico al cazador para soportar las largas horas de espera, junto con protección contra el frío y el calor. Esto es importante, ya que permite montar esperas en condiciones adversas. De no mediar esta protección el cazador permanece inactivo y poco dispuesto a sentarse a esperar a su presa.   

Una de las grandes ventajas de la caza llevada a cabo desde apostaderos es que los disparos son siempre con apoyo, tomados con tiempo, sobre una presa no alertada, que por ende se encuentra tranquila, y que además nos ofrece un blanco estático a una distancia conocida, lo que nos evita tener que andar introduciendo correcciones para compensar la curva de vuelo del proyectil.  Todo esto redunda en una ubicación de precisión quirúrgica del disparo.

Los mejores lugares para esperar

¿Dónde se arma un apostadero? Los mismos se erigen en las cercanías de algún punto que sabemos o sospechamos que nuestra presa potencial concurrirá a visitar, o sobre los lugares de tránsito de las mismas, como las sendas. Estos puntos álgidos son los campos de cultivos, charcas, bañas o lodazales naturales o fabricados, carroña y otros cebaderos artificiales mantenidos por el hombre intencionalmente. Por lo tanto, y hablando de aguardos para suidos, cualquiera de estos lugares tiene grandes posibilidades de pagar buenos dividendos. 

La distancia al lugar a la cual se ubica el cazador o arma la estructura para el aguardo dependerá de las condiciones del terreno. En los montes cerrados ésta suele ser de unos escasos metros, y en ocasiones los disparos se realizan en forma casi vertical.

Al momento de armar el tinglado es conveniente recordar que en particular los suidos son renuentes a entrar a espacios abiertos y sin protección, y cuando lo hacen se acercan al cebo luego de haberlo rodeado, en un intento por descubrir cualquier posible intruso a la espera. De aquí la ventaja de un apostadero alto, sobre un árbol o de alguna estructura prefabricada. Entonces, cuanto menor sea la distancia al blanco, mayores son las posibilidades de ser venteado (olfateado), o de cometer un pequeño error a último momento, como cualquier ruido involuntario.

¿Cuál es la distancia adecuada?

En los lugares donde se cuenta con una línea de tiro despejada, cualquier distancia entre los 40 y los 80 metros es buena, dependiendo de las condiciones de iluminación y del sistema de puntería de que se disponga. Recuerde que el aguardo de jabalíes es una práctica estrictamente nocturna que se lleva a cabo durante las semanas que la luz de la luna así lo permite. A una distancia de cuarenta metros ya se hace más difícil ser detectado con el olfato, la visión o la audición, aunque debe mantenerse presente que la visión nocturna de los jabalíes no es buena (no así la diurna, y contra toda creencia popular). Antes de armar la estructura o de simplemente colocarse  a la espera, es preciso tener presente un factor más: la dirección en la que prevalecen los vientos de la zona, así como la dirección desde la cual se aproximarán los animales, aunque esto último debe tomarse con pinzas, ya que por lo general lo harán contra viento, después de haber revisado toda la periferia del cebo. 

Lo ideal es que el lugar donde el jabalí se dirigirá a comer, bañarse o beber se presente limpio, de manera que con la escasa visibilidad nocturna las matas y arbustos no nos jueguen una mala pasada.

De todos modos, una de las cosas que se hacen por rutina al apostarse, y que demuestran una buena técnica de caza, es la de identificar y memorizar los pormenores del lugar mientras aún se tiene buena luz, de manera de no confundir arbusto por macareno, o lo que es peor, novillo con jabalí. El apostadero elevado viene desde muy atrás en nuestra historia, cuando treparse a un árbol para esperar no solamente significaba disminuir las posibilidades de ser venteado: además ponía una saludable distancia entre nuestra piel y las garras y colmillos de ciertas criaturas de la noche.

(Texto: Daniel Stilmann. Fotos: A.A.A. y JPB).


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