



Siempre en la fase final del tiempo de aguardo, cuando se tiene una buena premonición de la llegada del guarro, nos damos un tiempo a nosotros mismos, y en esos minutos extra de presencia en el campo, motivados más por los entretenidos pensamientos positivos que por una realidad, en ocasiones muy excepcionales y durante esa prórroga, la sombra oscura y móvil se hace presente en la noche. Sin duda, este tiempo extra que nos concedemos en toda espera sería importante no por las escasas oportunidades o fortuitas circunstancias de confirmar la entrada del jabalí, sino por el hecho que para el futuro significa abandonar el lugar de aguardo con la certeza de que nuestro jabalí esa noche no acudió al entorno.
El jabalí tiene sus tiempos y cada aguardo los suyos, de ahí la necesidad de ir cazándolo día a día, tras registrar el terreno donde pisa, se baña, encama o come. Para ser buen aguardista se tiene que ser también buen pistero y, además, se debe aplicar el sentido común, no haciendo aguardos largos donde no es apropiado, así como no obstinarnos en un determinado marrano por grande que sea. Con la reiteración de esperas mal planteadas sobre machos viejos lo único que se logra es aburrir al animal, el cual, después de enseñado, se marchará más maestro a otro cazadero con la música y partitura memorizada.
Debemos dar tiempo a cada aguardo de junio para repetirlo en sitios naturales o pasos, ganando así posibilidades, sobre todo si en el cazadero no se da competencia entre aguardistas, lo que ayuda a que los guarros puedan ganar algo de desconfianza aun sabedores de que no olvidan. En todo planteamiento de una espera se parte de la respuesta que pretendemos darnos a nosotros mismos para abatir una determinada pieza, de modo que el resultado no será otro que el que nosotros facultemos. Ante todo debemos saber qué esperamos, y del lugar donde lo realicemos dependerá la hora de la cita, pues concursamos con la orografía, la vegetación y el tempero reinante, elementos que influyen tanto en nosotros, dado que somos parte de la escena, como en la pieza. Todo se supone, por eso es importante evaluar la consecuencia de simular algún aguardo.
Cierto es que en todo aguardo de caza mayor la espontaneidad tiene que gozar del favor de la diosa Fortuna y de la ventaja del dios Eolo, y puede ser que en los inicios acompañen a todo aguardista y, quizás, incluso un gran abate sea cuestión del efecto sorpresa sobre el jabalí u otra pieza, o también de la suerte. Hoy es tiempo de aguardo en el mismo campo que antaño, aunque a piezas más resabiadas.









