Cómo elegir un rifle

¿Por dónde van los tiros?

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Teniendo en cuenta el creciente número de jabalíes que invaden nuestros montes y que la caza menor ya no es lo que era, hay cada vez más cazadores que cambian la escopeta por el rifle y es en ese momento cuando la cosa se complica.
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El autor de este artículo poniendo a tiro un rifle.

La adquisición de un rifle hoy en día es sencilla y está al alcance de prácticamente todos los bolsillos, sin embargo, hay que tener algunos factores en cuenta como es la obligatoriedad de disponer de un armero homologado para su custodia y que el manejo y dominio de un rifle no es tan sencillo como el de una escopeta.

El alcance efectivo de una escopeta es de poca más o menos unos 45 metros y el diámetro del haz de perdigones de unos 30 cm, siendo las únicas variantes, que puedan influir sobre nuestros resultados, la elección del choke y el tamaño del perdigón. En cambio, con el rifle nos topamos enseguida con un sinfín de factores, totalmente herméticos para el neófito, que van a interactuar y de los cuales va a depender nuestro éxito que son: el calibre, la trayectoria, la velocidad, la energía, el peso y tipo de punta, la balística terminal, etc. sin entrar en la elección del tipo de rifle y de la óptica. 

Haría falta escribir no un simple artículo, sino todo un libro para estudiar todos estos factores en detalle y ver cómo están todos íntimamente ligados entre sí, esto es, que pasemos a estudiar el que más preocupa a los cazadores, que es a mi juicio saber en todo momento dónde tiene que apuntar para dar en el blanco.

La trayectoria de la bala

La trayectoria que describe una bala desde que sale por la boca del cañón hasta que llega al blanco no es una línea recta, como se podría pensar, sino una línea curva, o mejor dicho, una parabólica que corta en dos puntos una recta imaginaria trazada desde el eje del cañón. El punto de encuentro de la trayectoria de nuestra bala con la línea recta, que corresponde al eje del cañón, resulta fácil de entender, ya que es el de la distancia a la cual regularemos nuestro rifle, es decir, 100 m. ó 200 m. según nuestras necesidades y lo que nos recomiende el fabricante de la munición en las tablas que nos proporciona al comprarla. En cambio, el primer punto de cruce no resulta tan evidente, ya que cabría pensar que la bala nada más salir del cañón sube o sale recta, pero no es así, ya que al entrar en contacto el aire que no la sustenta cae unos centímetros y luego animada por su velocidad, sube. Esta caída inicial depende de la densidad del aire, variable en temperatura y la altitud. La densidad del aire es un factor que normalmente no tenemos en cuenta y que no tiene ninguna importancia si lo que hacemos es montear, pero sí se convierte en muy importante si hemos regulado nuestro rifle en España, con buen tiempo y a nivel de mar, y lo que vamos a tirar es un ibex con mucho frío y a 3.000 m de altitud. En este caso si no compensamos estamos predestinados a fallar por muy preciso que sea nuestro rifle. Otra “jugada” del aire es el viento lateral que nos hace variar la trayectoria de nuestro proyectil en deriva, es decir, lateralmente. Este factor a corta distancia, es decir, 100 ó 200 metros importa poco pero, en cambio, en alta montaña, sí. Por ejemplo, en las paredes de las montañas el aire rebufa mucho y esto puede afectar lateralmente en varios centímetros a la trayectoria de un proyectil muy ligero, como puede ser por ejemplo un .243 W. con punta de 100 grains. Con viento lateral de sólo 16 km/h la variación en deriva, de nuestro .243 W, será de 2,6 cm. a 100 metros de distancia, de 10,7 cm. a 200 m. y de 26 cm. a 300 metros. Esto quiere decir que con un viento realmente fuerte la desviación nos llevará a impactar fuera del blanco. Si se han fijado en alguna película de francotiradores, estos siempre van acompañados por otra persona, quien les indica todas estas coordenadas (distancia, viento, temperatura, etc.) para que puedan optimizar el tiro y no fallar su objetivo. 

