



Al empezar este artículo, quiero dejar claro que no conozco a ningún cazador que se tenga por tal que cace lobos con lazos o cepos, y mucho menos carrilaneando, pues además de ser una manera cobarde de cazar, en el caso del lobo es más bien ineficaz. Ello, claro está, no quiere decir que no caiga alguno por casualidad.
Tengo aquí unos libros que analizan las cagadas de los lobos y dan un contenido en heces que no me dice nada de nada. Puede ser. ¿Y? ¿Han analizado todas las cagadas de un periodo cuyo tamaño de muestra sea válido?, si no ha sido ése el caso, entonces toca callar y a montar barracas culturales (Exposiciones).
El lobo, desde siempre, se ha alimentado fundamentalmente de carroña, y gracias a eso ha salvado el pellejo, de lo contrario tal vez estuviéramos en España ante un caso similar al del último bucardo. De cadáveres animales, sí, pero también de caza vivita y coleando; bueno, y de vez en cuando también se alimentaba de alguna ovejilla de ganado extensivo, a sabiendas de que eso lo tenía vedado.
Recuerdo cuando venían los “meriteros”, avanzando por los ahora destruidos caminos y cordeles de la Mesta, sendas ocupadas al margen de la ley. Decían estos personajes que detrás de los rebaños venían los lobos, y aunque eran perseguidos, nadie discutió jamás su función de ‘limpieza’ al devorar las muchas ovejas que morían por el camino. Y si no morían atacaban, a pesar de las “velías” y de sus sacrosantos mastines con carlangas.
Ahora, que cuando el hambre aprieta... ¿Y por qué le acucia ahora el hambre a los lobos? Muy sencillo, porque se han multiplicado por cien el censo de buitres y porque ya no existen los muladares ni esos basureros que durante el día alimentaban a las cigüeñas, cuanto si más a los buitres y toda suerte de aguilotes.
Antes, animal que se moría en granjas o a particulares, animal que iba al campo, pues se sabía que en poco rato no iba a quedar de él ni los huesos, pues para eso estaba el quebrantahuesos. Y si las cosas se ponían feas, siempre les quedaban los basureros. Sin embargo, llegó Europa y clausuró los basureros; prohibió a las granjas tirar a sus orillas los animales muertos y hasta a los buitres les pusieron comederos.
Ante esto, ¿qué se hizo por y con el lobo? Nada de fundamento. Mucho bla, bla, bla por boca de cuatro indocumentados, algún “aprovechategui” y poco más; menos mal que de vez en cuando mete el hocico en algunos muladares de buitres. Eso sí, no se mueren todos los días animales y, por si fuera poco, ahora no se pueden echar todos según reciente normativa de la CEE. Lógicamente, los buitres atacan a animales parturientos y dentro de poco atacarán, ya lo verán, a algún dominguero golfista con su sombrerito y todo.
No se nivela bien el campo. Al buitre se le alimenta, y al lobo, no. Eso es ganas de buscar gresca entre los ganaderos extensivos y los falsos profetas de su defensa que entran al trapo como batracios en agosto.
El zorro es el animal más tonto para entrar en un lazo, pues si se coloca un lazo de acero trenzado en un sendero entre dos matojos, el primer día que llueva entra como un toro. El jabalí es un poco más pillo, pero termina entrando si ve y huele uno y otro día el alambre trenzado de acero.
Con el lobo no resulta tan sencillo, aunque hay artistas que ponían lazos en los agujeros de las entradas a los basureros y de vez en cuando sonaba la flauta. Desaparecidos los basureros a la vieja usanza, siempre queda el “pozo o corral comedero”. Esto consiste en buscar un claro de monte, poner lazos en todas las entradas de forma vertical para no atrapar a los buitres y cebar debidamente el corral con un montón de precauciones. El lobo tardará en entrar, pero entrará por uno de los agujeros y se enlazará.
Aprovecho la ocasión para decirles que el lobo atrapado en uno de estos lazos tiene un comportamiento criminal consigo mismo y se daña una barbaridad; por eso quien le haya visto enganchado una vez, a poca sensibilidad que tenga, no lo volverá a hacer jamás. Eso sí, el lacero no se fía de que parezca que el lobo esté muerto, por lo que suele endosarle un postazo a la debida distancia, o un balazo si quiere conservar su piel.
Una recomendación para los que radiomarcan, microchipan, ponen collares, etc. al lobo: que los abatan con rifles y flechas narcotizantes, como hacen los que los cazan, ya que con los lazos con frenos luego se ven lobos cojos, y éstos poco pueden aportarles a sus sesudos estudios, pues un lobo cojo es el último mono de la manada.
Si para cazar lobos a lazo hay que tener instinto, paciencia, constancia y un conocimiento muy especial del animal, para poner el cepo lobero a la entrada de un corral no se requiere ningún conocimiento especial. Tengan cuidado al acercarse a estos lugares.
A los que colocan cepos teníamos que ajustarles las cuentas los cazadores y los pastores, porque la Administración, por desgracia, no se entera de nada. Los furtivos de cepo algún lobo cogerán, no lo dudo, pero es más el daño que hacen a otros animales que al lobo en general. Un cepo lobero no se lo desengancha una persona normal, y menos si son de esos que hay que abrirlos a manivela. Tengan presente que el campo hoy en día tiene otros muchos usuarios, y que el cepo hace sufrir al animal una barbaridad.
Los 4x4 por la noche foqueando son capaces de encontrar lobos, osos, jabalíes, ciervos y demás fauna cinegética y no cinegética, y resulta lamentablemente que por cuatro individuos paguemos todos los platos rotos. En esos flamantes cochazos van ‘personas muy principales’, a los que nadie ha visto jamás por el lugar. Cogen el GPS, el cochazo y van a quemar adrenalina a 400 kilómetros del lugar donde sirven de lacayos a multinacionales o partidos políticos, qué más da.
Lo malo es cuando, en compaña de semejantes alimañas, va el tonto del lugar para decirles por dónde suelen andar o subirles a los montones de paja a esperar. “Hideputas”, que estáis muy calados ya.
(Texto: Miguel Ángel Romero Ruiz. Fotos: Alberto Aníbal-Álvarez y Autor)









