Nuestros auxiliares caninos utilizan el ladrido para comunicarse

Perro ladrador...

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El ladrido es un esquema de conducta canino utilizado en modalidades cinegéticas muy antiguas o tradicionales, como la caza al rastro, y desechado en las más modernas, como la caza menor con perro de muestra.
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Teckel.

Mi perro ladra, y ladra mucho, como el resto de sus hermanos de especie resuelve gran cantidad de situaciones que se le presentan en la vida cotidiana ladrando. Si tiene hambre ladra para pedir la comida, si prevé que vamos a salir al campo ladra, si está encerrado y contempla a otro perro suelto ladra. Llevamos miles de años de convivencia con el perro, lo que ha servido de nuestra parte para dotar de significado sus emisiones vocales. Sabemos distinguir entre expresiones vocales de miedo, agresión, excitación, apaciguamiento, curiosidad, etc. Y el perro sabe que le entendemos y por eso emplea el ladrido para obtener aquello que desea, sea comida o libertad.

En la actualidad el ladrido del perro es una mezcla de explosión sonora y gemido, con modulaciones que suben y bajan rápidamente. Si dejamos de lado ese antropomorfismo que empleamos al interpretar el ladrido, sus vocalizaciones al parecer no difieren de las restantes especies del mundo animal. Según el etólogo behaviorista Eugene Morton, de la Universidad de Toronto, los ladridos expresan un término medio entre la agresividad del gruñido y el apaciguamiento. Morton realizó una intensa investigación sobre el espectro de sonidos que se utiliza en el mundo animal, para lo cual grabó y analizó mediante computadoras decenas de emisiones vocales recogidas en el Parque Zoológico Nacional de York, encontrando que son muchas las especies que ladran en consideración a su patrón sonoro. El gorgojeo de muchas aves es acústicamente un ladrido perfecto, sonidos cortos de subida y bajada rápidas. Mostró a varios estudiantes el gorgojeo de diversas aves reproducido a baja revolución y lo confundieron con ladridos, pues sonaba asombrosamente parecido a las vocalizaciones de los perros.

Ladrar a la caza

En el largo proceso evolutivo del mundo animal estos sonidos debieron preferirse, seleccionarse, respecto a otros por tener un contenido neutro, cautelar, aún indeterminado entre la acción o la reacción. El perro que se para frente a una res y ladra no se está comprometiendo; al contrario, actúa con cautela, como diciendo “aquí estoy yo, a ver qué pasa”. Es el “¡alto, quién vive!” del centinela en la garita. El ladrido es neutro, intrínsecamente carece de significado a diferencia del gruñido y el gemido, que sí responden a patrones de comunicación vocal y los interpretamos cargados de connotaciones antropomorfas. Gimo de alegría, porque eres mi propietario recién llegado, o gruño amenazante, porque eres un desconocido que ha penetrado en mi territorio, suponemos que piensa el perro. El ladrido, al contrario, es neutro.

Un montero aguarda en su puesto, pasa el tiempo y de pronto se oye un ladrido; es un perro que dice bien a las claras que hay jabalíes. Acto seguido, la barahúnda de perros ladrando al unísono levanta los guarros que escapan de la umbría. El ladrido de este perro es un ladrido útil, pero no diferente del “¡alto, quién vive!” del centinela que buscaba obtener más información. El centinela pudo decir “¡al ataque!”, pero sabe que no llegará muy lejos; lo mismo hace el perro montero. Es muy significativo que se llame “ladra” (también “dicha”) a los continuados ladridos de un perro al toparse con una res.

Este perro que ladra convocando a los compañeros sigue unas pautas comunes en el mundo animal. El herrerillo común, cuando marcha a otra zona en busca de comida, emite un canto preciso que atrae a otros herrerillos. Esto parece un absurdo, puesto que ha de rivalizar con sus compañeros por la comida, sin embargo tiene una ventaja claramente evolucionista; el herrerillo que se desplaza hacia un sitio nuevo disfruta así de la protección de la bandada desplazándose con él. En caso de que aparezca un depredador, las posibilidades de que sea otro herrerillo y no él el cazado se multiplican. El perro que ladra sin entrar al guarro está esperando que la llegada de los compañeros de jauría minimice los riesgos de un ataque.

Sirve para todo

El ladrido, al estar desprovisto de significados acústicos, es utilizado de manera liberal y flexible por el perro. Dado que los ladridos no significan nada, pueden significar todo. El ladrido carece de significado semántico, no es una protopalabra, es sonido sin significado intrínseco y por ello el perro lo puede aplicar a gran cantidad de acontecimientos diarios. Si el ladrido -recordad que hablo de ladrido y no de gemidos, gañidos, gruñidos- es sonido en estado puro, la conclusión es que no representa un proceso evolutivo en el perro, sino aprendido. El perro ladra frente a su cazuela vacía de comida, le damos de comer; ladra frente a una puerta cerrada, la abrimos. Aprende la utilidad del ladrido. Recordemos que el perro es capaz de establecer asociaciones con gran rapidez, lo que es precisamente la base de su adiestramiento. Es el propietario del perro el que interpreta en ese sonido un esfuerzo de comunicación. Es el propietario el que rompe su carácter neutro para dotarlo de significados.

La próxima vez que tu perro ladre, recuerda que puede querer decirte todo o no decirte nada, pero si tenemos en consideración que los perros ladran a las sirenas de las ambulancias porque las confunden con ladridos de otros perros, no te tomes muy en serio lo que el animalito vaya a contarte.

Comportamiento conductor

Es la propia flexibilidad del ladrido, su capacidad de significar todo, lo que ha permitido su empleo en la caza. El comportamiento conductor, común a muchas especies animales, enlazado con el ladrido tiene su máxima utilidad en los perros de rastro y sangre. La perdiz que aparenta tener un ala rota para alejarnos de su pollada está manifestando un comportamiento conductor, pretende guiarnos en dirección contraria a su nido. El perro que en el campo acude a nuestro lado ladrando y luego regresa hasta el lugar donde se produjo el suceso que quiere que veamos está desarrollando a su vez un comportamiento conductor. El perro señalador, que trabaja suelto y una vez localizada la pieza retorna al encuentro del cazador ladrando para avisarle y conduciéndole hasta ella, y el perro aullador, que actúa también suelto y que cuando localiza la res ladra a muerto (totverweiser y totverbeller, en la terminología germana de la caza mayor), son un ejemplo de la versatilidad del ladrido y su empleo en cinegética.

(Texto: Mar Olivas. Fotos: Archivo).


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