Volviendo al primer punto en el cual la bala sube todavía y cruza por primera vez la línea del cañón, éste se encuentra normalmente antes de los primeros 50 m. de su recorrido. Ya que estamos en este punto, muchos se creen que si lo que van a tirar es por ejemplo a unos 200 metros, tendrán que buscar un lugar donde poder tirar a estos 200 m. para poner su rifle a tiro y no es así. Para hacerlo basta con acudir al campo de tiro y hacerlo a tan sólo: ¡50 m! Me explico, si miramos la tabla balística de, por ejemplo, un 8x57JS con punta de 196 grains y queremos que esté centrado a 200 m, la tabla nos indica que a 40 m. nuestra bala impactará a 3,3 cm. por encima del centro, a 80 m. a 7,7 y a 160 m. a 6,4 cm. (ya ha llegado a su punto de subida máximo y va bajando ya) y que finalmente a 200 m. dará justo en el centro. Lo que tenemos que hacer, si lo regulamos sobre diana a 50 m, es simplemente regularlo de tal forma que impacte unos 4 cm. por encima del centro de la diana y lo tendremos regulado así de 0 a 200 metros y más. Suelo poner a tiro mis rifles en campo de tiro a 50 m. y, por norma, sea el calibre que sea, regulo el punto de impacto unos 5 cm. por encima del centro de la diana. Siempre me ha dado buen resultado, teniendo en cuenta que por muy grueso y lento que sea el cartucho siempre me estaré moviendo a una distancia de entre 50 y 200 m, dentro de un círculo de unos 30 cm. de diámetro, es decir, el tamaño de un plato de sopa que corresponde más o menos a la zona vital de un animal de la talla de un venado. Este método es sencillo y evita volverse loco al regular el rifle, ya que una cosa es tirar a 50 m, lo que es relativamente fácil para todo el mundo, y otra a 200 porque a 200 entran en juego otros factores, como son la forma de presionar o tirar del gatillo, la respiración, etc, que pueden influir negativamente y hacer gastar innecesariamente mucha munición. Una vez puesto a tiro el rifle, si pueden entrenarse a tirar a 200 m, mejor, pero no es tan fácil como aparenta y necesita de entrenamiento.

En busca de una trayectoria tensa

Por todo lo que acabo de explicar, lo que busca la gran mayoría de los cazadores, para evitar posible fallos, es hacerse con un calibre o un cartucho que sea lo más tenso posible y allí el éxito y la popularidad a veces mal entendida de los magnum. Cuando digo mal entendida es porque los magnum como el .300 Win Mag, el .338 Win Mag, los Weatherby, etc, tienen una trayectoria muy tensa, debida a su extrema velocidad, porque están diseñados para recechar animales a larga distancia, como lo hacen los americanos en sus inmensas llanuras. Nosotros en cambio mayoritariamente monteamos o cazamos en batida con disparos realizados, según estadísticas, a unos 80 m. de término medio. Lo malo es que al decantarnos por estos calibres americanos, tan potentes y veloces, dejamos de lado, por lentos y pesados, los europeos y nuestros de toda la vida, como son los 6,5, 7x57, 7x64, 8x57 JS y 8x57JSR, 9,3x62, 9,3x74R, etc. Estos cartuchos, que si bien son más lentos, son bastante más letales a distancias cortas como son las nuestras y además por mucha caída que tengan se mantienen todos en ese abanico de los 30 cm. de margen vertical, desde 0 a 200 metros de distancia de tiro, por lo que siempre nos mantendremos en la zona vital del animal. Algunos dirán que a la carrera los tiros con estos cartuchos más “lentos” se quedan traseros, pero eso es cuestión de práctica, como con la escopeta, hay que saber dominar el arma.

Trayectoria y proyectil

El conseguir esa trayectoria tan tensa se basa también en otro factor que es la elección del proyectil y de su peso, a menudo errónea. Los proyectiles no son “Lourdes” y no hacen milagros, sino que están diseñados para expandirse y deformarse correctamente a cierta velocidad que ronda más o menos los 600 m/s y no a todas. En este caso, para los cartuchos magnum, los fabricantes americanos (Remington, Winchester, Federal, etc.) han diseñado balas puntiagudas (tipo spitzer, etc.) de núcleo soldado, muy específicas para la caza en rececho a larga distancia, que expanden al tocar el animal cuando han recorrido ya sus 200 ó 300 m de distancia, alcanzando a esta distancia unos 700 o 600 m/s que es la misma velocidad que un 8x57JS o un 9,3x62 a 100 ó 150 metros. La diferencia es que, a distancia normal de tiro en montería, una bala del 8x57 JS o del 9,3x62 aprovecha toda su velocidad y libera toda su energía deformándose dentro del animal (sin salida) mientras que un magnum, demasiado rápido a distancia corta, atraviesa limpiamente liberando tan sólo parte de ella, haciendo a menudo sedales, a no ser que toque hueso. Para evitar que, debido a su excesiva velocidad, exploten las balas de los calibres magnum al impactar a corta distancia los fabricantes americanos han optado por diseñar puntas con camisas soldadas al núcleo, esto es, más duras.

