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Apurando las muchas opciones que nos ofrece el mes de abril

10 trucos con los corzos que (casi) nunca fallan

“Abril, aguas mil”, dice el refrán, aunque debería adaptarse a “abril, corzos mil”, pues éstos parecen volverse locos en el primer mes de temporada, frenéticos con la delimitación de territorios y aprovechando para recuperarse de las penurias invernales.
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En abril todavía es posible ver a los machos con las hembras, antes de que ellas se separen para parir.

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Para hacerse con un corcete en este mes basta con recorrer tranquilamente el coto de caza a primera hora o a la caída de la tarde, porque los veremos sin mayores problemas. Si hemos hecho los deberes antes del inicio de la temporada, ya sabremos dónde buscar, pero si no es así, lo normal será encontrarlos en las siembras o en los bordes del monte, y en menor medida en el interior de éste.

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En caso de disponer de zonas elevadas en el coto, una buena forma de empezar la caza es situarse en esos altos antes de que salga el sol y otear a medida que la claridad aumenta. Luego, a recorrer las distintas zonas mirando y remirando, en especial en los lindazos entre parcelas y en los bordes del monte.

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Recechar corzos ha de ser siempre una sucesión de paradas para mirar, seguidas de pequeños desplazamientos hasta el siguiente punto en el que miramos de nuevo. Incluso a los mismos sitios que ya hemos mirado con anterioridad. No podemos olvidar que un corzo es un animal pequeño que se tapa con cualquier mata o arbolito, por minúsculo que sea, y ahora lo ves y al segundo siguiente, no.

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Si por casualidad, en una de esas jugadas tan típica de los corzos, nos vemos de sopetón ante un macho que nos mira con todos los sentidos alerta, tan sólo cabe congelarse. Si el corzo no ha dado el gatillazo es porque no sabe lo que le ha llamado la atención y sin movimiento no es capaz de detectarnos. Ante la ausencia de estímulos, volverá rápido a sus quehaceres y nos dejará tranquilos. Es en ese momento cuando podemos cambiar de posición y buscar el tiro. En no pocas ocasiones ese duelo de nervios puede durar unos pocos minutos, pero por lo general será cuestión de unos pocos segundos.

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En abril todavía es posible ver a los machos con las hembras, antes de que ellas se separen para parir. Por eso, si una corza sale a lo limpio y mira recurrentemente hacia el monte, es porque espera a su macho. Merece la pena aguantar un pelín para ver si sale y podemos tirarlo.

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Si tiramos un corzo en una zona y lo fallamos al inicio de la temporada, resulta muy probable que al día siguiente o en muy pocos días volvamos a verlo en el mismo sitio. Más adelante en la campaña ya no nos darán tantas facilidades y corzo fallado será corzo escamado que probablemente no volveremos a ver hasta pasado un tiempo largo.

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Además de buscar a los corzos en medio de las siembras, hay que concentrar nuestro esfuerzo en los ribazos que separan cada tierra cultivada, pues en ellos crecen multitud de plantas preferidas por los Capreolus.

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Una buena estrategia para un día cualquiera de caza en abril es dedicar la mañana a vagabundear por el coto y dejar la tarde para una espera en alguna siembra querenciosa o prado al que sepamos que salen los corzos.

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En cuanto a las distancias de tiro, abril es un mes de los mejores, porque la tranquilidad que presentan los corzos hace que sean posibles aproximaciones razonables de 80-120 metros. Por supuesto que cada corzo tiene su distancia de tiro y recortar más metros de los necesarios nos puede dejar sin captura.

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Comparto con vosotros un último truco que a mí me ha dado muy buenos resultados en este periodo de marcado de territorios. Si vemos a un macho adulto que corre como un poseso detrás de un subadulto u otro macho para echarlo de sus tierras, podemos estar seguros de que en poco tiempo lo veremos volver por sus pasos una vez haya terminado con su correría. Si estamos prevenidos vamos a poder aprovechar esa circunstancia. Incluso si nosotros hemos asustado a un corzo y éste emprende la huida de forma no muy alterada, es bastante posible que en menos de media hora decida volver a su querencia, porque meterse en terreno ajeno le puede costar un disgusto.

(Texto: R. Centenera / Fotos: Shutterstock)



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