Otro punto a tener en cuenta es que las balas o puntas clásicas (Tog, Tug, KS, Vukan, Hamerhead, Plastic Point, etc.) para calibres europeos han sido diseñadas por fabricantes europeos (Norma, Sako, RWS, etc.) y para ser empleadas en Europa en batidas y monterías y no para recechar a larga distancia en planicie. Eso ha sido así por lo menos hasta hace poco, teniendo en cuenta que para los fabricante europeos de munición el mercado americano es tremendamente interesante por lo que ya montan en sus cartuchos puntas americanas tipo Nosler, Swift, Barnes, etc, destinadas a abastecer principalmente ese mercado. Al lado del mercado americano el nuestro es totalmente insignificante y con el tiempo terminaremos americanizándonos totalmente (¡ya comemos hamburguesas!). Pero tampoco hay que ser negativo con los magnum y con las teorías del señor Roy Weatherby, verdadero culpable de toda esa revolución en la balística contemporánea.  No por ser tan rápidos son malos todos los magnum y hay una cosa si que hay que reconocer a su favor y es que es tal es su potencia que a menudo provocan, según dónde impacte el proyectil, un choque hidráulico dentro del animal que lo deja seco ( pero eso es una cuestión de balística terminal que trataremos otro día).

El proyectil

Al leer estas líneas supongo que tendré muchos detractores que dirán que es mejor que la bala atraviese, aunque creo que resulta fácil de entender que una bala que se queda dentro libera toda su energía mientras que una que atraviesa solamente libera parte de ella y sigue adelante con la remanente. Y aquí entra en juego otro factor importante que es el aprovechamiento de la carne. Si una bala atraviesa destruye poca carne, mientras que si expande totalmente dentro hace destrozos. Pero a nosotros qué nos importa si no tenemos disponibilidad (por nuestra legislación que regula el transporte de la carne abatida) nada más que al trofeo. Para los americanos, suecos, finlandeses, etc. el aprovechamiento de la carne es lo más importante, pero para nosotros, desgraciadamente no, y lo que más nos interesa es cobrar nuestro “caro” trofeo sin tener que pistearlo, ni tener que discutir con el vecino de puesto por la primera sangre. 

El caso es que, como quienes dominan el mercado de las balas y de los rifles son los americanos con su enorme producción y impresionante marketing, supongo que seguiremos con nuestra creciente magnum manía, matando moscas a cañonazos. De todas maneras para adecuar algo más la efectividad de su munición a nuestros mercados han recurrido a otro sistema que es la de acortar el largo de los cañones, que ya pasan de los acostumbrados 61 cm. o más a unos escasos 51 cm, de tal forma que al no aprovecharse todo el potencial del cartucho y quemarse parte de la pólvora fuera del cañón haya una perdida sustancial de velocidad y energía, es decir, que cada vez necesitamos de más potencia para hacer lo mismo y más aún si usamos rifles semiautomáticos que aprovechan un porcentaje (aunque pequeño) de la energía del cartucho para automatizar.                                 

Algo importante sobre la trayectoria del proyectil, de lo que no hemos hablado, y que se merece un artículo por si sólo es el del error angular al tirar hacia abajo o hacia arriba con fuertes inclinaciones. Los viejos y curtidos monteros solían decir: “si tiras hacia abajo o hacia arriba apunta siempre bajo”. Como hay muchos cazadores noveles que no entienden el por qué y se equivocan apuntando más arriba del blanco fallando irremediablemente, lo explicaremos en otro artículo, aunque ya son tales los avances de la técnica que ahora han puesto a la venta unos aparatitos muy sofisticados, llamados medidores de distancia y compensadores de caída, que te dicen automáticamente dónde tienes que apuntar.

Como verán, la ciencia no tiene límites, pero de lo que no cabe duda es que en la caza cada situación cinegética es diferente y nunca se repite y que además el error humano siempre estará por encima de todas las teorías balísticas, por muy bien que las intentemos aplicar. Si se tratase de una ciencia exacta la caza tampoco sería caza y dejaría de existir como tal.

(Texto: Jean Pierre Bourguignon. Fotos: Alberto Aníbal-Álvarez).


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